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Editorial

Un brote que nos debe poner en alerta

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Melilla estaba llevando una buena dinámica en la evolución de la pandemia, hasta llegar al borde de los 70 casos activos a finales de la semana pasada. Lejos quedaban las altas cifras de meses anteriores, en los que nuestra ciudad lideraba el ranking de contagios en España. Ahora es de los territorios con menor incidencia acumulada. Esta circunstancia, unida a otras como el hecho de acumular dos meses sin fallecidos por coronavirus, el buen ritmo de vacunación, y la llegada de un ansiado verano que para muchos pone fin a un curso complicado, había desencadenado en una relajación de la población en el cumplimiento de las normas anticovid. Lo vemos a diario en nuestras calles, en los informativos, en las redes sociales. Muchos viven ya como si la pandemia hubiera terminado, y nada más lejos de la realidad.

Lo sucedido con el brote del centro de La Purísima es un ejemplo de ello y nos debe poner en alerta. Que en solo un día nuestros datos de contagiados suban más de un 50%, pasando de 71 a 111 por un brote en el que han dado positivo 36 menores, nos muestra que es necesario seguir teniendo cautela, y que está en nuestra mano evitar que el panorama empeore, lo que, muy probablemente, conllevaría un endurecimiento de las restricciones actuales. No queremos dar un paso atrás, cuando tanto nos ha costado avanzar después de duros meses.

Buena campaña de vacunación

La otra cara de la moneda es el buen desarrollo de la campaña de vacunación. Melilla ha sido de los primeros territorios del país que ha terminado con la campaña de vacunación contra el coronavirus elaborada por el Ministerio de Sanidad. Todos los grupos de edad a partir de 16 años, que por ahora son los designados para ser inmunizados, han tenido ya en Melilla la oportunidad de inmunizarse frente al virus que tantos estragos ha causado, y sigue causando, a lo largo y ancho del planeta.

En líneas generales, podemos presumir de cómo se han hecho las cosas, aunque el proceder hubiera sido mejorable, sobre todo en los inicios, en los que las dosis llegaban a cuentagotas. En otros lugares, la inmunización de la población está siendo más lenta, y podemos comprobarlo si viajamos a otros puntos del país, en los que aún no han llegado o lo están haciendo ahora, a los veinteañeros. Aquí ya hemos llegado a los menores de edad y se van a intensificar las repescas. Quienes tuvieron dudas de la vacunación cuando les llegó el turno del pinchazo, deberían haberlas despejado ya al ver que no se están dando incidencias y que la situación epidemiológica y sanitaria ha mejorado.

Las repescas deben servir para seguir aumentando el número de inmunizados. Ese es el camino más rápido para dejar atrás, de una vez por todas, una pandemia que tanto daño ha hecho a todos los niveles.

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