Pesadilla vial

Las calles de Melilla se han cobrado dos nuevas víctimas de la siniestralidad vial. Una ha fallecido, otra está herida de gravedad en la UCI. Era un matrimonio mayor que sufrió un atropello cuando cruzaba un paso de peatones. El motorista que los arrolló también está grave en la unidad de pacientes críticos del Hospital Comarcal.
La historia se repite, esta vez en la calle Álvaro de Bazán, una de las que más tráfico soporta en Melilla al conectar zonas tan pobladas y concurridas como el Real, el polígono industrial y la frontera con el centro. Por eso es inexplicable que no se hayan tomado medidas de prevención antes de tener que lamentar este nuevo siniestro vial, uno más que engrosa las siempre malas estadísticas de Melilla y que, más allá de los fríos números, supone una auténtica desgracia para la familia y seres queridos de este matrimonio que salió a la calle el jueves por la tarde y cruzó la carretera por donde debía, el paso de peatones.
Es una pesadilla vial lo que Melilla está sufriendo. Hace poco volvió a ocurrir lo mismo, aquella vez un ciclista arrollado, literalmente, en la carretera de circunvalación por un coche descontrolado. Fueron múltiples las fracturas que sufrió, tuvo que ser evacuado a la península y lleva varias operaciones, alguna de ellas de muchas horas. Su vida no volverá a ser la misma, ni la de su familia. Como tampoco lo ha sido para los cientos de víctimas de siniestralidad vial que ha habido, hay y seguirá habiendo en Melilla.
Esto hay que revertirlo. El trabajo empieza por cada uno de nosotros, porque es clave la concienciación sobre los riesgos de la carretera y la imperiosa necesidad de cumplir las normas de circulación. Pero nuestras autoridades también tienen mucho que hacer y decir en esto. Para que la concienciación se asiente sobre cimientos sólidos hay que trabajar mucho en la base de la sociedad, que son los niños y los jóvenes. Más educación vial para alcanzar objetivos en el medio y largo plazo. Y más medidas coercitivas para el corto plazo entre los adultos que incumplen las normas de circulación, tanto los que son conductores como los que no.
A nadie le gustan los radares ni las multas, pero visto lo visto, hay que seguir insistiendo en estas medidas. Hoy, después de la tragedia que a todos sobrecoge, muchos se preguntan cómo es que en Álvaro de Bazán no hay un radar, pasos de peatones elevados, u otras medidas que impidan a los conductores alcanzar velocidades incompatibles con zonas residenciales y el camino escolar que transcurre por esa vía. Hemos tenido que lamentar una víctima mortal y otra herida de gravedad para darnos cuenta de ese punto negro, que no es el único que hay en nuestras calles, por las que a diario pasan miles de personas, entre ellas muchas vulnerables, como niños y mayores, los que más sufren la siniestralidad vial.
Urge adoptar medidas y apostar por la movilidad sostenible, que sigue siendo una gran asignatura pendiente en Melilla. Está demostrado en otros lugares que esa movilidad más amable y respetuosa con el medio ambiente, alejada del abuso del coche particular, ha servido para reducir drásticamente la siniestralidad en las carreteras. Esa también podría ser una buena manera para despertar de esta pesadilla vial que sufrimos todos los melillenses sin excepción.

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