MELILLA HOY

MUCHO MÁS QUE SOLO BICI: Sin perdón

Melilla ConBici está nuevamente de luto. Los recientes acontecimientos en materia de siniestralidad vial nos dejan nuevamente sin palabras. No existe un atisbo de esperanza, la violencia vial está alcanzando una proporción desprovista de cualquier lógica, más allá de la incompetencia de los responsables políticos y técnicos, así como de los criminales potenciales que circulan por nuestras carreteras.
Nadie parece estar a salvo, cualquiera que sea el grupo social, en cualquier lugar, puede ser objeto de daños físicos graves. Como padre, mi preocupación es plena. El miedo que siento a diario está completamente justificado, mi hijo es también vulnerable. No puedo entender cómo alguien puede circular a varias decenas de km más allá del límite permitido o cómo un conductor es capaz de tomar el móvil como el que se aparta el flequillo o estacionar en las aceras convirtiendo éstas en obras inútiles… ¿acaso no le damos ninguna importancia al sufrimiento humano, al dolor familiar que supone el fallecimiento de un ser querido, al dolor que provocamos? ¿Qué nos está pasando como sociedad? ¿Solo sabemos encogernos de hombros al escuchar las noticias que a diario nos llegan de los medios de comunicación? ¿Por qué no somos capaces de controlarnos al volante? ¿Tan importante es llegar un minuto antes al lugar de destino, arriesgarnos a cambiar las vidas de los que nos rodean, un niño, una anciana, un señor, mañana un carrito de bebé? Todas son víctimas propicias en esta bendita ciudad. El simple hecho de cruzar atravesando ese nido de tiburones en el que se han convertido las carreteras crispan al más templado. Semáforos, ceda el paso, derechas o stops se hacen invisibles a ojos del conductor imprudente, nadie está a salvo en esta marea tóxica que nos engulle a todos.
Los políticos nunca asumen su responsabilidad y en materia de seguridad vial la cosa no es diferente. Lo llaman “accidente”. Fíjense qué calificativo más socorrido, se consideran inevitables, carentes, por lo tanto, de ninguna responsabilidad.
La política local se ha convertido en el arte de “balones fuera”, un tuya mía donde cualquier reivindicación pública de estos derechos sociales parecen ser la única consigna. Dentro de este grupo de “pseudo-responsable”, escurrir el bulto lo más elegantemente posible se ha convertido en un arte.
Mi reciente artículo “Crónica de una muerte anunciada” plasmaba la indolencia de los poderes públicos de nuestra ciudad ante los fallecidos y heridos en nuestras carreteras. Entonces no tuvimos ninguna respuesta, más allá esas lamentables declaraciones del máximo responsable del área de Seguridad Ciudadana, unas declaraciones que constatan el estatus quo existente, nada importa más que seguir vivo un día más en su sillón correspondiente.
Hoy quiero recordar a todas las víctimas de tráfico, a esas personas que en algún momento de sus vidas han creído que esta se les escapaba, que sintieron cómo en un solo segundo todo cambiaba. A todos los melillenses que han evitado in extremis ser alcanzados por el “tont@ de turno”, ese tonto que, asustado, huirá cobardemente si te alcanza, al darse cuenta de que la vida no es un juego.

Siniestralidad vial
Nos dicen sin sonrojo alguno que “el culpable del atropello es el que atropella” (ya sabemos que no siempre será así), pero no son menos culpables los que con su indolencia permiten este escenario vial, un escenario extremadamente peligroso según nos refleja el MAPA DE SINIESTRALIDAD VIAL DE MELILLA 2014/2018, un estudio que plantea centenares de soluciones al riesgo existente en nuestras carreteras, soluciones que nunca llegarán, pues nada parece hacerse con criterio.
Nuestras carreteras se encuentran en un estado lamentable respecto al diseño, al mantenimiento, la señalización o la prioridad peatonal y ciclista, plasmando un escenario donde resulta difícil salir indemne caminando o en bicicleta. Barrios sin continuidad peatonal donde la ausencia de pasos de peatones clama el sentido común más básico.
Nadie con el poder de cambiar las cosas hace nada, bien por la “falta en las competencias”, su “nula formación” o de “sensibilidad”, pudiendo oírseles cualquier socorrida excusa: “No estamos satisfechos, pero sí esperanzados”, “no es nuestra responsabilidad”, “son inevitables” y nunca la entereza y la responsabilidad que se les exigen.
Las entidades sociales firmaron hace 4 años el Decálogo de Movilidad Sostenible junto con todos los partidos políticos del Gobierno actual, un documento que mancillan con su indiferencia.
Hace unas semanas, en el DÍA DE LAS VÍCTIMAS DE ACCIDENTES DE TRÁFICO, tuvimos la oportunidad de presenciar en la puerta de la Delegación del Gobierno a toda la plana mayor en materia de Seguridad Vial de nuestra ciudad, todas ellas eran entidades institucionales (que no sociales). En aquella ocasión se “manifestaron” en nombre de las víctimas de los accidentes de tráfico (siniestros viales), una escena que se repite año tras año de forma letárgica, casi inconsciente. Ahora, sin embargo, lejos de comentar estas trágicas muertes, no dicen ni pío, siendo los máximos responsables. Delegación del Gobierno la preside.
Comentar este tipo de noticias no parece ser del agrado de esos grupos de trabajo, ni mucho menos las consideran políticamente adecuadas, es preferible hacer mutis por el foro, esperando tiempos mejores, agachando la cabeza hasta que pase el temporal, un temporal que nunca desaparecerá, pues la violencia vial se nutre de la indiferencia.

Movilidad sostenible
El escenario local asusta. Como entidad defendemos una movilidad consecuente con los tiempos que nos ha tocado vivir, esa movilidad sostenible que algunos políticos vociferan sin entender su propósito. La mejora de la vida de todos los ciudadanos se entiende como un objetivo prioritario que debe desarrollarse en un entorno adecuado imposible de observarse hoy en cualquier rincón de la ciudad.
Como entidad social, entendemos que todas las consejerías son responsables del escenario local, nadie tiene el derecho de renunciar a su propia parcela. Melilla ConBici no da abasto, los problemas se suceden en cascada: la contaminación por vertidos, la destrucción de los espacios verdes, la mala calidad del aire, el ruido… hoy la siniestralidad vial, mañana quién sabe. Nos resulta agotadora tanta incompetencia.
La ausencia de una vigilancia plena, de un diseño urbano útil que tenga por objetivo la defensa de los vulnerables, asfixia cualquier esperanza de cambio en este cuadro pintado por esos grafiteros de medio pelo.
Recuerdo como si fuera hoy cuando un medio de comunicación me preguntó hace años ¿qué opinas del radar que van a traer? ¿Qué opinas del multacar? Entonces comenté que se quedaban cortos, que era necesario traer no 4 radares (solo uno efectivo) sino 40, no un multacar sino 10 (que trabaje). Hoy reconozco que entonces me quedé corto. Lo que esta ciudad necesita es una nueva estructura policial y administrativa, con la implicación de todos los poderes públicos e institucionales. Melilla es un desastre circulatorio, es una amenaza constante al sentido común y, lo que es peor, a la vida. Nadie está a salvo en nuestras calles. Hoy hemos perdido dos melillenses, mañana quién sabe. La lista de heridos graves se nutre igualmente en su totalidad de vulnerables: patinadores, ciclistas, peatones, motoristas… todo un popurrí de víctimas propicias que solo esperan esa próxima agresión a sus vidas.
El abuso del vehículo privado en nuestra ciudad es fácilmente observable. Son cientos los ciudadanos que se quejan sin más, todos con la boca pequeña, algunos se crispan, otros encantados de la permisividad reinante, el actual escenario sabemos que premia al infractor. Es complicado pretender un resultado distinto, las multas se suceden, eso me cuentan, pero la calle no cambia, la situación en las carreteras con ese riesgo permanente tampoco lo hace. Melilla es un estercolero que se nutre de la permisividad de una autoridad incompetente, donde incluso respirar se hace difícil.
Hassan Mohatar preside el grupo de trabajo de seguridad vial, como podría haber presidido la misión espacial a Marte, el resultado hubiera sido el mismo. Hoy se cumple un año desde su única reunión con las entidades sociales. Hoy su inutilidad es manifiesta, como si de una pesadilla se tratara las víctimas mortales que hoy denunciamos, nos vuelven a recordar nuestro fracaso. Las entidades nos preguntamos si este escenario de paripé tendrá fin algún día, si las víctimas de la carretera serán oídas, una voz sorda nunca escuchada por nadie más allá de los que vociferamos siempre en el desierto de la indiferencia.
Nuestra ciudad actual es una ofensa a la salud pública. “Si hubiéramos tenido la intención de diseñar un escenario más perjudicial para la vida humana, nunca habríamos alcanzado tal grado de perfección”.

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