Las primeras elecciones en España se celebraron en 1810, aunque sólo votaban los hombres y de cierto status social o riqueza, habría que esperar a la Constitución de 1869 para que el sufragio masculino fuera universal, y sólo a partir de 1931 -con la IIª República- llegó el avance del voto femenino; tras la dictadura de Franco, hubo que esperar al 15 de junio de 1977 para recuperar las votaciones democráticas y desde entonces España -en el marco de la Constitución de 1978, y siendo considerada internacionalmente un ejemplo de transición democrática- se define como un Estado social y democrático de Derecho, que propugna como valores superiores de su ordenamiento jurídico, la libertad, la justicia, la igualdad y el pluralismo.
Desde entonces, y con una «sana» alternancia –Churchil dijo que la alternancia fecunda el suelo de la democracia– que no pasaba de los siete u ocho años (salvo con Felipe González que estuvo 13 años), España ha sufrido gobiernos progresistas o de izquierdas y conservadores o de derechas -no comparto en absoluto, que izquierda sea sinónimo de progreso-; el gobierno actual formalmente es una coalición de izquierdas, pero realmente lo manejan quienes evitan su caída, que son los partidos nacionalistas de corte conservador -PNV y JUNTS, independentistas camuflados por interés- y otros independentistas sin pudor como H-Bildu o el Bloque Nacionalista Gallego. Este gobierno tiene fecha de caducidad legal, agosto de 2027, entonces se cumplirán ocho años en la presidencia de Pedro Sánchez.
En los seis últimos meses, se han celebrado elecciones en Extremadura, Castilla-León, Aragón y Andalucía. En dichos procesos, que afectan a algo más del 20% de la población española, se han visto implicados más de 10 millones de votantes -casi el 30% del censo electoral español-, y en todos ellos sin exclusión, el Partido Popular ha sido el claro vencedor, y el PSOE el ampliamente derrotado; arrojando además un destacado dato de interés incluso sociológico, lo anterior junto a los buenos resultados de VOX, le dan a la derecha una mayoría amplia y suficiente para gobernar. Sólo hay que desear que ambos partidos sepan interpretar lo que les han dicho la mayoría de los españoles que se han manifestado con su voto en dichas elecciones, siempre previendo que esa tendencia se mantenga, pues hay que hacer la reserva de que muchas veces no coincide el signo del voto en las generales con el de las autonómicas, y especialmente con el de las locales, en las que influye mucho el candidato en el voto.
Salvo que el inagotable calvario judicial para el gobierno lo evite –o mejor dicho, sus aliados no puedan aguantar más-, lo normal es que no haya nuevos procesos hasta el año que viene; en concreto las autonómicas y locales que se prevén para el día 23 o el 30 de mayo, y las generales que podrían celebrarse hasta en agosto de 2027, aunque siempre se ha hecho referencia a julio, pero con Pedro Sánchez nunca se sabe. Hay datos que apoyan esta impresión, de un lado el gobierno quiere y necesita exprimir el «limón» del poder, todo lo que pueda por lo que conlleva (cargos, sueldos, imagen pública (?), pero sobre todo la capacidad de influencias, manejo de instituciones y organismos, ..); de otro, el vía crucis de imagen que padece desde hace un año y que no cesa nate los inagotables escándalos que lo cercan, le aconsejan a Sánchez medir mucho la decisión de la fecha de la convocatoria -las encuestas serán su libro de cabecera-, y el signo actual -contrario a sus intereses- le desaconseja adelantarlas por ahora. Como ya dijo San Ignacio de Loyola, «en tiempo de desolación, no hacer mudanza», y esperará a que escampe, porque ya mayor desolación que sufre el campo socialista no es posible…. o sí, ¡quién lo puede saber!
Dentro de un año acudiremos a las urnas porque es fecha obligada para las locales, salvo adelanto por la situación para los actuales apoyos del gobierno, pero muy improbable ante la posición inamovible de Sánchez. En cualquier caso tengo el pálpito de que será un gran domingo electoral, o sea, habrá generales, autonómicas y locales el mismo día, y tengo varias razones para pensar así.
Pedro Sánchez, un personaje falaz interesado, dijo el verano pasado que no habría un «superdomingo electoral», justificándose en que desde que él llegó a la Moncloa no lo había habido y que él era muy respetuoso con los ámbitos de elección (Cortes, Autonomías y Ayuntamientos) y para recalcarlo dijo «Y eso va a seguir siendo así». Al trilero político que es Sánchez no se le puede ya tomar en serio en sus declaraciones, son clásicas las referencias a su posición ante los pactos políticos, la ley de amnistía, o el referéndum catalán, pero estas no son más que destacados eslabones de una cadena interminable de bulos y fakes, él que se postuló como defensor ante las fake news¡
Por otro lado, es un órdago de los que la personalidad de Sánchez no huye, al contrario los busca, y quedaría de nuevo como el primero que lo hizo- elecciones casi seguidas (separadas por meses), ¡o elecciones en verano!-, sería la primera vez que coinciden todas las votaciones. ¡Todo o nada!
Aunque lo que más peso tiene sin duda para celebrar el gran domingo electoral, es el logro del presumible apoyo de las organizaciones territoriales y su movilización de la militancia –imprescindibles para una campaña electoral-, que siempre estará más asegurado si coinciden estas votaciones que si no lo hacen; sobre todo en las actuales circunstancias de desapego de la corte de Sánchez de la realidad y más con la actual falta de comunión existente entre ambos niveles de la organización del partido, manifestada reiteradamente por varios barones socialistas. La única situación en la que se asegura(¿) la implicación del nivel territorial y local de la organización -y por tanto de la militancia y simpatizantes-, es si se va a todas las urnas en la misma fecha.
Todo lo anterior está bajo una figurada espada de Damocles, que cuestiona su futura certeza –a corto, medio o largo plazo-, este estado de interrogación surge del reciente proceso de imputación del presidente Zapatero, ¡qué decir del registro de la sede del PSOE! Si el próximo día 17 o 18 de junio, tras declarar Zapatero, se procede a su detención y entrada en prisión sin fianza, no imagino las consecuencias. Todo puede pasar, ¡hasta que no pase nada!



