NI GOBIERNO, NI LIBERTAD

Satirical scene in a Spanish plaza: a man split in half with a cape, holding flasks and currency symbols, as dogs in the crowd wave notarization papers; speech bubbles read '¡MOLTO OBLICADO!' and 'OBLIGADOS Y AGRADECIDOS' with a soldier in the foreground from the Agencia Tributaria witnessing the chaos.

Carta del Editor.

MH, 24/5/ 2026

Enrique Bohórquez López-Dóriga

 

Zapatero: Jekyll y Hyde

Jekyll y Hyde ó “El extraño caso del doctor Jekyll y el señor Hyde”, la novela de Robert Louis Stevenson, sobre una misma persona que tiene dos personalidades: respetable ciudadano, de día, un monstruo, por la noche.

¿Le puede suceder lo mismo a Jose Luis Rodríguez Zapatero? se pregunta Pedro G. Cuantango (ABC del miércoles pasado). ¿Es, Jose Luis Rodríguez Zapatero, Bambi – como le bautizó Alfonso Guerra- de día, y un monstruo de avaricia y poder, de noche, en la oscuridad, escondido?

Es Henry Jekyll, en el libro de Stevenson, quien intenta explicarse: “Fue la exageración de mis aspiraciones y no la magnitud de mis faltas lo que me hizo como era y separó mi interior más de lo que es común en la mayoría, las dos provincias del bien y del mal que componen la doble naturaleza del hombre”.

Sobre Zapatero escriben muchos, entre ellos David Mejía, en el diario El Mundo: “Es triste observar que su segunda vida política como mediador internacional y referente moral del sanchismo, por condenable que fuera, no estuviera movida por un idealismo ingenuo, sino por una codicia vulgar. Una codicia aún más degradante por camuflarse bajo el hábito de la virtud”.

Es triste y degradante, sí, pero me parece que Mejía acierta. Y dudo mucho que el sanchismo se pueda mantener mucho más en el poder en una España integrada en la Comunidad Europea y recibiendo dinero de ella– aunque Pedro Sánchez llegue a declarar que no conocía, salvo de vista, a Zapatero, como hizo con su aún más próximo José Luis Ábalos.

Por supuesto, no soy el único que piensa así. Algunos son más drásticos, como el templado y experto Carlos Herrera, que escribe, en el ABC: “¿Qué gobierno puede aguantar una situación como la presente?: solo uno formado por un tropel de sinvergüenzas (con alguna debida excepción) y presidido por un sinvergüenza en jefe. El Gobierno está sonado, dando tumbos, sabiendo, además, que le esperan juicios sabrosos en las personas del hermano y la mujer del jefe de la banda, más lo que se disponga en los juicios celebrados por el caso mascarillas, los mangazos de Cerdan, las cloacas de Leire y, especialmente todo el caso Zapatero, con su petróleo, oro y empaquetamiento de comidas venezolanas que lleva colgando. A mi me da igual lo que les pase a todos ellos, pero los españoles no nos merecemos una situación así “.

Impuestos o Libertad

La cantante Shakira, después de ganar su batalla a la Hacienda española -¡tras 8 años de batalla judicial!- y haber recuperado 60 millones de euros: “Mi mayor deseo es que este fallo siente un precedente para Hacienda y sirva a los miles de ciudadanos anónimos que cada día son abusados y aplastados”, por el Fisco.

Impuestos o Libertad. Ese es el maravilloso título de un libro de Ignacio Ruiz-Jarabo Colomer que compré por casualidad en una Feria del Libro de Madrid y que amablemente me dedicó. Es un libro con párrafos que tengo subrayados una y otra vez. El primero de ellos es el del contenido del artículo 31.1 de la Constitución Española: “Todos contribuirán al sostenimiento de los gastos públicos de acuerdo con su capacidad económica mediante un sistema tributario justo, inspirado en los principios de igualdad y progresividad que, en ningún caso, tendrá alcance confiscatorio”.

Después, también subrayados, párrafos como el de que “nuestro sistema tributario está integrado por un número de normas por encima de las 200.000. Un conjunto legislativo con tal número de disposiciones es todo menos un sistema”. Tal ‘sistema’ nos lleva a que, en lo que respecta a la tributación, “nuestra situación sea de extrema subordinación frente al Estado, más allá de cualquier concepción lógica, razonable y, sobre todo, justa, y, en cualquier caso, impropia de lo que debe ser la relación entre individuo y Estado en plenos siglo XXI” (página 154 del libro). “Para el ordenamiento jurídico tributario (español) todo es infracción” (página 186). “Recaudar por recaudar, aumentando la detracción de recursos del individuo de cualquier manera”. “Solo unos pocos afectados -nosotros y Shakira, por ejemplo- deciden acudir a la vía de lo contencioso”, con el agravante de que “a un contribuyente se le retrasa algo más de dos años la posibilidad de interponer un recurso contencioso-administrativo” (página 217).

Sobre la presunción de veracidad concedida legalmente a lo que manifiesta cualquier inspector de Hacienda en un acta, “el contribuyente parte con una desventaja sustancial, pues se presume veraz lo que dice el inspector actuario, recayendo en el inspeccionado destruir la presunción de veracidad de lo manifestado por el fisco” (página 227). “Lo que resulta evidente es que la ejecutividad inmediata e indiscriminada de las liquidaciones tributarias practicadas por la Administración que son imputadas, constituye un atropello a la lógica, la ética y a los derechos individuales más elementales” (pag. 241). Un atropello a los derechos del ‘obligado’, como nos llama Hacienda, insultándonos con ese término inadmisible.

¿Se disculpa la Administración, o toma alguna medida contra los directamente responsables de esos errores comprobados. Ahí el autor del libro estalla y su respuesta es : “¡Qué coño va a tener que disculparse la Administración por sus errores! Equivocarse es su potestad y soportar las consecuencias de su error es la obligación del contribuyente, que por eso es llamado ‘obligado’ (pág 275 del libro).

En fin: el éxito de Shakira -como lo fue el nuestro, como el de muchos más, nunca tantos como todos aquellos que merecían que les devolvieran el dinero ‘robado’ y que no han podido defenderse- es un éxito de casi todos los españoles, que podemos imaginarnos (solo imaginarnos, que ya es bastante) que los 60 millones devueltos a la famosa cantante también son nuestros. Y, así, podemos resumir que en la lucha impuestos-libertad, a veces gana la libertad.

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Enrique Bohórquez López-Dóriga

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