agosto 9, 2022 00:51

“El mayor ‘quebradero de cabeza’ en mi carrera me lo ha dado sin duda el caso del ‘voto por correo’”

Entrevista Rachid Mohamed Hammú, Abogado

Rachid Mohamed Hammú, a pesar de su juventud, es un abogado de Melilla que ha llevado algunos de los casos judiciales más mediáticos de España. Antes de ejercer como letrado, el melillense ha sido juez en Ceuta y fiscal en Cádiz. También lleva los temas jurídicos de los certámenes de Miss y Míster España, del principal partido del Gobierno de Melilla y, en el terreno penal, que es su fuerte, la defensa en casos como el de los “Castañas” o el llamado “Steve Jobs español”. En esta entrevista nos habla de estos y otros muchos más temas, como su candidatura a Decano de los Abogados o si tiene aspiraciones políticas.

En estos últimos tiempos ha llevado usted casos de gran trascendencia nacional. El primero fue el del llamado ‘Steve Jobs español’. ¿Cómo surgió que un abogado de Melilla fuera el elegido para la defensa de una persona que podía tener acceso a los mejores despachos de España?
Normalmente este tipo de clientes llegan por referencias de otro. En aquel momento yo empezaba a moverme por determinados círculos de Madrid y tuve oportunidad de conocer a mucha gente interesante relacionada con mundo de los negocios, entre la que se encontraba quien después sería mi defendido.
El motivo real de la elección, como bien dice, pudiendo contratar a los mejores despachos de Madrid, no lo conozco pero, aunque no resulte muy elegante que yo lo reproduzca, en alguna ocasión escuché decir a mi cliente que le parecía que tenía un buen currículum, de solvencia profesional y que le ofrecía mucha confianza. Creo que pesó más lo último, la confianza.

Otro caso que resuena también a nivel nacional y que incluso ha dado para una serie de Netflix es el de ‘Los Castañas’. ¿Cómo entró en ese procedimiento?
Este caso fue diferente. Los clientes conocieron mi perfil a través de internet, y como suele ser habitual, luego buscan algún tipo de referencia a través de personas que hayan tenido algún tipo de experiencia profesional conmigo. Se da la circunstancia de que en Algeciras, lugar donde se está celebrando el juicio al que hace usted referencia, había trabajado y aún sigo trabajando en algunos casos de cierta relevancia, así que obtener referencias les resultó algo fácil.
El caso al que hace referencia lo conocí antes por la serie que por el sumario y me pareció curioso. Lo que aparece recogido en el sumario no se corresponde mucho con lo que pasó, y eso lo estamos viviendo con la prueba que se practica en el acto del juicio, y lo que emitió Netflix es una versión novelesca del sumario. En conclusión, la realidad y la serie televisiva están bastante alejadas. Es una apreciación muy subjetiva mía, pero lo estoy viviendo en primera persona.

¿Cómo es defender casos tan importantes? ¿Hay mucha diferencia con otros procedimientos que no salen en los medios de todo el país?
Técnicamente no existe diferencia. Pero lo que sí es cierto, y esto me parece algo simpático, es que en los casos más mediáticos todos los que intervenimos cuidamos mucho más las formas, el trato por todas las partes es siempre más amable y el respeto a las reglas del procedimiento es más escrupuloso. Tengamos en cuenta que cualquier detalle, por anecdótico que parezca y aunque jurídicamente sea irrelevante, tiene trascendencia pública y, desde luego, a todos, y repito, a todos, nos preocupa la imagen pública que podamos ofrecer.
De lo que no cabe duda es que se vive de manera diferente.

A pesar de su juventud, en su ya dilatada carrera, ¿cuál es el caso que le ha dado más quebraderos de cabeza y cuál le ha otorgado más satisfacciones?
Lo primero que hay que decir es que en cada procedimiento cuya defensa te encomiendan y cuando lo que está en juego son muchos años de prisión, o el patrimonio de una persona, ello supone una gran responsabilidad, que te somete a altos niveles de estrés. Pero para ser lo más fiel a su pregunta, el mayor “quebradero de cabeza” me lo ha dado sin duda alguna el conocido caso del “voto por correo”. Fueron casi 9 años de fase de instrucción de la causa y las sesiones de juicio oral duraron un año. Fue un procedimiento bastante duro, en el que se adoptaron medidas de investigación muy severas, propias del crimen organizado cuando no se trataba de un caso de esa naturaleza. Se llevaron al límite las injerencias en derechos fundamentales tales como el secreto de las comunicaciones, la libertad ideológica, la tutela judicial efectiva, etcétera. De hecho, la Audiencia Provincial de Málaga anuló varias de las diligencias practicadas por vulnerar esos derechos fundamentales. A todo eso hay que añadir los intereses políticos que existían y su influencia en el procedimiento, además del papel que jugó un sector de la prensa, que actuó al servicio de esos intereses políticos, lo que aumentó aún más si cabe la presión que existía.
Ahora estoy trabajando en dos casos también bastante mediáticos, el ‘caso 18 Lovas’, o el ‘caso Mascarillas’, en los que existe mucha presión mediática y política, sobre todo éste último al verse salpicado el Gobierno canario, y son asuntos procesalmente complejos. No será una defensa fácil, pero le aseguro que la acusación tampoco.
Aunque suene a tópico, un cliente satisfecho es lo que más alegría te da, con independencia de la trascendencia del asunto. Pero si hay algo que toca mi ego son los reconocimientos desde la propia profesión, ya sea por parte de los compañeros abogados, o por jueces o fiscales, que son quienes pueden opinar con mayor objetividad la calidad y el esfuerzo del trabajo. Guardo con mucho cariño dos menciones de reconocimiento que, a través de dos sentencias, me ha dedicado el Tribunal Supremo por mi forma de plantear los recursos de casación, que son diligencias que exigen un cierto nivel técnico.

En una ciudad de reducidas dimensiones como es Melilla, ¿cómo se lleva ser abogado en casos en los que hay practicar duros interrogatorios y acusaciones de peso? ¿Se llega a entender que forma parte de su trabajo y que no se trata de nada personal sino de lograr la mejor defensa de su cliente?
A nadie le suele caer bien la parte contraria. Algunas personas entienden que es algo puramente profesional y otras no, pero sí debo destacar que hasta hoy siempre me han tratado con mucho respeto por muy duro que haya podido ser. Se ha dado en alguna ocasión en que la parte contraria, con posterioridad a algún juicio, me ha contratado, así que a pesar de estar en contra, han apreciado mi forma de hacer las cosas, así que no les habré desagradado tanto.
Tenemos un antecedente muy reciente y es el caso del asesinato del Puerto Noray, en el que yo defiendo los intereses de la familia del fallecido. En este caso hemos solicitado una condena superior incluso a la que solicitaba la Fiscalía y nos lo han estimado. Comprendo que yo no sea “santo de su devoción”, pero igualmente destaco el respeto que ha mostrado el acusado y sus familiares hasta el día de hoy.

Se presentó al cargo de decano del Colegio de Abogados de Melilla. ¿Seguirá intentándolo en sucesivas convocatorias tras los apoyos recibidos en la primera intentona, o da por superada esta fase?
En su momento pensé que podría aportar algo a la abogacía melillense y lo hice con muchísima ilusión. En las elecciones al Decanato de 2019 concurrí, además, con al actual Decano que lleva en el cargo pues creo que casi 24 años. Sin despreciar la labor que hicieron los antecesores, consideraba firmemente que necesitábamos una renovación, máxime cuando en los últimos años el concepto de la abogacía se ha transformado profundamente. El despacho tradicional está condenado a morir si no se renueva. Hemos vivido una revolución tecnológica e informática, el mercado está cada vez más globalizado, y las necesidades de los ciudadanos no son las mismas.
Mis compañeros entendieron que no era necesario el cambio, o que yo no era la persona adecuada para impulsarlo y reeligieron al mismo decano. Y yo, como no puede ser de otra forma, debo respetarlo. Estas medidas de renovación que tenía preparadas, las intento llevar a cabo con mi propio despacho.
Y centrándonos en la pregunta, no está en mis planes inmediatos volverme a presentar. He asumido otros proyectos en los que estoy inmerso y aunque reconozco que representar a la abogacía melillense es algo que me sigue ilusionando, considero que no es el momento y debo seguir trabajando en esos proyectos que de igual forma también me ilusionan.

Al principio hablábamos de los casos más mediáticos que ha llevado, todos ellos relacionados con importantes delitos, pero también ha tenido tiempo para dar charlas a las aspirantes en los certámenes de Miss y Míster España. ¿Cuál es su labor?
Me alegra esta pregunta porque me permite aclarar algunos falsos mitos. Es cierto que en los últimos años, además de la abogacía penal que ejerzo, también tengo vinculación profesional con el mundo de la belleza e incluso el mundo de la música. Hay personas que identifican mi participación en esos eventos como algo lúdico y eso está muy lejos de la realidad.
La labor que se realiza en un certamen de belleza es estrictamente profesional, tanto por mi parte como por parte de todos aquellos que participan, incluidos los candidatos y candidatas. La organización de un certamen de esas características afecta a muchísimos intereses que van desde la gestión y protección del derecho de imagen, a la regulación de diversos contratos, la relación con administraciones públicas o la aplicación de normas de seguridad y espectáculos públicos. Es bastante complejo y es tal el impacto mediático que apenas existe margen de error. Aprovecho los certámenes también para hablar un poco de derecho y transmitirles a los jóvenes la importancia de proteger y saber gestionar su imagen personal, además de los riesgos que tienen que asumir cuando adquieren notoriedad pública.
Pero debo confesar que el ambiente que vivo en esta faceta profesional es mucho más “agradable”, por decirlo de alguna manera, que el que puedo vivir en juzgados o tribunales o en visitas a centros penitenciarios, que es mucho más tenso.
Ser miembro del jurado, también es algo profesional, aunque en esta ocasión se trata de una faceta distinta al derecho.

¿Cómo concilia su vida familiar un abogado como usted que está continuamente viajando por toda España?
Plantearse el ejercicio de la abogacía con tanta movilidad geográfica, con tantas aspiraciones, y con casos de relevancia no es algo fácil, exige hacer importantes sacrificios. Hay que tener en cuenta que cada año cojo más de 80 vuelos, y eso desgasta. Pero al final esos sacrificios los hago por algo que me apasiona, así que no tiene ningún mérito. El verdadero sacrificio es el que hace mi familia: mis padres, mi mujer, mis hijos, mis hermanas, quienes no han disfrutado conmigo del tiempo de merecen, del tiempo que les debo, y nunca me lo han reprochado, sino todo lo contrario, me apoyan de manera incondicional en aquello que decida. Disfrutan mucho más de mis éxitos que yo, y disfrutarán mucho cuando lean esta entrevista y vean mi foto en el periódico. Mi fan número uno era mi padre. A ellos les debo todo, y a ellos les estaré eternamente agradecido.

Ha sido juez, fiscal y abogado

Usted ha sido juez en Ceuta, fiscal en Cádiz y abogado en prácticamente toda España aunque con su sede principal en Melilla. De las tres funciones, ¿cuál es la más difícil y cuál la más llevadera?
La función más llevadera ha sido la de fiscal, debido a la organización que tiene la Fiscalía. Recordemos que se trata de una estructura jerárquica, en la que existen fiscalías especializadas y luego un reparto de asuntos.
La más difícil y sacrificada es la abogacía, sin duda alguna. La abogacía es una profesión altamente exigente, en la que además de disponer conocimientos jurídicos a través de un aprendizaje constante, debes estar dotado de otras cualidades si quieres resultar eficaz y competitivo. En la actualidad, si quieres estar a la altura debes tener conocimientos de informática, idiomas o marketing. El trato con el cliente exige paciencia, saber escuchar e incluso empatizar, además de ciertas dotes de relaciones públicas.

La política siempre me ha interesado y de hecho llevo más de 18 años como asesor jurídico de un partido político defendiendo sus intereses, como creo que todo el mundo sabe. Pero participar activamente en política, hasta hoy, no me lo he planteado, ni me lo han planteado seriamente. Creo que mi perfil no es el más adecuado para ello. Y le digo lo mismo que respecto de las aspiraciones a Decano, debo centrarme y seguir trabajando en los proyectos que he iniciado. Después, ya veremos qué pasa.

(FOTO L.M. GÓMEZ POZO)

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