El factor frontera, ¿clave del éxito de la feria?

Melilla acaba de despedir una de las mejores ferias de los últimos años, más allá, incluso, de los dos en los que no se celebró por la pandemia de la COVID-19. Esta era la conclusión generalizada entre los melillenses que el domingo, cuando las luces del recinto ferial estaban a punto de apagarse tras ocho días de festejos, usaron las redes sociales para sacar conclusiones y hacer su propia valoración de la feria.
Todos coincidían en lo mismo: la feria melillense ha estado este año muy animada. Muy buen ambiente en las casetas, éxito de las actuaciones musicales, multitud de actividades que han sido bien acogidas por niños y mayores y colas para subirse en las atracciones. Algunos de los tuiteros más activos de la ciudad aseguraban, de hecho, que un feriante se lamentaba por no haber traído otra de sus atracciones debido a la buena recaudación que estaba obteniendo.
En resumen, una gran feria, la del reencuentro, en todos los sentidos. Porque los melillenses se han reencontrado con sus fiestas de toda la vida, después de dos años de paréntesis, y después de otros tantos en los que no habían disfrutado con tanta plenitud de ellas. Había, incluso, quienes apostaban por intentar hacer de nuestra feria un reclamo turístico. Posiblemente estuvieran movidos por la euforia del éxito de este año pues, por mucho que tengamos cariño a nuestra feria, tampoco hay que perder de vista que no tiene, ni de lejos, el tirón de otras que sí mueven masas, como la Feria de Abril, la Feria de Málaga o las fiestas de San Fermín, por poner sólo unos ejemplos. En el caso de nuestra feria, de momento, podemos contentarnos si respondemos los melillenses más que los turistas que pudieran venir a su reclamo porque, además del desconocimiento que sufre respecto a otras mucho más famosas, también tiene otros hándicaps como los transportes, que lastran nuestro desarrollo turístico en general, y otras circunstancias poco favorables, como las fechas en las que se celebran, en plena vuelta al cole y una vez finalizadas las vacaciones estivales.
Pero, más allá de eso, quizá lo más importante ahora es preguntarse por qué este año nuestra feria ha salido tan redonda, para seguir por ese camino en los venideros. La organización y la gestión pueden tener un peso importante. También el hecho de que este año había muchas ganas de feria entre los melillenses después de una pandemia tan dura que nos ha robado los ratos de alegría, jolgorio y tradiciones. Pero si había algo en lo que coincidían muchos en las redes sociales, es en el factor frontera, que ha evitado la presencia en el recinto ferial de quienes venían a Melilla a aguar la fiesta, y que contrarrestaban el beneficio que pudieran dejar familias que pasaban desde Marruecos para venir a la feria. Los propios agentes que han estado en el recinto de San Lorenzo velando por la seguridad reconocen que esta feria ha sido mucho más tranquila en ese sentido, y esa mayor sensación de seguridad ha animado a los melillenses a volcarse con sus fiestas y disfrutar de ellas sin temores. La ausencia de incidentes también lo demuestra.
Si ese factor frontera se confirma como una de las claves del éxito de esta feria, tenemos un elemento más sobre la mesa para apostar por una frontera más controlada, como la que tenemos desde su reapertura hace casi 4 meses. ¿O es que queremos volver a lo que había antes de la pandemia?

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