EDITORIAL- Otro tránsfuga más

Definición de tránsfuga

Eduardo de Castro es uno de los que más ha acusado a la oposición de judicializar la vida política. Pero, en un alarde de contradicción, acude a los tribunales para que decidan si debe irse o no del partido del que le han echado. Parece claro que la intención es ganar tiempo para no dejar el goloso sillón al que accedió de aquella manera hace algo más de dos años. Lo mismo hizo con los recursos presentados ante los diferentes órganos de Ciudadanos y así lleva cuatro meses, desde finales de marzo hasta que se ha hecho efectiva la expulsión. Cada día que pasa es una victoria para él, que ya está ganando, y mucho, desde aquel 15 de junio de 2019.

La postura de De Castro, aunque carente de ética política, puede llegar a ser comprensible. Pero el bochorno es innegable, sobre todo cuando acude a una estrategia de marear a los ciudadanos para justificar que no se mueva del sillón, excusándose en que él está en el Grupo Mixto. Un argumento, por cierto, compartido por sus socios, que harían bien en leerse el Reglamento de la Asamblea. O quizá lo han leído y ayudan a De Castro a liar un poco más el embrollo en el que está metido para arroparse los unos a los otros.

El Grupo Mixto no equivale a ser diputado no adscrito en el Reglamento de la Asamblea de Melilla. De hecho, ambos están separados y diferenciados en el Reglamento, aunque compartan artículo, el 24. Quienes forman parte del Grupo Mixto tienen los mismos derechos que el resto de los diputados cuyo partido tiene grupo propio, con la salvedad de que tienen que compartir medios si en él hay diputados de diferentes formaciones, como sucede en la actualidad, ya que está formado por un diputado de Ciudadanos y otro de Vox. Dicho de otra manera más gráfica, para que lo entienda todo el mundo: Eduardo de Castro no se presentó a las elecciones en la candidatura del Grupo Mixto, sino en la de Ciudadanos, pero acabó en dicho grupo por no haber conseguido más de un diputado, como exige el Reglamento para formar un grupo.

El diputado no adscrito es el diputado tránsfuga, se haya ido o no a otro partido (no es necesaria esta condición y, de hecho, así se explica claramente en el diccionario de la Real Academia de la Lengua Española, que los señores diputados del Gobierno, en especial el presidente, harían bien en consultar o tenerlo como libro de cabecera en su mesita de noche o escritorio). Eduardo de Castro terminará siendo diputado no adscrito, tránsfuga a todos los efectos, porque se niega a entregar el acta de diputado que obtuvo presentándose a las elecciones como candidato de un partido al que ya no pertenece. Lo mismo le sucedió al expresidente de Vox, Jesús Delgado Aboy, hace un año y medio.

Precisamente por eso, no se entiende el silencio de Vox en todo este asunto. Es el único partido que no se ha pronunciado al respecto, aun cuando es el más afectado por el transfuguismo en esta legislatura. No solo por tener ahora menos diputados de los que le dieron las urnas, sino también porque eso le hizo perder su grupo parlamentario propio, con los medios que eso suponía y, sobre todo, la representatividad, que ahora debe compartir con el otro diputado del Grupo Mixto, Eduardo de Castro. Si este pasa a ser diputado no adscrito, Javier Da Costa se convertiría en el único en dicho grupo y no se vería tan agraviado respecto al expresidente expulsado de Vox. Pero, para bochorno de todos, tendremos que esperar a que los tribunales se pronuncien porque De Castro no se quiere ir de donde no le quieren, y sus socios comulgan con ruedas de molino porque saben que no les queda otra para mantenerse en el poder.

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