Decretar la veracidad

Decretar la veracidad

Antonio Escohotado -un genio reconocido, un hombre movido por el ansia de saber, de conocer, que me tiene embarrancado en su libro más famoso, “Los enemigos del comercio. Una historia moral de la propiedad”, muy extenso y difícil de leer y comprender -obstáculo que en este momento me propongo superar- declara que quiere morirse ya y, como siempre ha hecho, opina sobre lo que le da la gana. En esta ocasión -El Mundo, 15 de junio- opina el viejo comunista sobre la extrema derecha, que, asegura, “no existe, es un camelo, un fantasma inventado por la extrema izquierda, que sí que existe, la izquierda controlista, la izquierda absolutista, digamos, la izquierda bolchevique. Ésa sigue existiendo y con buena salud. Y tiene que tener un reflejo especular y, si no hay, pues se lo inventa”. Y añade: “A la salvajada de la Ley de Memoria Histórica habría que llamarla ley de la desmemoria, de la mentira institucionalizada. ¿Qué quiere decir? Yo voy a decretar la veracidad. ¡Ah! ¿La verdad va a ser decretada, no va a ser descubierta? ¡Ah! Muy bien”.
Escohotado sabe que la extrema derecha no existe, como lo sabe la extrema izquierda. Los únicos que creen de verdad que existe la extrema derecha son algunos de los miembros, sobre todo los directivos, de la derecha, del Partido Popular especialmente, con sus últimos presidentes a la cabeza. Herencia de la tan falsa como extendida superioridad moral de la izquierda, que nació-como dice Escohotado- con Adán y Eva, que alimentó “la rama profética del judaísmo”, una sociedad libre de avaricia donde no exista ni el tuyo ni el mío, y que dos milenios más tarde, unos verán en Marx -la razón objetiva absoluta, según Sartre- o una doctrina ilógica y tosca, según Keynes y como la experiencia universal demuestra.
Permanece, eso sí, la mentira como arma revolucionaria. Por muy ridícula que pueda llegar a ser, como ha ocurrido con “El paseíllo bilateral. La prensa española se mofa del ridículo de Pedro Sánchez”, o “menos de un minuto con Biden”. Un nuevo fenómeno planetario en 29 segundos. El nuevo pequeño Nicolás. Matrix, la pastilla de la realidad paralela, se la ha tomado el Gobierno español actual. O una viñeta de Ramón en El Mundo que resume la situación: “aquí no habrá separación de poderes hasta que no se separe a Sánchez del poder”.

Melilla en la Unión Aduanera Europea
Sobre la entrada de Melilla en la Unión Aduanera y tras leer el artículo de José Luis Martínez Lázaro del jueves, me reafirmo en que para nuestra ciudad es más que conveniente, es necesario, entrar en la Unión Aduanera europea, con las condiciones y singularidades especiales necesarias y posibles, como Canarias hizo. Si Marruecos fuera ahora o pudiera ser en el futuro “un país amigo” para Melilla y Ceuta, tal entrada podría ser discutible. Como tal “amistad” es ciencia ficción, un demostrado imposible, el ser europeos, sin distinciones, es necesario para Melilla, como también deberíamos ser, junto con Ceuta, una Comunidad Autónoma más de España, al menos mientras las Comunidades Autónomas sigan existiendo en nuestro país, que eso, tal y como vamos, está por ver. Además, que a Marruecos le moleste que seamos “Schengen”, es una razón más para que lo seamos, suponiendo que hicieran falta más razones.
A José Luis Martínez Lázaro, uno de los miembros directivos de la Confederación de Empresarios de Melilla, pero no el único directivo de la CEME, lo que no se le puede negar es su insistencia en manifestar sus argumentos y en defender sus intereses (algo totalmente legítimo, por cierto). El viernes volvimos a publicar -como seguiremos haciendo- otro de sus artículos, insistiendo en lo mismo: “Lo que necesitamos, antes de nada, es volver a tener una buena rela¬ción con nuestros vecinos”, algo similar a lo que con pertinaz insistencia repite cuando habla de política: todos los políticos, todos los partidos “deben de remar en la misma dirección”.
Dice un refrán popular -inspirándose en la Biblia, Mateo 2, 21-27- que de buenas intenciones están las sepulturas llenas. “Volver a tener una buena relación con Marruecos” es imposible -no me refiero a una buena relación entre marroquíes y españoles, que sí es posible y ha sido frecuente- porque tal relación oficial, como la Historia nos demuestra, jamás ha sido buena, ni lo podrá ser en el caso específico de Melilla y Ceuta, salvo que haya un cambio radical político en Marruecos, algo que no se contempla en el horizonte, o que un Gobierno español de tipo socialcomunista decida entregar las dos ciudades a Marruecos, en cuyo caso creo que personas como José Luis tendría poco-nada que hacer aquí, como nos ocurriría a casi todos los melillenses y ceutíes.
Tan imposible es eso como aspirar e insistir en que todos los partidos políticos “remen en la misma dirección”, algo totalmente imposible en democracia, porque la esencia del sistema es que unos gobiernen y otros critiquen, que exista un cierto equilibrio, por mucho que pueda aspirar algún partido a la dictadura (del proletariado, por ejemplo, o de cualquier otro tipo dictatorial) y digan al presidente del Gobierno, cuando él estaba en la oposición, eso tan gracioso de “no sé qué parte del no es no no ha entendido” y sin embargo cuando está en el poder acuse a la oposición de boicotear su (lamentable) labor de gobierno en “este país”.

Posdata
Por fin sin mascarillas. Solo en zonas abiertas, pero una imposición menos, que no excluye que los que quieran seguir utilizándolas, lo hagan. Deplorable que Pedro Sánchez haya intentado personalizar este pequeño aumento de la libertad. No extraña, porque es su norma, pero sí indigna, como decretar la verdad.

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