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Opinión

Afganistán, Melilla y los “expertos de sillón”

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Talibanes en Afganistán

Por Gonzalo Fernández

La inevitable caída de Afganistán en manos de los Talibanes está dando voz a centenares de “expertos de sillón” a todos los niveles y en todos los países.
En cualquier periódico, emisora de radio o de televisión, internacional o nacional, de cualquier posible tendencia, cuando se refieren a Afganistán, muchos de sus editorialistas y analistas comparten una idea común: supuestamente sabían lo que iba a pasar, cuándo iba a pasar, y tienen una “solución” mágica para no haber perdido la guerra y/o, como último recurso, para haber organizado con más tiempo y mayor eficacia la extracción de los millares de afganos en peligro por haber colaborado con las fuerzas de la ISAF – Fuerza Internacional de Asistencia para la Seguridad- coalición de países de la OTAN que desplegaron en Afganistán.
Y por qué no, de paso, con los millares de mujeres afganas destacadas en alguna actividad que obviamente no siguieron los preceptos del Islam a rajatabla, según la errónea interpretación que del mismo hacen los Talibanes.
Y casi siempre ignoran la presencia sobre el terreno y la actuación de la ISAF, confundiéndola con una intervención puramente de los Estados Unidos de la que afirman que obtenían beneficios económicos por su presencia.
Esta afirmación es, si cabe, aún más descabellada, ya que cada país de la coalición invirtió infructuosamente una gran cantidad de dinero, muchos miles de millones de dólares en el caso de los Estados Unidos, tratando de reconstruir la infraestructura política, de defensa y física del país.
Cualquier lector que conozca la historia de Afganistán sabe que el Imperio Británico invadió Afganistán dos veces, durante los periodos 1838–42 y 1878–81, e intentó hacerlo sin éxito en 1919, tratando de impedir la presencia rusa en esa zona de gran importancia estratégica en el momento. Dichos intentos fallaron por la resistencia de la población afgana, que no admitía la presencia de un invasor en su territorio.  
La historia se repitió en el período 1979-1989 cuando los soviéticos trataron de controlar el país para dominar el acceso al sudeste asiático. A ellos se opuso la tradicional resistencia afgana al invasor, multiplicada por ser los soviéticos comunistas y por tanto ateos. Los muyahidines – término derivado de la palabra Yihad (guerra santa) lucharon ferozmente empleando tácticas de guerrilla y la balanza se inclinó definitivamente en su favor cuando obtuvieron misiles tierra aire, que imposibilitaban el movimiento de helicópteros absolutamente necesarios para un ejército regular en un terreno tan montañoso e inclemente como el afgano.
El caso de la ISAF en Afganistán y su reciente fracaso último merece un artículo aparte, pero daré ahora dos apuntes.
Un maestro del Islam Talibán ya dijo en 2019: “Los luchadores Talibanes luchan por sus creencias, por “janat” (cielo) y “ghazi” (matar infieles), el ejército y la policía luchan por dinero”.
 Otra razón fundamental para el fracaso es la corrupción endémica en el país, que impide que los miles de millones de dólares empleados en la reconstrucción de Afganistán hayan llegado a su destinatario o propósito final.
Pero aquí dejamos el análisis por ahora, porque no puedo resistirme a escribir unas líneas que tienen que ver con el tema y título de este artículo.
Parece que algunos “analistas de sillón” en Melilla han afirmado que los artículos que aparecen en el Melilla Hoy están escritos al dictado de su editor o incluso por el propio editor con seudónimos.
Con ello demuestran su ignorancia y el atrevimiento propio de los ignorantes, ya que un mínimo análisis de mis artículos deja claro cuáles son mis tendencias y el énfasis que pongo cuando escribo sobre determinados temas, así como mi conocimiento específico sobre algunos temas que generalmente sólo yo trato en el periódico. Por no hablar de las diferencias de estilo que, para su análisis, requerirían de una cultura profunda que generalmente no poseen los “analistas de sillón”.
Obviamente puedo coincidir en otros temas sobre los que tenemos con el editor u otros articulistas, conocimientos o experiencias en común, como puede ser la economía y la política. Y desde luego coincidimos en la crítica de la ineficiencia crónica, del transfuguismo, de poner los intereses del partido o los propios de sus representantes sobre los de la población a la que deberían representar.
Y coincidimos en la denuncia de las alianzas contra natura, hechas con el único propósito de agarrarse al sillón y a los beneficios que ello conlleva, máxime cuando los que lo hacen con frecuencia tienen como único o principal sustento la política.
Y por supuesto coincidimos en la defensa del Monumento a los Héroes que los cobardes tratan de destruir.
En lo referente al atrevimiento y la ignorancia, los “analistas de sillón” de Melilla coinciden con muchos otros “analistas” de la situación de Afganistán, lo que podemos afirmar quizás es un consuelo para algunos. Ya se sabe: “mal de muchos…”.

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