*Por Ana Bohórquez Rodríguez
Con ocasión del fallecimiento de Antonio Tejero el pasado 25 de febrero, justo dos días después del intento de golpe de Estado de 1981, me ha sorprendido, con extraordinaria nitidez, el recuerdo de una anécdota que me permito compartiros para que, una vez dejada por escrito, no caiga en el olvido.
Algún medio de comunicación, recordando a Antonio Tejero, su trayectoria y, en particular como no podía ser de otro modo, su protagonista participación en el fallido golpe de Estado, mencionaba que su presencia pública, después de cumplir condena por rebelión militar agravada por reincidencia y de acceder a la libertad condicional en 1996, fue muy residual, con algunas apariciones muy puntuales. Entre ellas, y por primera vez desde 1981, en 2006 Antonio Tejero entregó al diario MELILLA HOY una carta, escrita de su puño y letra, manifestando su absoluta disconformidad con el entonces debatido Estatuto de Cataluña. Precisamente por esas fechas, algo convulsas, tenía el privilegio de dirigir el MELILLA HOY -sí, sí, hay vida antes y después de la abogacía-: sorpresivamente para nosotros, habíamos sido, como diario, motivo de apertura de los noticiarios nacionales debido a la publicación de otra carta al director, en esta ocasión de un capitán de la Legión. Sin entrar en los detalles de la sobreactuación que desencadenó la publicación, este fue, sin duda, el detonante que llevó a Antonio Tejero a romper su silencio absoluto una vez cumplida su condena.
Pocos días después de la revuelta televisiva, las entrevistas en radio y una inesperada presencia mediática de MELILLA HOY a nivel nacional, recibo una llamada de nuestra secretaria anunciando que “un tal Antonio Tejero” quería hablar con la directora de MELILLA HOY. Inicialmente, por lo sorpresivo de la llamada, me quedé pensando unos segundos si sería una mera coincidencia de nombre, de modo que la reacción inmediata fue preguntar “pero es ¿Tejero, Tejero?” a quien no podía saber más que yo, ni, por edad, tenía recuerdo alguno de un 23F que quedó grabado en la memoria de todos los que lo vivimos, incluso siendo muy jóvenes. De modo que pido que me pasen la llamada y, al otro lado de la línea de teléfono, escucho la voz cascada de una persona ya muy mayor, quien, con una educación exquisita, me consulta sobre la posibilidad de publicar una carta en nuestro diario, eso sí, escrita a máquina porque no tenía ordenador, de modo que debíamos transcribirla.
Mi perplejidad era notable, pero ante todo había que ser profesional: advertir de qué contenidos eran inadmisibles en una carta a la dirección del periódico, del carácter personal e individual de dichas publicaciones y destacar que la línea editorial de MELILLA HOY no tenía, por supuesto, que coincidir con el contenido de dichas cartas. Realizadas todas las advertencias, Antonio Tejero me pide enviarme su carta, junto con su DNI -ahí ya estaba claro que era “Tejero, Tejero”- a fin de aprobar o no su publicación. La publicamos, sí, y volvió a desencadenar una de esas polémicas que, a veces tan absurdas, favorecen sin quererlo a los diarios de provincias más alejados de los focos nacionales: no era más que la pataleta de un señor mayor, abandonado a su suerte, que cumplió la condena que le correspondía y nunca abandonó los dudosos principios que le impulsaron a un acto tan traidor en pleno equilibrio de la transición a la democracia más asentada de que, con sus más y sus menos, ha disfrutado nuestro país.
Tejero merecía que se le escuchara, como a cualquier otro ciudadano, estuviéramos o no de acuerdo con lo que quería decir: nosotros únicamente le dimos la oportunidad, como se brinda a todas las personas que escriben a la dirección de un diario, de darle eco a sus palabras, e incido, SUS PALABRAS.
El recuerdo de esa llamada puede que se vaya diluyendo con el paso de más años, pero la sensación de alivio de que en 1981 no triunfara aquello en lo que Antonio Tejero creyó hasta su muerte, no desaparecerá jamás.
(* Ana Bohórquez Rodríguez es ex Directora del periódico MELILLA HOY)



