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Opinión

Las redes sociales no son el mejor lugar para conocer la verdad sobre los temas que nos interesan

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Siempre han existido las noticias falsas o engañosas pero, a partir de la emergencia de Internet y de nuevas tecnologías de comunicación e información, las conocidas como “fake news” han proliferado a lo largo y ancho del planeta. Este término es utilizado para conceptualizar la divulgación de noticias falsas que provocan un peligroso círculo de desinformación. Las redes sociales permiten que los usuarios sean productores y consumidores de contenidos a la vez, y han facilitado la difusión de contenido engañoso, falso o fabricado. Se genera un circuito vicioso, que hace que una noticia falsa se replique miles de veces en cuestión de segundos. 

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Todo eso sucede en un contexto de posverdad, término que definió Darío Villanueva, director de la Real Academia Española, como: “aquella información o aseveración que apela a las emociones, creencias o deseos del público en lugar de a hechos objetivos”.

El periodismo de calidad y el derecho de los ciudadanos a informarse debidamente están sufriendo el impacto de este fenómeno que se vuelve cada vez más peligroso y que influye peligrosamente en las prácticas democráticas.

En la comunicación política, por ejemplo, predomina la emoción, y lo habitual es que la manipulación, las medias verdades o las mentiras construyan una base electoral o una idea política. 

¿Quiénes y por qué se crea este tipo de contenido? La organización First Draft enumera los motivos (“las 8 P”): 1) periodismo deficiente; 2) parodia; 3) provocación: 4) pasión; 5) partidismo; 6) provecho; 7) poder o influencia política; 8) propaganda.

Recientemente me preguntaban, nada menos que desde Australia, si era tema de debate en España la existencia de óxido de grafeno en la vacuna de Pfizer. La noticia falsa la divulgó  Ricardo Delgado (no se sabe con qué intenciones), a través de la Universidad de Almería (que se desmarcó de la información afirmando que se trataba de una muestra de origen desconocido).

¿Y quién es la Ricardo Delgado, la persona que encargó ese análisis en busca de grafeno? Es un conocido anti vacunas y negacionista de la covid, que se presenta como experto en bioestadística y promueve el canal de desinformación La Quinta Columna, que fue suspendido por YouTube al incumplir sus normas de difusión de contenidos.

Ya intentó el PP, en marzo de 2018, luchar contra las noticias falsas, cuando gobernaba Mariano Rajoy, mediante una proposición no de ley que entonces rechazaron el PSOE y Podemos, partidos que componen el actual Gobierno de coalición que acaba de impulsar un plan contra las llamadas ‘fake news’ (un intento evidente, en el caso de nuestro actual gobierno, de controlar a los medios de comunicación que tanto les molestan).

En resumen, no deben ser las redes sociales las principales fuentes de información que tomemos para estar bien informados, más bien debemos centrarnos en medios conocidos y de confianza que tengan caras detrás (que respondan de la veracidad de su información). Lo prudente, creo, es buscar la información en medios con una trayectoria conocida y complementarla con otros lugares o redes si se estima necesario.

Los gobiernos deben dejar tranquila la libertad de expresión. Es mejor que existan fake news a que toda la información sea controlada por un gobierno goebbeliano (seguidor de Joseph Goebbels, ministro de propaganda del Tercer Reich entre 1933 y 1945). Lo que deben hacer es dar armas y medios al poder judicial para que pueda actuar con agilidad y rapidez con las leyes ya existentes. 

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