La economía es el motor del mundo y de la vida de todos

Hay dos cosas que, lo queramos o no, condicionan nuestras vidas, el progreso de los países y el bienestar de todos: la economía y la política (por este orden, en mi opinión). No podemos abstraernos de ninguna de ellas y todo lo que pasa en la política o en la economía de nuestro mundo, continente, país, comunidad, ciudad o pueblo, nos afecta mucho (aunque algunos piensen que no).

Algunas noticias recientes (El economista) y preocupantes relacionadas con la economía:

“El interés medio para empresas se duplicará con tipos más allá del 4%”. “El súper encara treinta nuevos impuestos y costes regulatorios. El sector debe subir la inversión por residuos, envases o puntos de recarga”. “Alimentos: fiscalidad desmedida”. “El fracaso del ‘prohibido despedir’”. “Un otoño muy difícil para las empresas”.

Si la comida se encarece un 280 % en el trayecto que va del campo al consumidor (el iva, el precio de la electricidad y el de los hidrocarburos son las causas principales, no únicas, de esta gran diferencia) es porque algo va mal en el sector y en la regulación del mismo.

El Estado es uno de los grandes beneficiados con las subidas de los precios de los alimentos: grava con casi media docena de gravámenes las cadenas de producción y distribución. También es el Estado (en este caso el gobierno de Pinocho, que es el que mantiene o incrementa los impuestos) el responsable, con su afán confiscatorio (para mantener a todos sus colocados en ministerios sin funciones), de las grandes diferencias existentes entre lo que cobran los productores primarios y lo que pagan los consumidores finales.

Si el gobierno quisiera aliviar el peso, que soportamos todos (especialmente las clases medias y bajas), de la subida general de los precios, debería (al menos durante un periodo que ayude a soportar lo que está por llegar: una crisis mayor que la de 2009) reducir o quitar muchos de los impuestos que gravan la comida de todos y deflactar el IRPF en función de la inflación.

No tiene sentido que suban los precios en el sector alimentario y que una gran parte se lo lleve el Estado (y lo gestione Pinocho y sus compinches en vez de cada españolito, que seguro lo hace mucho mejor) en impuestos como: sobre la producción agrícola ( iva, IRPF, impuesto de sociedades, impuesto hidrocarburos, impuesto sobre los plásticos, bienes inmuebles, actividades económicas y electricidad); sobre las fábricas ( iva, impuesto de sociedades, actividades económicas, bienes inmuebles y electricidad); sobre el almacenamiento (iva, impuesto de sociedades, actividades económicas, bienes inmuebles, gases fluorados y electricidad); sobre el transporte (iva, impuesto de sociedades, actividades económicas, bienes inmuebles, gases fluorados, circulación e hidrocarburos); sobre la distribución y venta (iva, impuesto de sociedades, electricidad, hidrocarburos, circulación, bienes inmuebles, gases fluorados, bebidas azucaradas, bebidas alcohólicas e impuesto sobre grandes establecimientos comerciales); sobre el consumidor final (iva).

Sin una economía saneada (más ingresos que gastos) no puede haber una vida feliz o un país feliz. Si el gobierno es feliz porque ingresa mucho más que antes (un 10% más) a costa de quitarnos una gran parte, machacándonos a impuestos, de nuestros ingresos; los ciudadanos no lo somos porque sólo trabajamos para pagar impuestos y para que otros (en muchos casos inútiles caraduras) manejen nuestro dinero y lo empleen en cosas que solo a ellos interesan. Lo peor es que el verdadero objetivo de Pinocho y sus babosos es que el gobierno tenga todo el dinero para hacer sus “políticas sociales”, que seamos unos súbditos que esperan la subvención de turno, que nuestra capacidad económica sea mínima y que nuestra libertad de acción (imposible sin capacidad económica) se acerque a cero.

El bluf del bono cultural

La iniciativa del Ministerio de Miquel Iceta se estrella contra los complicados trámites que requiere solicitar los 400 euros destinados a gastos en productos culturales.

El llamado “Bono Cultural Joven”, también conocido como “bono electoral de Sánchez”, parece ser uno más de los múltiples fracasos de Pinocho y sus miles de asesores (o no son muy buenos, o su jefe no les hace ni caso).

No parece que le vaya a reportar el rédito electoral que esperaba conseguir y se debe a varias cuestiones: 1) Los españoles no somos tan tontos como Pinocho piensa; 2) Es más complicado solicitarlo (lo sé por experiencia, ya que mi hijo lo ha solicitado) que hacer una carrera de ingeniería; 3) No se sabe muy bien cómo debe usarse; 4) No se sabe lo que tardan en activarlo (en el caso de mi hijo ha pasado un mes y medio desde la solicitud y no tenemos ninguna noticia); 5) Lo peor es que no hay forma de contactar (no hay ni teléfono de contacto) para consultar dudas o ver cómo va la tramitación.

Con el bono el objetivo era captar votos y no se han preocupado mucho de que sea algo fácil de usar. No han creído oportuno poner teléfonos de contacto (con personal, porque en España cada vez es más habitual poner teléfonos que nadie atiende y a los que se puede llamar durante horas sin poder contactar) para, si es posible, ahorrase el pago y el trabajo.

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