Si se abriera la puerta de la frontera a la fiebre aftosa por satisfacer los gustos personales de quienes en Melilla quieren a toda costa el borrego marroquí, sería muy difícil dar una explicación lógica, sensata y razonable a aquellos millones de compatriotas que en la península pudieran ver echados a perder sus intereses económicos, […]