España en la aldea global

En el mundo en el que nos movemos, las distancias se han visto considerablemente reducidas. A veces, tratamos de engañarnos a nosotros mismos, haciéndonos creer que nada de lo que se acuerda o se negocia en el exterior de nuestras fronteras, en todas y cada una de las diferentes organizaciones internacionales de las que formamos parte, tiene impacto alguno en nuestro día a día. La información fluye a gran velocidad. Prácticamente nada de lo que ocurre es pasado por alto. El mundo es más pequeño y está mucho más interrelacionado de lo que lo estaba el de nuestros padres. En el caso de España, esto representa un desafío mayor, porque tras una historia de indiscutible presencia, e incluso de hegemonía mundial, entre los siglos XV y XIX, nuestro siglo XX supuso un encerramiento sobre nosotros mismos, del que empezamos a salir a finales del mismo. Aún en estos días nos encontramos buscando acomodo en este nuevo orden mundial, lo cual requiere un esfuerzo de todos y cada uno de nosotros para asimilar la realidad, indiscutiblemente global, en la que vivimos y obtener de ella, lo más conveniente para nuestros intereses más próximos, absolutamente legítimos, en el concierto universal.


En fechas recientes, como consecuencia de los lamentables incidentes registrados el pasado 24 de junio, en el que resultaron fallecidos, al menos, 23 inmigrantes en la frontera entre España y Marruecos en el lado marroquí de la misma, Amnistía Internacional se ha dirigido a nuestro Gobierno interesándose por la investigación activada por nuestra Fiscalía de extranjería para el esclarecimiento de estos luctuosos hechos. En la comunicación de Amnistía Internacional se hace referencia a que, tanto la Oficina de la Alta Comisionada para los Derechos Humanos como el Comité para la protección de los derechos de los Trabajadores migrantes de las Naciones Unidas, han hecho un llamamiento a los Gobiernos marroquí y español para que lleven a cabo investigaciones rápidas, exhaustivas, independientes, imparciales y transparentes sobre estas muertes y determinen las responsabilidades correspondientes. España, como de costumbre, cooperará con las Naciones Unidas y las Agencias Internacionales en el esclarecimiento de estos lamentables hechos, pero ello pone de manifiesto lo que afirmamos sobre el alcance global de cuantos hechos se producen en nuestro entorno más inmediato.


En un debate reciente sobre un documento en fase de elaboración por parte del Grupo Especial del Mediterráneo de la Asamblea Parlamentaria de la OTAN, relativo a los movimientos migratorios en el sur de Europa, se citaba las Ciudades Autónomas de Ceuta y Melilla calificándolas como “enclaves españoles” en África. La representación española en dicho Grupo Especial requirió la sustitución de dicho término por el de ciudades españolas en atención a que el término “enclave” no se consideraba adecuado y sin más, fue sustituido.
Más recientemente, en la Comisión de migraciones de la Asamblea Parlamentaria de la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa, reunida en sesión plenaria en Birmingham, se ha debatido otro documento de carácter general sobre movimientos migratorios en Europa, en el que, nuevamente, se citaban los “enclaves españoles de Ceuta y Melilla”. Al igual que en la Asamblea Parlamentaria de la OTAN, se requirió la sustitución de este término por el de Ciudades Autónomas de Ceuta y Melilla, siendo igualmente sustituido sin mayores dificultades.


En un programa reciente en una cadena de televisión española, en el que se analizaban los resultados de la Cumbre de la OTAN celebrada en Madrid, el entrevistado se refería a las Ciudades Autónomas como “plazas de soberanía” españolas, lo cual obedece a una denominación obsoleta de las mismas que no se corresponde con su realidad actual.
Todas estas citas y referencias, aparentemente menores e intrascendentes, tienen su relevancia en el sentido de que contribuyen a asentar sobre el imaginario colectivo de esta aldea global en la que vivimos, determinados conceptos que representan una potencial brecha para la defensa de nuestros legítimos intereses en nuestra relación con el resto de las naciones en los diferentes foros internacionales en los que todos nos relacionamos.


Tanto la Asamblea Parlamentaria de la OTAN como la de la Organización para la Seguridad y Cooperación en Europa (OSCE), prestan especial atención estos días, como es lógico, a los brutales acontecimientos de Ucrania, motivados por la ilegal invasión de la Federación Rusa de dicho país. La presencia de representantes ucranianos en ambos foros y el número y relevancia de sus intervenciones son notables. No obstante, otros conflictos y desencuentros de carácter menor, como los existentes entre Grecia y Turquía o los existentes entre Armenia y Azerbaiyán son también objeto de debates apasionados entre los representantes de unos y otros países tanto en la Asamblea Parlamentaria de la OTAN, los primeros, como en la de la OSCE, los segundos. Nadie da por mal empleados los esfuerzos en hacer valer sus intereses y en manifestar de forma patente su posición en todos y cada uno de esos escenarios, como manera de preparar el terreno para que el desenlace de dichos desencuentros se produzca de forma favorable para los intereses nacionales de unos u otros.


España, que, afortunadamente, no es escenario de ninguno de esos conflictos abiertos, de mayor o menor trascendencia, quizás debería plantearse el participar en dichos debates de una manera algo más activa, a fin de que esas derivas hacia ciertos planteamientos, de los que las denominaciones de los territorios íntegramente españoles, como es el caso de las ciudades de Ceuta y Melilla, como enclaves, son sólo un ejemplo, dejasen de ser habituales porque, de una manera u otra, no les concedemos mayor importancia.


En mi opinión, las dificultades sobrevienen sobre la base de pequeños detalles y deberíamos ser más perseverantes en el planteamiento de correcciones leves. Es preciso mantener la adecuada presencia en este tipo de debates y mantener posiciones coherentes y firmes en defensa de la imagen y la posición de nuestra nación en todos estos foros internacionales, contribuyendo, de esta manera a afianzar la imagen de España en la aldea global.

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