Cuando todos también son todas

Asistimos a una etapa donde el debate del lenguaje inclusivo parece haberse instalado y hasta con una propuesta para hacerlo llegar a la Constitución, según la idea de la vicepresidenta del Gobierno, Carmen Calvo. El diario “EL MUNDO”, en su edición de ayer sábado, publicaba una entrevista con Salvador Gutiérrez, director del departamento del “Español al día” de la Real Academia Española de la Lengua. Él apuesta por la economía del lenguaje y que lo de “todos y todas” solo se puede mantener en una tarima o en la vía administrativa pero no en la comunicación ordinaria. Así defiende que “el uso del masculino genérico no oculta a la mujer, porque el hombre tampoco está incluido”. Más allá del uso correcto de la Lengua, asistimos a diario a discriminaciones laborales por razón de sexo o a una Ley de violencia de género que no abarca a todos. Y ya sabemos lo vital de una legislación acorde con las demandas de la sociedad por encima de postureos y de progresismo de salón. Se le preguntaba a Gutiérrez por el uso de nuestro idioma por los políticos a lo que respondía que atrás quedaban los oradores y que ahora el lenguaje está muy cuidado por los asesores de imagen para evitar reacciones negativas, cuestiones candentes o términos polémicos al escabullirse por la generalidad y no entrar en el debate. “El político trata siempre de no responder al periodista y pensar en el que lo va a leer, la influencia que va a tener. Es un nivel menos culto, más zarrapastroso, pero más cuidado desde el punto de vista de la repercusión social”. Aquí Salvador Gutiérrez, sin mencionarlo, habla del creciente peso de la opinión pública que en un país como los Estados Unidos es absolutamente determinante para llegado el caso dar un vuelco a las propias encuestas electorales. Recuerden la imagen de aquel sudoroso Nixon mientras se media con Kennedy en las presidenciales de 1.960 y que se ha convertido en un caso práctico para cualquier Grado en Comunicación. A Gutiérrez le preocupa en España la convivencia política, “Que el país sepa ver que el futuro depende de la educación y de la investigación. De la buena educación depende el progreso de un país y la felicidad de los ciudadanos”. Y esto último es sin duda algo que se anhela pero que en su plenitud no es posible de alcanzar. En cuanto a lo primero, a las mujeres y a los hombres se les mide en toda circunstancia, en su moderación en las formas, en el respeto hacia todos y en no divulgar aderezado aquello que a nadie interesa. Con la reflexión de Gutiérrez, aun con matices, nos quedamos: “ Vivimos en una era de esquizofrenia. Por un lado está la globalización: todos utilizamos la misma ropa, los mismos teléfonos, las mismas costumbres y nos ponemos los mismos tatuajes que los futbolistas y los jugadores de la NBA. Vivimos casi de la misma manera porque hay una nube de globalización que se apodera de nosotros. Pero, a la vez, buscamos ciertas raíces para seguir siendo nosotros. Ahí entran los movimientos identitarios, que son una reacción. Se busca la identidad en rasgos. Y uno de ellos son las lenguas, igual que la religión, la geografía, la piel. Pero el peligro de los movimientos identitarios es que se basan en creencias y éstas se desactivan mucho peor que las convicciones”.

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