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Opinión

Consecuencias del miedo al delito

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Criminólogo iluminación

Por Francisco José Céspedes Pérez – Subinspector de la Policía Local de Melilla. Graduado en Criminología

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Resulta evidente que los Estados siempre se han preocupado por prevenir, erradicar y/o combatir la delincuencia en sus calles en la medida de lo posible, ya que sabemos que la delincuencia cero no es posible. En esta línea, surge la noción de orden social y, a partir de ésta, se comenzó a diseñar el control social. Entendemos por control social todo un conjunto de instituciones, estrategias y sanciones sociales con el objetivo de garantizar la sumisión de las personas a las normas comunitarias. En este sentido, las teorías de control y de la desviación social, serán aspectos muy a tener en cuenta en el estudio del presente tema.

De hecho, la Sociología ha prestado atención a los procesos de transgresión desde su nacimiento, en el siglo XIX. En este contexto de surgimiento de la Sociología, las preocupaciones por el orden, el bienestar, el control social, el rápido crecimiento de las ciudades, las clases sociales incipientes o nuevas, las nuevas formas de trabajo industrial y un largo etcétera llevaron a que desde sus inicios la Sociología se preocupase por generar análisis y emitir respuestas sobre el control social, el crimen y, a grandes rasgos, la desviación.

Sin embargo, no es hasta la segunda mitad del siglo XX, cuando se empieza a hablar de víctimas y victimología, además, no ha habido una preocupación real por las consecuencias del miedo al delito. A nivel individual, la percepción de encontrarse en situaciones de inseguridad lleva a las personas a determinados hábitos de conducta, que pueden ocasionar ansiedad, insomnio y una preocupación constante ante la posibilidad de ser víctima de un delito, bien en su persona, bien en un familiar. 

Ya en mi anterior artículo me refería a la inseguridad ciudadana y al miedo al delito. Una de las definiciones del miedo al delito más aceptada por la doctrina científica fue la acuñada en 1987 por los sociólogos estadounidenses Kenneth F. Ferraro y Randy LaGrange, (citados por FERRO VEIGA 2016). En su opinión: se trata de una respuesta emocional de nerviosismo o ansiedad al delito o símbolos que la persona asocia con el delito. Pues bien, esta respuesta emocional a que se referían Ferraro y LaGrange puede ocasionar cambios de hábitos y conductas en las personas a distintos niveles, algunas de estas conductas pueden ser (RICO Y SALAS, 1998)

–Evitación: Los individuos con una alta percepción de la inseguridad ciudadana, desarrollan conductas de evitación, autoimponiéndose medidas restrictivas tales como transitar determinados barrios o zonas de ocio, lugares frecuentados, de escasa iluminación, no confiar en desconocidos o no llevar encima dinero o joyas.

–Medidas de protección: como instalación de sistemas de alarma, reforzado de puertas y ventanas con rejas, dejar luces encendidas al salir a la calle o incluso adquisición de perros guardianes.

–Intercambio de información: las personas suelen intercambiar y buscar información en familiares, amigos y conocidos acerca de las experiencias vividas y como se han sentido. Se trata de una preparación de manera inconsciente por si en el futuro se es víctima de algún delito.

–Apelar a los poderes públicos una mayor efectividad en el cumplimiento de las penas e incluso de la vigilancia policial: suele ocurrir que cuando acontece un hecho delictivo de gran repercusión social y seguido por los distintos medios de comunicación, asome siempre un sector de la población que exige medidas más duras de confinamiento a los delincuentes. De hecho, en España podemos citar la creación de la pena de prisión permanente revisable, refiriéndonos al caso de la niña Mª Luz Cortés, asesinada por un pederasta. Su padre Juan José Cortés consiguió multiplicar casi por cinco las firmas que se necesitan para llevar al Congreso un Iniciativa Legislativa Popular. En este caso Cortés reclamaba la imposición de cadena perpetua para los pederastas asesinos además de la creación de una lista pública de pederastas. Pues bien, estos hechos que ocurrieron en 2008, podemos decir que fueron el germen que inició la imposición de la prisión permanente en España en la reforma del código penal de 2015.

Como conclusión me gustaría hacer alusión a un informe elaborado en Reino Unido por el Ministerio del Interior, sobre la influencia de la iluminación de las calles y la sensación de inseguridad (Atkins et al 1991). Con este informe trataron de observar si una mayor visibilidad reducía la oportunidad de cometer delitos, aumentaba las posibilidades de neutralizar a los delincuentes y aumentaba la sensación de seguridad en las personas. El programa fue valorado durante ocho años, durante los cuales se instalaron más de veinte mil farolas y focos en el distrito londinense de Wandsworth atendiendo a criterios espaciales y de seguridad pública. Se realizaron entrevistas a los mismos residentes de la zona, antes de la instalación de la nueva iluminación y posteriormente a ésta, con el objetivo de conocer si había cambiado su percepción en la calle respecto a sí habían descendido las conductas incívicas o delictivas y si ahora se sentían con más seguridad a la hora de caminar solos por determinadas zonas.

Las conclusiones finales de este proyecto fue que el aumento de la iluminación y la eliminación de zonas de escasa visibilidad, tenía un efecto tremendamente positivo en la sensación de miedo de las personas.

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