Arranca la campaña de vacunación para los nacidos en la década de los 90 con buena aceptación

Leopoldo Queipo

Por: Miguel Rivas.

La mayoría de jóvenes que acudieron al instituto Leopoldo Queipo no presentan ningún tipo de dudas ni nerviosismo y animan al resto de personas a que se inmunicen contra el coronavirus: “Más vale prevenir que curar”

Desde las nueve de la mañana del jueves los jóvenes de 30 y 31 años se concentraron frente a las puertas del instituto Leopoldo Queipo preparados para recibir la primera dosis de la vacuna Pfizer, la cual apenas dejó molestias entre estos. “Un poquillo, pero ya a los 15 minutos se me ha pasado”, relata una joven. Algunos fueron impulsados por el deseo de que acabe la “pesadilla”, como definen a la pandemia del coronavirus, y se informaron a través de redes sociales como Whatsapp o Facebook para acudir al centro e inmunizarse El rápido ritmo de inyección permitió que no se formaran aglomeraciones y se realizara con total normalidad.

La campaña de vacunación para las personas nacidas en los años 1990 y 1991 arrancó ayer por la mañana en el IES Leopoldo Queipo y en el CIFP Victoria Eugenia. La jornada transcurrió sin sobresaltos y con total normalidad. “Ha ido muy bien. No me he enterado del pinchazo”, asegura una joven nacida en 1990 recién vacunada, quien añade para quitarle hierro al asunto que el pinchazo le molestó “un poquillo” nada más. La misma sensación tuvo Manuel, nacido en el 89 que acudió a inmunizarse en el Real. “Es un segundo. Ni notas como te entra el líquido ni nada. Es un visto y no visto”, explica, y critica a su vez la larga espera que tuvieron que hacer para inmunizarse. “Estuvimos una hora de cola porque, entre una cosa y otra creo que llegaron a las 09:20 los enfermeros y sanitarios, y estuvimos esperando una hora al sol”, relata. Aun así, asegura que la vacunación fue “rápida” y que no le ocasionó ningún efecto secundario. “Tan solo me duele un poco el brazo cuando lo levanto, pero ni fiebre ni nada”, confiesa.

El nerviosismo y las dudas brillaron por su ausencia entre estos jóvenes a la hora de vacunarse, e incluso alguno afirma que “lo estaba deseando”. “Realmente era porque termine esta pesadilla: por las limitaciones, por toda la gente que ha muerto, que lo ha pasado mal, que han acabado teniendo secuelas por familiares y por ellos mismos”, argumenta una chica nacida en el año 90, quien remata que “cuanto antes terminemos con esto, mejor”. No obstante, Manuel reconoce que “entre sus amigos existen dudas” sobre si ponérsela o no. “Algunos se las ponen por su familia, para cuidar de las personas mayores”, arguye. Otro chico también expone las dudas que tenía al principio. “Como nos teníamos que vacunar por AstraZeneca no estaba muy convencido y decidí esperar a lo que pasara, y después cuando dijeron que me iban a poner la Pfizer me animé, ya que como dicen que tiene menos efectos secundarios me interesé en ponerme esta vacuna”, narra, y afirma que incluso gente de su entorno decidió vacunarse con AstraZeneca.

Difusión y mascarillas

La mayoría de ellos se informaron del lugar y de la hora exacta en la que debían inmunizarse a través del calendario de vacunación que divulgó la Ciudad Autónoma y que muchos recibieron por Whatsapp o Facebook. Una vez allí, se realizan las gestiones pertinentes antes de la inyección. “Rellené un papel donde me pedían mis datos, pero no el DNI. Se supone que para la segunda dosis sí te lo piden, porque ya es la definitiva”, asevera. La eliminación de la mascarilla en el exterior también ha abierto un debate entre ellos, ya que aunque algunos celebran la medida como una medida de “tranquilidad” y “alivio”, otros creen que es “demasiado pronto”. “Deberían esperar a que se vacunaran todos los jóvenes. Es muy precipitado”, sentencia una chica.

Vacunación en embarazadas

A pesar de que una gran mayoría apuesta por la seguridad de las vacunas, existen dudas entre algunas personas sobre los supuestos efectos que puedan tener éstas sobre ciertos grupos vulnerables, como las embarazadas. “Estuvo en el ginecólogo y le dijeron que sí, que podía ponerse la de Pfizer, por ejemplo, que es la que tiene el ARN, y sin embargo, las otras que tienen el virus inoculado no”, cuenta Ezequiel, un maquetador cuya mujer, nacida en 1990, acudió a vacunarse embarazada y confiesa que, aunque les hayan aclarado las dudas, se muestra un poco “reticente”. “Me da miedo por el feto, no por otra cosa”, reconoce. Asegura que su mujer no tiene miedo, pero aun así ambos temen por el feto. No sabíamos que pasos dar y apenas había información”, lamenta.

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