La valla amaneció ayer con un nuevo salto masivo, el décimo tercero que termina con entrada de inmigrantes en lo que va de año. Sin embargo, el de ayer es fue de los más multitudinarios de este 2014 y toda la historia de la alambrada melillense. Fueron unos mil los que intentaron entrar a nuestra ciudad poco antes de las seis de la mañana, cuando ya estaba poco a poco amaneciendo un 28 de mayo marcado por el fuerte viento. Poco menos de la mitad, cerca de 500, lograron su objetivo de acceder a Melilla, provocando un enorme agujero de unos 20 metros en la alambrada cerca del paso fronterizo de Barrio Chino que tuvo que ser reparado inmediatamente. Esta nueva entrada masiva deja al CETI prácticamente desbordado, con 2.300 acogidos, casi el quíntuple de su capacidad máxima, que es de 480 plazas. Este nuevo asalto a la valla desencadenó una serie de consecuencias. La primera, el viaje urgente a Melilla del secretario de Estado de Seguridad, Francisco Martínez, que canceló su agenda prevista para ese día y cogió un vuelo en dirección a nuestra ciudad junto a la secretaria general de Inmigración, Marina del Corral. Apenas seis horas después del salto, Martínez estaba en el mismo lugar donde se había producido, recibiendo las explicaciones de los máximos responsables de la Guardia Civil y la Policía Nacional. El fuerte despliegue de seguridad que ambos cuerpos tienen en Melilla para custodiar la valla, especialmente la Benemérita, no pudo evitar ayer la entrada masiva de los inmigrantes, entre los que se encontraba una mujer. Es la segunda que consigue entrar a Melilla saltando la valla después de Mirelle, que lo había hecho el 18 de marzo, el día de la avalancha histórica que batió récords en el Centro de Estancia Temporal de Inmigrantes (CETI). El salto de ayer tuvo números prácticamente iguales que hace escasamente dos meses, con la diferencia de que ayer no había niebla como ocurrió en marzo, sino fuertes rachas de viento que quizá contribuyeron a que muchos de los que lo intentaron lograran acceder a la ciudad blindada. Acto seguido, la misma historia de cada entrada masiva. Los inmigrantes llegaron corriendo al CETI atravesando el casco urbano, haciéndose ver y notar con gritos y cánticos como el clásico «Bosa bosa» que indica la victoria. También lanzaron vivas a España y a Madrid, para indicar su deseo de llegar a la península, y sobre todo muchas miradas al cielo para dar gracias a Dios por haberles ayudado a conseguir su anhelo de llegar a Europa sin salir de África. Como otras veces, los vecinos de los altos del Real, Huerta Salama y la Carretera Alfonso XIII fueron testigos de esa carrera hacia el CETI, desvelados por la algarabía de los subsaharianos y el ruido del helicóptero y las sirenas de emergencia, que fueron constantes desde las 5.30 horas, poco antes del salto. Violencia Entre los inmigrantes había algunos con heridas por cortes en manos y piernas, de los que fueron atendidos en la enfermería del CETI. No hubo esta vez heridos entre los agentes de las Fuerzas de Seguridad del Estado, aunque según informó Marruecos en una nota posterior, sí resultaron heridos cuatro miembros de las fuerzas del país vecino por el lanzamiento de piedras de los inmigrantes, lo que también causó daños a tres vehículos, dos de ellos pertenecientes a la policía. La versión de Marruecos sobre la violencia empleada por los inmigrantes coincidió con la que ofreció el secretario de Estado de Seguridad sobre la actitud de los subsaharianos en las zonas limítrofes de Melilla. Un grupo más pequeño de inmigrantes, los menos rápidos a la hora de saltar la valla, se quedaron encaramados y fueron bajando poco a poco por su propio pie. Los últimos, dos rezagados que se subieron a los postes de una farola y una cámara de seguridad, tocaron tierra a las ocho y media, casi tres horas después del salto. Todos ellos fueron entregados a las autoridades marroquíes, que previamente había detenido a 500 subsaharianos que no consiguieron entrar, según informó el país vecino, que cifró en 1.550 los inmigrantes que intentaron saltar la valla, muchos más de los que contabilizó la Delegación del Gobierno en Melilla. El CETI, desbordado La nueva entrada masiva de ayer agravó aún más la situación de colapso que ya vivóa el CETI desde hacía más de dos meses, tras la avalancha histórica del 18 de marzo, cuando el centro llegó a los 2.000 acogidos, a pesar de que su capacidad máxima es de 480 plazas. Ayer, el CETI alcanzó los 2.300 inmigrantes, lo que obligó a instalar nuevas tiendas de campaña y literas para que ninguno durmiera a la intemperie. La Comandancia General de Melilla instaló 20 carpas nuevas, casi todas en la explanada del exterior del centro, y literas para 450 personas. Los vigilantes del CETI aprovecharon la ocasión para expresar sus protestas por la situación laboral que están atravesando, en la que llevan sin cobrar varias nóminas, lo que ha provocado a sus familias serios apuros económicos. Según lamentaron, «es muy injusto» que mientras los inmigrantes a los que vigilan, cada vez más numerosos, tienen comida y asistencia garantizada, ellos vean la suya en peligro por los impagos. Traslados Una de las consecuencias inmediatas del salto masivo de ayer fue la agilidad de varios traslados ya programados con anterioridad para aliviar la presión asistencial del CETI. Según informaron a MELILLA HOY fuentes policiales, un avión militar fletado para la ocasión trasladó en dos vuelos a 150 inmigrantes a la península, custodiados por la Policía Nacional. A ellos se les unirán otros 120 que entre hoy y mañana saldrán vía marítima, de modo que serán los 250 extranjeros irregulares que salgan de Melilla en apenas tres días para derivarlos a centros de acogida gestionados por ONG por estar en una situación de vulnerabilidad, o bien a Centros de Internamiento de Extranjeros (CIE) para su expulsión a los países de origen. Según informó el secretario de Estado, el Gobierno central está actuando en este sentido con traslados constantes de grupos a la península, pero siempre «con todos los procedimientos y garantías». En lo que va de año, el Ejecutivo ha llevado de Melilla a la península a 1.734 inmigrantes, lo que supone una media semanal de 75.



