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Editorial

Una mala noticia

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Imagen de Melilla

El anuncio de la compañía FRS de que dejará de operar en el puerto de Melilla a partir del 10 de diciembre es una mala noticia para todos. Aunque esta naviera solo operara una línea marítima de las tres que nos conectan al resto del territorio nacional, y sigan quedando otras dos, Armas Trasmediterránea y Baleària, que mantienen operativas esas tres rutas (Motril, Málaga y Almería), lo cierto es que la marcha de FRS supone una pérdida de competencia, con la que siempre ganan los clientes, en este caso, los pasajeros.
Sin el barco de FRS, habrá una oportunidad menos para dar el salto a la península, y también en el sentido inverso para quienes quieran visitarnos. Llama la atención que la compañía haya adoptado esta decisión a las puertas de la Navidad, una de las épocas de mayor movilidad y, en consecuencia, de más oportunidad de negocio para la empresa.
No hay que olvidar que el puerto de Melilla también pierde en este caso, ya que será menos actividad la que albergue y, con ello, menos ingresos. Un nuevo obstáculo para las mermadas cuentas de la Autoridad Portuaria, que sobrevive a duras penas con el dinero que recibe del Fondo de Compensación.
La línea de Motril se queda, por lo tanto, sin competencia y con solo una compañía operándola, Baleària, que fue la adjudicataria del contrato de servicio público licitado por el Ministerio de Transportes, Agenda Urbana y Movilidad.
Esto evidencia, una vez más, que, sin el empuje de ese contrato marítimo, nuestro transporte en barco tiembla. Sobre todo, en una situación de pandemia del coronavirus, que es la razón alegada por FRS para cesar su actividad, dada la pérdida de pasajeros que ha supuesto.
Melilla necesita un buen contrato marítimo. El actual no lo es y los melillenses hemos perdido mucho terreno con la limitación de billetes adheridos a esos precios máximos establecidos por contrato, en lugar de a todo el pasaje, como ha venido sucediendo desde siempre. Esta medida del Ministerio para ahorrar dinero en el contrato debe terminar de cara al próximo pliego, del que nada se sabe pese a que el año que viene toca de nuevo otra licitación. Los melillenses hemos sufrido ese tijeretazo estatal en el verano, sobre todo, que fue cuando más quejas suscitó el encarecimiento de los precios de los billetes motivado por esa cláusula leonina del contrato. También nuestro turismo lo ha notado, y la Ciudad Autónoma ha tenido que hacer un mayor esfuerzo económico para atraer a visitantes con los bonos.
Veremos qué nos depara el próximo contrato y si el Gobierno termina de entender que los transportes son vitales para Melilla.

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