Recordando los Regulares de González-Tablas y VII

… ¡Ya ascendió a la inmortalidad! González-Tablas entra en la Gloria y se engarza en las páginas de la Historia, joven, sano de espíritu, perfumado con el óleo del valor, de la disciplina, del patriotismo: murió sin que se marchitara su beso y el juramento a la bandera; sin que su conciencia tuviera que reprochar nada a su espíritu sin mácula

¡Qué dulce compensación para el héroe el homenaje que la Patria le tributa sobre su cadáver aún caliente…! Cae herido en Tazarut en lo más recio de la pelea.
“Cuando le recogieron recomendó mucho que no se enteraran sus tropas de que iba herido: pero como unos le vieron caer y otros pronto le echaron de menos, pues siempre estaba en primera línea, pronto lo supieron, y hasta se notó en el combate, un poco apagado”…
¡Así dice un testigo presencial.
¡Qué recia armazón para la leyenda! Parece arrancado al Romancero.
Le llevan en camilla al campamento: el día es lluvioso; chapotea en el barro la comitiva.
Han formado las tropas para rendirle honores. Su cuerpo inerme, sobre una camilla, es colocado en el suelo, en medio de calle jalonada por miles de hombres que se mueren de angustia, llueve. El coronel Jordana lee la orden de la plaza, dedicada al suceso. La lectura parece un responso militar. Termina la lectura. El general Berenguer se adelanta, y poniendo la mano derecha en el frío pecho donde latió la laureada, le dice como si le fuera a dar una orden:
-Teniente coronel González-Tablas: En el combate de ayer caísteis gloriosamente, cuando una vez más dabais ejemplo de alto espíritu militar cumpliendo valerosamente frente al enemigo. España, el Ejército y los Regulares de Ceuta pierden un jefe de incomparables dotes.
En nombre del Rey, por vuestros altos merecimientos, os concedo la medalla Militar, seguro de que se sentirá honrada esta insignia al verse sobre vuestro pecho, y la orden al contaros entre sus caballeros”. Revista “Armas y Letras”, 19

Un ascenso que debió anticiparse
Los méritos de González-Tablas no fueron apreciados justamente. En los combates del 13 de mayo alcanzó de sobra el ascenso por méritos de guerra, pero aquel ascenso no llegó.
Por su conducta en las acciones de Bur-Kurdux dejó constancia de sus excepcionales cualidades para el mando superior; sin embargo… Por R. O. C. del día 4 de octubre (D. O. núm. 234) es ascendido por unanimidad en propuesta ordinaria de ascensos a teniente coronel de Infantería, con antigüedad en su nuevo empleo de 8 de septiembre de 1919.
Queda al mando del grupo y continúa perteneciendo a las fuerzas que manda el coronel Ruiz Trillo. Sigue las incidencias propias de su unidad hasta que el 25 de octubre se le destina al Regimiento de Cuenca núm. 27. Entonces, el teniente coronel González-Tablas tiene que dejar las tropas Regulares, precisamente cuando sus jefes se dan cuenta de la valía excepcional de este hombre.
El comandante general de Ceuta telegrafía al Ministro de la Guerra y le pide que González-Tablas continúe mandando el Grupo en comisión; se suplica al Rey que de su beneplácito a esta solicitud, y por Real Orden fechada el día 29 continúa al mando del grupo.
Meses más tarde, al reincorporarse el teniente coronel jefe del grupo, ausente hasta entonces por herido en campaña, hace entrega del mando y regresa a la Península.
La despedida estuvo cuajada de emoción. Sus áscaris, más firmes que siempre en las filas, contenían el aliento para sujetarse las lágrimas. Los cerrojos de los fusiles brillaban como nunca, como le gusta al teniente coronel, y en las miradas afiladas y duras de aquellos recios soldados brillaba también una emoción que les apretaba la garganta. “Volveré”, dijo el teniente coronel, y todos estaban seguros de que era verdad, de que el teniente coronel González-Tablas no tardaría mucho en volver a mandarles.
El primero de junio del año siguiente iba destinado al Grupo de Fuerzas Regulares Indígenas de Ceuta número 3.
Ascendido a teniente coronel poco después de serle concedida la Laureada, González-Tablas fue nombrado jefe del Grupo de Regulares de Ceuta número 3, en el que tanto prestigio había adquirido.
El año 1920 fue muy intenso en la labor de pacificación que se había emprendido bajo el mando del general Berenguer como Alto Comisario. González-Tablas, con sus Regulares, actuó en vanguardia de cuantas operaciones se efectuaron en la zona de Ceuta-Tetuán.
A través de las cabilas de Beni Hozmar, Beni Hassan y el Ajmás se abrió la comunicación de Tetuán con Xauen. Al flanco derecho, las cabilas de Beni Ider, Beni Arós y Beni Lait eran una amenaza constante para su seguridad. Eran operaciones, fundamentalmente políticas, que pusieron de relieve los méritos del teniente coronel Castro Girona y de la Mehal-la Jalifiana de Tetuán, pero que exigían la constante presencia de la fuerza para imposibilitar la acción de los grupos rebeldes.
Los Regulares de Ceuta tuvieron en ello una acción brillante y, en torno a Xauen, dejaron claros y numerosos testimonios de su valía y de las altas cualidades militares de González-Tablas.
En los planes del mando, el año 1921 debía ser decisivo para la total pacificación de la zona occidental de nuestro protectorado marroquí. El cerco de la región rebelde, en la que se habían ido refugiando los huidos de las cabilas pacificadas, se iría haciendo sucesivamente más cerrado hasta expulsar de Tazarut a la figura más importante de la rebeldía, el Cherif Muley Ahmed Raisuni, cuyo feudo estaba situado en las faldas del Yebel Buhaxen, uno de los que jalonaban el espinazo de la península de Yebala.
Para ello se comenzaría por ocupar posiciones en la falda Oriental, en Beni Lait, después se operaría en la occidental sobre Beni Arós, Sumata, Beni Issef y Beni Scar y el Ajmás.
En ambas acciones tomaron parte los Regulares de González-Tablas.
Melilla se salvó, pero la situación militar volvió a ser la misma de julio de 1909 cuando los rebeldes levantaron las vías del ferrocarril minero y agredieron a las fuerzas españolas.
Peor aún, porque ahora los rebeldes disponían de armamento -incluso artillería- y municiones en abundancia y porque tenían la moral de una victoria que sólo debían a la fatalidad, y para los españoles quedaba la espina dolorosa de Monte Arruit, donde sucumbían los restos de las tropas de Melilla.
Estas fuerzas de choque que, al mando del general Sanjurjo, habían llegado a Melilla desde Ceuta, tenían una misión durísima que cumplieron heroicamente derrochando valor y ofrendando sus vidas por España.
Cuando, pocos meses después, lo que había quedado de los Regulares de Ceuta desfiló por Melilla, la impresión fue enorme al ver el número de héroes que -como las demás unidades- habían dado a España. El Rey felicitó al teniente coronel González-Tablas y a sus Regulares y concedió el honor de llevar la bandera nacional a su grupo, el de Ceuta, caya tropa eran rifeños en gran proporción.
El teniente coronel González-Tablas fue herido de gravedad en Casabona. Sin estar completamente curado volvió a ponerse al frente de sus Regulares. El nombre de González-Tablas se aureoló de honor muy justamente en el curso de los años 1920 y 1921.
Las operaciones de 1922 en la Zona Occidental tenían como finalidad terminar con la rebeldía, ocupando Tazarut y expulsando de ella al Raisuni.
El 12 de mayo tres columnas operaron para lograr ese objetivo. González-Tablas con sus Regulares de Ceuta iba en la vanguardia de su columna. Unos días antes, al ocupar Selalem, había muerto Hamido Succan, uno de los jefes rebeldes más prestigiosos de los que seguían al Raisuni.
La operación fue dura, pero Tazarut fue envuelto y las fuerzas avanzadas sufrieron el intenso tiroteo de los grupos rebeldes protegidos por un terreno pedregoso y con mucho arbolado y monte bajo.
Allí fue herido en el vientre el teniente coronel González-Tablas, que fue transportado al quirófano donde el doctor Gómez Ulla – el cirujano que tanto prestigio alcanzó en las campañas de África- comprobó que las heridas eran mortales.
El cadáver de González-Tablas fue llevado al campamento del Jemís de Beni Arós en el que -entre la emoción de todos- le fue rendido un homenaje de despedida.
El jefe de Estado mayor, coronel Gómez Jordana, leyó la orden general del Ejército de África. El Alto Comisario y general en jefe, Berenguer, impuso al cadáver de González-Tablas la Medalla Militar.
El entierro en Ceuta fue una gran manifestación de duelo. Allí había vivido González-Tablas muchos años y allí se había captado el cariño y la admiración de todos. El alcalde de Ceuta expresó en una proclama el dolor de la ciudad.
La muerte de González-Tablas en Tazarut tuvo una honda repercusión nacional. Toda la prensa se ocupó de su figura con general elogio. Se subrayó que España había perdido una gran figura militar y un gran jefe.
El Parlamento -Congreso y Senado- le rindió un sentido homenaje. Se resaltó el sacrificio de quien había luchado tan heroicamente por España sin justa recompensa y en medio de un ambiente hostil a las fuerzas de choque, determinado por las Juntas de Defensa Militares que reaccionaban contra pasadas injusticias, que ahora se cometían en sentido contrario.
En agosto de 1935, Ceuta rindió un homenaje al teniente coronel González-Tablas, levantándole una estatua; el ofrecimiento fue hecho -en nombre de la Comisión que presidió el Duque del Infantado- por el general Millán Astray, el creador del Tercio de Extranjeros.
En mayo de 1955 el Ejército de África honró también a González-Tablas alzando un obelisco en el mismo lugar en que fue herido y en el que existía, sobre una gran piedra inmediata, la inscripción que habían esculpido los legionarios en recuerdo al heroico jefe.
González-Tablas, laureado en 1919, teniente coronel en 1920, habiendo participado en centenares de duros combates, habiendo sido uno de los jefes que llevaron el peso de la dura campaña de la reconquista de Melilla, herido gravemente en ella, felicitado personalmente por el Rey, muerto gloriosamente al frente de sus tropas el 13 de mayo de 1922, murió con su mismo empleo.
El Rey, queriendo premiar los méritos y el heroísmo del jefe ejemplar, concedió a su viuda el titulo de Marquesa de González-Tablas.

Bibliografía
España en sus Héroes. Editada por ORNIGRAF, S. L. Guzmán el Bueno, 121. Madrid-3; Director Editorial: E. Estade de la Fuente; Director de la obra: José María Garate Córdoba; Secretario técnico: Ángel Rodas Gutiérrez; Secretario de Redacción: Emilio Becerra de Becerra; Impreso en Graf. Canales; Cubiertas: Tec. Graficas; Fotograbados: La Prensa; Reproducción de fotografías: Armando Izquierdo; Dibujante: José María Bueno Carrera; Depósito Legal M. 1451 – 1969

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