El gobierno se lava las manos con el desastre de la frontera de Melilla. Mayor recaudación de impuestos para seguir con un gasto público disparado y, en muchos casos, inútil e/o innecesario.

Veinticinco años de la liberación de Ortega Lara

El pasado sábado se cumplieron veinticinco años desde la liberación de José Ortega Lara gracias a una brillante operación de la Guardia Civil. Melilla, como el resto de ciudades de España, lo celebró entonces con unánimes muestras de alegría y satisfacción. El delegado del Gobierno en la ciudad en aquella época, Enrique Beamud, dijo aquel 2 de julio de 1997 que se había producido “un fenómeno absolutamente positivo, como es el de la unidad de todas las fuerzas políticas en torno a la lucha contra el terrorismo y, al mismo tiempo que ETA se haya visto diezmada en sus apoyos”.

Qué gran diferencia (la unidad de entonces de todas las fuerzas políticas frente a ETA) con la situación actual en la que los miembros del gobierno no están de acuerdo en nada, en la que parece un imposible cualquier pacto del gobierno presidido por Pinocho Sánchez con el principal partido de la oposición (PP) y en la que Bildu (antes ETA) es uno de los socios que mantienen al anfitrión de la reciente cumbre de la OTAN (en ningún caso protagonista, pese a sus múltiples intentos, con la retrasmisión de muchos actos en streaming incluidos) en el sillón de la Moncloa.

¿Qué habría pasado si hace 25 años hubiera estado Sánchez en el gobierno? Probablemente habría hablado de los secuestros y asesinatos de ETA como “daños colaterales” para que la democracia y la buena convivencia se mantuvieran y, minimizando los hechos, hubiera intentado que sus socios (Bildu) no se enfadasen.

El gobierno se lava las manos con los muertos de la valla

Para no enfadar a su nuevo amigo marroquí (digo su amigo porque, los hechos lo demuestran, no lo son de la mayoría de los españoles), Sánchez y su gobierno intentan minimizar la catástrofe de la muerte, hace ya más de una semana, de un número indeterminado (pero muy alto) de inmigrantes al intentar saltar la valla fronteriza de Melilla.

Un ejemplo: En su atinado artículo del sábado en Melilla Hoy, nuestro gran colaborador Miguel Platón denunciaba: “Más divertido ha sido el bozal que la portavoz del Gobierno, Isabel Rodríguez, impuso a la promotora de la ley trans, la sin par Irene Montero, a la que hasta cinco veces impidió que contestara a preguntas de la prensa sobre los muertos frente a la valla melillense. Muy disciplinada, la ex cajerita se limitó al día siguiente a repetir el mantra oficialista. Entre la más elemental coherencia y la nómina, ganó esta última”.

Miles de personas se echaron el viernes a las calles en toda España para condenar las muertes, cerca de 40, según diversas ONG, frente a los datos oficiales de Marruecos, que las siguen situando en 23. Hubo protestas y concentraciones en muchas provincias españolas, todas con el mismo lema: “Contra las muertes en las fronteras, las vidas negras importan”. Nuestra ciudad no se quedó atrás y también fue escenario de una concentración, con al menos 250 asistentes, muchos de ellos los protagonistas del salto a la valla, que junto a otros miembros de entidades sociales de Melilla pidieron justicia y que las muertes de sus amigos y «hermanos» en esta «catástrofe» no queden impunes.

Decía también Miguel Platón que: “Los muertos de la valla, en realidad, han muerto al servicio de un Sáhara marroquí. Sin esa carta de Sánchez la policía de Marruecos no se habría empleado con tanta contundencia”.

En la dichosa carta y en los compromisos inconfesables de Sánchez con el gobierno marroquí está la causa de la tibieza de Sánchez y compañía ante unos hechos de gran gravedad. Lo peor es que casi todos sospechamos que nunca se sabrá cuántas personas murieron ni en qué circunstancias (algunos participantes en la concentración de Melilla denunciaron que los cuerpos “están siendo enterrados en Nador sin hacer autopsias, esenciales para una investigación”). Pensar que las investigaciones del gobierno marroquí esclarezcan algo que no quieren es como pedir peras al olmo, y mucho más difícil si nuestro gobierno se pone de perfil.

Es urgente que la Unión Europea se ponga manos a la obra en buscar soluciones en origen. Es entendible que gente desesperada (que tendría que tener, en muchos casos, el mismo trato que los inmigrantes ucranianos) se arriesgue a una larga travesía y al salto/asalto de una frontera, pero también debemos proteger, evitando en lo posible los malos tratos y las muertes, nuestras fronteras de una forma más eficaz, con más medios (ignorando algunas quejas de organizaciones de derechos humanos- si alguien se hace daño intentando saltar ilegalmente una vaya, tiene la opción de no hacerlo- y dando facilidades al asilo o la acogida por métodos legales) y con leyes claras acordadas con Europa (que al final deberá hacerse cargo, como con los ucranianos, de buscar una solución a los que vengan por los cauces establecidos).

Estamos ante dramas humanos que hay que atender y que deben ser solucionados por entes superiores, por orden: España, Europa y el mundo. Melilla y Ceuta deben protegerse y ser ayudadas como lugar de paso de un problema global. Si Ceuta y Melilla no existieran, el problema estaría en Málaga, Almería, Canarias, etc.

Recaudación, gasto público y déficit crecientes

Nuestro actual gobierno, que tiene nada menos que 23 miembros en el Consejo de Ministros, está integrado por más ministros que ningún otro gobierno de la historia de España.  La mitad de ellos, al menos, no tienen, como decía Miguel Platón en su artículo del sábado, competencias dignas de tal nombre.

En el libro “Impuestos o libertad” del brillante Ignacio Ruiz- Jarabo Colomer, se hace un análisis sobre el origen del gigantesco déficit actual de España y se analiza la evolución del mismo junto con las dos variables que influyen en él: la recaudación tributaria y el gasto público.

Realmente, como se extrae del estudio, hay una tercera e importante variable: el signo del gobierno de turno. Una primera conclusión al analizar los datos históricos de déficit público (lo que gasta un país por encima de lo que ingresa) es que nuestros gobiernos de izquierda finalizaron su mandato con un déficit público superior al que recibieron y que, por el contrario, los de derecha redujeron el déficit durante el suyo.

En el caso del gasto público se reproduce el comportamiento observado en el caso del déficit público. El peso relativo del gasto público sobre el PIB aumenta durante los gobiernos socialistas y disminuye durante los populares.

Los ingresos (lo recaudado con los impuestos) han tenido, en general, una evolución creciente con picos superiores al 37% de porcentaje sobre el PIB, como no, en los gobiernos de Zapatero (año 2007) y Sánchez (año 2020).

Es evidente que con los gobiernos socialistas se gasta mucho más (que no quiere decir que se gaste mejor) y se nos exprime también más para gastar demasiado (siempre por encima de los ingresos, táctica habitual de la izquierda, que deja el marrón al siguiente).

Este año 2022 se sigue la misma tendencia de gasto excesivo y /o estúpido y de acogotamiento de los ciudadanos vía impuestos (la recaudación del iva e IRPF no para de crecer). ¡Nos van a dejar un futuro muy difícil de arreglar!

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