¿Diversión o vandalismo?

En Melilla parece como si hubiéramos interiorizado como algo normal que se quemen contenedores o que apedreen a servicios públicos de seguridad y emergencias cuando acuden a determinados barrios a prestar asistencia. De ambas cosas, el destrozo del mobiliario público y los ataques a los Bomberos, hemos vivido varios episodios en los últimos días, pero nadie ha salido públicamente a condenarlo, salvo algunos sindicatos y el presidente de la Ciudad, Eduardo de Castro, porque le preguntaron al ser responsable de la seguridad en la Ciudad Autónoma.
Aunque De Castro expresó su apoyo a los Bomberos apedreados, y dijo que lo sucedido se está investigando, se apresuró a aclarar que son hechos “esporádicos”. Es cierto que no ocurre todos los días, faltaría más, pero tampoco se puede dar una apariencia de normalidad a lo ocurrido diciendo que sólo pasa de vez en cuando. Que suceda una vez ya es mucho y hay que acabar con ello de una vez por todas.
Hay quien se pregunta si quemar contenedores o apedrear a los Bomberos es una forma de diversión de algunos jóvenes, que en los presupuestos participativos han dejado claro que en Melilla hacen falta más opciones de ocio para ellos. La respuesta parece clara: no es diversión, sino vandalismo e incivismo consentido, primero porque hacer daño por hacerlo no se puede considerar como algo divertido, menos aún cuando es a bienes y servicios públicos que son de todos, incluidos los que prenden fuego o apedrean. Y segundo, porque si fuera eso, una forma de divertirse de los jóvenes, el problema estaría extendido por toda la ciudad. La falta de oferta de ocio la sufren los jóvenes de todos los barrios, no sólo los de unos barrios concretos, donde siempre se dan estos episodios de quema de contenedores y apedreamientos a servicios públicos.
La violencia no está justificada, y la sociedad melillense en su conjunto debe tener tolerancia cero hacia ese tipo de comportamientos incívicos. Estos hechos no se pueden justificar y las condenas deben ser tajantes, rotundas, en vez de diluirlas excusando las salvajadas. Porque está claro que esto es obra de grupos minoritarios que intentan hacer de sus barrios un territorio comanche, inaccesible a los cuerpos de seguridad y emergencias. Ahora les ha tocado a los Bomberos, pero antes el blanco han sido ambulancias, autobuses y policías. Justificarlo no hace más que dar alas a quienes intentan imponerse con la violencia y hurtando la tranquilidad a todos los vecinos, la mayoría gente de bien, que se ven también perjudicados por la acción de los violentos. Hay que acabar con esto. No es diversión, sino vandalismo y violencia.

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