Cuatro años sin aduana comercial: la patronal ve falta de voluntad política de Marruecos para reabrirla y de España para “presionar”

El 1 de agosto de 2018, Marruecos cerró la aduana comercial de la frontera de Melilla.- De haberse mantenido su actividad, estos cuatro años perdidos podrían haber supuesto unos 160 millones de euros en facturación

Hoy se cumplen cuatro años desde que Marruecos decidió cerrar de manera unilateral la aduana comercial de la frontera de Melilla, poniendo fin a más de seis décadas de actividad comercial documentada ininterrumpida. La reapertura de la aduana melillense, y la creación de otra en Ceuta, fue anunciada el 7 de abril por el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, tras reunirse en Rabat con el rey Mohamed VI. A punto de cumplirse cuatro meses de aquel anuncio, aún no se ha materializado nada en este sentido. La Delegación del Gobierno ha señalado a MELILLA HOY que el grupo bilateral que crearon España y Marruecos está trabajando y que cuando haya novedades, se darán a conocer. Para la Confederación Melillense de Empresarios (CEME-CEOE), es evidente que “no hay ninguna voluntad política” por parte de Marruecos, ni tampoco por la de España para “presionar”.

“Lógicamente, tiene que haber algo que no sepamos o que no se nos haya dicho porque está todo paralizado”, señaló en declaraciones a MELILLA HOY el presidente de la CEME-CEOE, Enrique Alcoba, para intentar buscar una razón al hecho de que no haya “ninguna novedad” sobre la reapertura de la aduana comercial.


Para la patronal melillense, que la aduana vuelva a funcionar como lo hacía antes de su cierre, el 1 de agosto de 2018, es una de las partes más importantes del anuncio de la nueva etapa en las relaciones entre España y Marruecos. Esperaba que se pudiera materializar después de la primera fase de “apertura humanitaria” de la frontera el pasado 17 de mayo, para restablecer los lazos familiares tras más de dos años de cierre fronterizo.
Sin embargo, Alcoba deja claro que “está todo paralizado”, algo que no se explica porque en Melilla la infraestructura ya existía. La idea, apunta, era que la aduana de Melilla se abriera a la par que la creación de una nueva en Ceuta. Pero la situación no es halagüeña si se tiene en cuenta que en la ciudad hermana “parece que todavía no ha habido ningún movimiento” para que se ponga en marcha la nueva aduana.


De ahí que, a su juicio, la falta de voluntad política esté detrás de todo esto, porque “cuando se quieren hacer las cosas más rápidas, se hacen”.
Además, recordó que lo que se está pidiendo, que vuelva a haber transacciones comerciales en la frontera de Melilla, es algo que existe “en cualquier frontera del mundo”. “No entendemos cómo España y Marruecos no han llegado aún a un acuerdo”, lamentó el presidente de la CEME-CEOE.


Esta entidad confía en que, en algún momento, se pueda retomar el tránsito de mercancías “en las dos direcciones, como dos países civilizados”, para que se mueva la economía, venga turismo y las mercancías que llegan a Melilla procedentes de Marruecos puedan hacerlo directamente y no dando un rodeo por Málaga o Almería, lo que encarece el producto.

El impacto del cierre
Hay que recordar que el 1 de agosto de 2018, la aduana comercial de Melilla, que llevaba funcionando de manera ininterrumpida y sin problemas desde hacía más de 60 años en la frontera de Beni-Enzar, dejó de funcionar por una decisión unilateral de Marruecos, interpretado por todo el mundo como un paso más en la hoja de ruta del país vecino de asfixiar la economía de la ciudad.


Aquel bloqueo al paso oficial de mercancías tuvo sus consecuencias por el movimiento económico que suponía para Melilla. Según datos de la CEME-CEOE, el año anterior a su cierre, la aduana había facturado 40 millones de euros en transacciones comerciales. Por lo tanto, de haberse mantenido ese volumen de tráfico de mercancías en los cuatro años que lleva cerrada, la actividad aduanera habría ascendido a 160 millones de euros.


Otro dato importante que constata el impacto del cierre de la aduana es que el 70 % de las mercancías que entraban a Melilla iban, directamente, a Marruecos. Parte de ellas lo hacía a través de la aduana comercial, aunque también un volumen importante lo hacía en grandes bultos cargados por porteadores en la frontera de Barrio Chino, el denominado comercio atípico, al que la pandemia y el cierre fronterizo pusieron fin en marzo de 2020.


Según los datos del Ministerio de Industria, Turismo y Comercio, las mercancías que importa Melilla (14,9 millones de euros en 2021) actualmente apenas suponen una décima parte de las que llegaron en 2018, el último año en que la aduana comercial tuvo actividad -hasta su cierre en agosto-, cuando hubo la importación de mercancías llegó a los 121,9 millones.


Si la comparación se hace con 2017, el último año entero con la aduana en funcionamiento (238 millones de euros), el volumen de importación de mercancías en 2021 solo representó el 6,3 % del que hubo solo cuatro años antes.


La caída es mucho mayor respecto al periodo comprendido entre 2013 y 2016, los años récord de importación de mercancías, en los que el volumen estuvo prácticamente siempre por encima de los 250 millones, llegando incluso a rozar los 300, como sucedió en 2016.

Cierre de empresas y naves vacías

Sin aduana y sin comercio transfronterizo, Melilla y su entorno más cercano llevan cerca de dos años y medio sin relación comercial de ningún tipo. Por eso, el anuncio de la reanudación del paso de mercancías que hizo a principios de abril el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, durante su viaje a Rabat, fue acogido con esperanza en nuestra ciudad.
Sin embargo, a punto de cumplirse cuatro meses desde aquel anuncio de la “nueva etapa” en las relaciones entre España y Marruecos, la fecha de la reapertura de la aduana sigue siendo toda una incógnita.
El cierre de la aduana comercial ha provocado en estos cuatro años el final en la ciudad de muchas empresas y un polígono industrial con un buen número de naves vacías. Entre las empresas que cerraron hay varias agencias de transportes, algunas de las cuales se trasladaron a Almería y Málaga para seguir exportando al país alauita lo que no podían hacer desde Melilla, algo que, además de ser un ejemplo gráfico de ese ahogo intencional por parte de Marruecos, también conllevó la marcha de muchos trabajadores y sus familias de la ciudad.

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