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La Semana

Batallas perdidas en guerras largas. La lucha debe ser, al menos, individual

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Imagen de Kennedy

Desde hace ya bastante tiempo siento un sentimiento interior muy fuerte, una desagradable sensación de que muchas de las guerras que se libran/libramos cada día (tomando el término “guerra” tanto  en el sentido literal como en el metafórico) no se van a ganar nunca. Muchas veces me pasa por la cabeza (y supongo que, como a mí, a muchos más) la idea de abandonar una lucha sin futuro. Mi espíritu rebelde me lo impide a mí y supongo que también a muchos otros.
“El hombre es un lobo para el hombre”. Lo decía el filósofo inglés del siglo XVIII, Thomas Hobbes, en su obra a (1651) para referirse a que el estado natural del hombre lo lleva a una la lucha continua contra su prójimo.
Podemos estar de acuerdo con la famosa frase de Hobbes o con la también célebre de Jean-Jacques Rousseau que decía que “el hombre es bueno por naturaleza” y que sostenía que los seres humanos nacen buenos y libres, pero el mundo los corrompe; pero creo que lo más ajustado sería decir que somos una mezcla de ambas teorías y que las tendencias (tanto las positivas como las negativas) se pueden cambiar con educación, esfuerzo, trabajo, convencimiento y grandes dosis de lucha inasequible al desaliento.
Se están perdiendo muchas batallas importantes y parece (nuestra lucha debe tener el objetivo de revertir la situación) que también se perderán las guerras. Algunos ejemplos: 1) La guerra contra el terrorismo se está perdiendo y, como decía el Editor de nuestro diario en un reciente artículo, el país más poderoso del mundo (al menos en temas militares) ha perdido la batalla contra los pro-terroristas en Afganistán y otras muchas contra el denominado Estado Islámico. El terrorismo no está en retirada, está muy vivo y expandiéndose (muchas veces a través de la acogida de supuestos refugiados). 2) En España estamos perdiendo la lucha contra el independentismo. Cuanto más se les da, más piden y encima tenemos la desgracia de tener a un presidente cuyo único objetivo es mantenerse en el sillón a toda costa y que está dispuesto a darles lo que sea para cumplir su objetivo, sin importarle lo que deje detrás o para el futuro. Ya tenemos la bochornosa mesa de diálogo a la vuelta de la esquina… 3) También estamos perdiendo las batallas (y por tanto, la guerra) contra la propaganda mentirosa y manipuladora de nuestro actual gobierno nacional social-comunista. Una última muestra: PSOE y Podemos vetan que el Congreso respalde el diálogo ente Maduro y la oposición venezolana. La iniciativa, promovida por el senador demócrata estadounidense Bob Menéndez ha sido secundada, hasta el momento, por los presidentes de las Comisiones de Asuntos Exteriores de ocho parlamentos, entre ellos el europeo, el alemán o el británico. Mucho hablar de diálogo y de proteger a los más necesitados y luego… 4) Ceferin (presidente de la UEFA) sigue con su guerra  (después de haber ganado las primeras batallas que desactivaron, de momento, el proyecto), que parece estar ganando, contra los tres clubes que permanecen en el proyecto de la Superliga de fútbol (Real Madrid, Barcelona y Juventus). Acaba de decir que “tienen sencillamente directivos incompetentes”. “Esos tipos han intentado matar el fútbol”. Carlo Ancelotti le ha respondido: “Si un presidente de un club que ha ganado 13 Champions es un incompetente, ¿qué son los otros?”. La guerra sigue y Florentino no es de los que se rinde, pero creo que se debe acabar con el chiringuito de Ceferin (que cobra la nada despreciable cifra de 2,2 millones de euros al año) y que sean los clubs, que son los que arriesgan, los que se lleven la mayor parte del pastel.
“No preguntes qué puede hacer tu país por ti, sino qué puedes hacer tú por tu país” (John F. Kennedy). Apliquemos esta frase a todas nuestras guerras y batallas,  no nos desanimemos porque la lucha sea larga y difícil, no esperemos a que otros nos soluciones los problemas (algo que no pasará) y pongamos cada uno nuestro granito de arena para revertir la situación. Sumemos cada uno lo nuestro hasta formar un gran desierto.

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