VISTO DESDE FUERA: La ayuda militar a Ucrania. Slava Ukraini

Al comienzo de la Segunda Guerra Mundial, cuando el avance de la Alemania nazi por Europa parecía imparable, el Reino Unido se encontró bajo la amenaza incipiente de los bombardeos de la aviación alemana. El entonces primer ministro, Winston Churchill, desoyendo a algunos de los miembros más influyentes de su gobierno, que recomendaban pedir la paz a Alemania, dijo que «las naciones que caen luchando se levantan de nuevo, pero los que se rinden dócilmente están acabados».
No hay palabras que puedan ser más adecuadas para definir la resistencia ucraniana a la salvaje, cada vez más, invasión rusa.
El famoso politólogo Francis Fukuyama ha seguido la lección de Churchill y ha dicho que “una derrota rusa hará posible un ‘nuevo nacimiento de la libertad’ y nos sacará de nuestro miedo al estado de decadencia de la democracia global. El espíritu de 1989 seguirá vivo gracias a un puñado de valientes ucranianos”.
Es cada vez más frecuente oír y leer, a los gobernantes de los países que estuvieron en la antigua órbita soviética, sobre todo los más pequeños como Estonia, Letonia, Lituania y otros decir, casi gritando a los cuatro vientos, que parar las aspiraciones imperialistas rusas en Ucrania es la última oportunidad de hacerlo, antes de que la invasión y la barbarie se extienda por Europa.
Rusia se lanzó a la invasión confiando en la desunión y la debilidad de la OTAN y de la Unión Europea. El vicepresidente del Consejo de Seguridad de Rusia parece que dijo, poco antes de la invasión: “hemos enfrentado esta situación antes cuando invadimos Georgia, cuando tomamos Crimea, sin que hubiera respuesta por su parte. Son débiles, primero impondrán sanciones económicas, y después volverán a tratar con nosotros como si no hubiera pasado nada”. Aun desconociendo la exactitud de la noticia, todo apunta a que esa era la impresión preponderante en el gobierno ruso al inicio de la invasión. De probar su falsedad se deben encargar, con determinación, constancia y el grado de sufrimiento necesario, los gobiernos occidentales.
La siguiente pregunta que surge es hasta qué punto se puede intervenir en Ucrania, sin que la parte rusa se sienta tan amenazada como para que pudiera tomar decisiones irracionales. En este aspecto se leen tantas opiniones como comentaristas. No parece que Putin sea un líder irracional, pero tampoco parece que sea un líder que admita perder.
Con el cambio de giro del esfuerzo ruso hacia el este de Ucrania prorruso, pudiera estar buscando esa victoria parcial que le permitiera ‘salvar la cara’ ante su población y proclamar una victoria, por corta que esta sea ante los ojos de un observador imparcial.
Y llegamos a la pregunta clave, que debemos considerar imposible de contestar para todos aquellos que no tengan, tengamos, la información analizada, lo que en términos técnicos se llama ‘inteligencia’, para estudiar los retratos sicológicos actualizados de los dirigentes, los estados de ánimo del gobierno y de la población rusa, entre otras muchas variables. A pesar del férreo control de la información existente en ese país, pudiera llegar un momento en el que no fuera posible ocultar tantas bolsas con cadáveres. Y ello sin tener en cuenta sus muertos abandonados sobre las calles y campos de Ucrania.
La pregunta quizás imposible, pero absolutamente necesario contestar es: ¿Podemos hacer más para ayudar a Ucrania sin provocar la Tercera Guerra Mundial?
Con la ayuda proporcionada hasta ahora, y de seguir a este ritmo, lo mejor que puede esperar el pueblo ucraniano es alargar la guerra. El General Jefe del Estado Mayor de los Estados Unidos, en una comparecencia ante el Senado de ese país, predijo que la guerra en Ucrania podría durar años, aunque no creía que llegara a diez. Esas declaraciones, sentado en una silla del senado, pueden ser consideradas realistas y hasta oportunas. Tumbado en el fango de un campo en Ucrania, esperando poder emboscar al enemigo antes de que te descubra y te aniquile, parecen menos razonables. Estando indefenso en Mariupol, Kiev, o cualquier otra ciudad, sufriendo los bombardeos de misiles, bombas de aviación y de artillería, parecen absolutamente inadmisibles.
¿Le estamos pidiendo a Ucrania que luche y muera, durante años, para contener a raya a un enemigo que es de todos, no solo de Ucrania? ¿Estamos cambiando la sangre de Ucrania por el mantenimiento de nuestras libertades en occidente? ¿Por qué los misiles antitanques y contra aviones en vuelo bajo son aceptables para su entrega, cuando es obvio que la defensa tan solo desgasta al enemigo ruso hasta un cierto punto, pero no va a llevar nunca a la victoria final? Si occidente espera una victoria ucraniana, absolutamente deseable por otra parte desde el punto vista geopolítico, pero también desde el ético, no hay otra manera distinta a la de proporcionar a Ucrania las armas consideradas ofensivas, para ataque, de las que el enemigo ruso dispone. No se puede tener a Ucrania con una mano atada a la espalda
Los ataques indiscriminados sobre centros civiles, hospitales, rutas de evacuación, asesinatos selectivos como en Bucha, ataques a estaciones de trenes llenas de personal civil tratando de escapar, requieren una respuesta. ¿Por qué los misiles de corto alcance están bien, pero los aviones de combate o la defensa antiaérea a alta cota, o los tanques, no lo son? Si se está buscando un empate, se podría entender, si lo que se pretende es el rechazo al invasor ruso, resulta más difícil de comprender.
No es fácil seguir la lógica de esa posición. Rusia sabe perfectamente que Ucrania está recibiendo miles de armas, a través de las fronteras de países de la OTAN, que les están ocasionando importantes bajas humanas y de material, hasta el punto de haber renunciado, por lo menos de momento, a la ocupación de Kiev.
Hay que decidir cuanto antes si occidente pretende obtener un empate en Ucrania, con la sangre de su gente, o pretende poner freno, de una vez por todas, a las aspiraciones imperialistas rusas.
Nuestras vidas, al menos cómo las vivimos, en un futuro no muy lejano, dependen del apoyo que proporcionemos a Ucrania para ganar su guerra, que es la nuestra.

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