Un experto portuario alerta del riesgo de accidente por el uso imprudente de motos acuáticas en el Puerto de Melilla

Hombre realizando acrobacias en moto acuática en el mar

Emilio Guillén pide reforzar la vigilancia, endurecer el control del cumplimiento de la normativa y promover campañas de concienciación para evitar una tragedia en las aguas portuarias

El profesional del ámbito portuario Emilio Guillén ha lanzado un llamamiento público para alertar sobre el incremento de conductas imprudentes protagonizadas por algunos usuarios de motos acuáticas en las aguas del Puerto de Melilla, una situación que, a su juicio, aumenta el riesgo de que se produzca un accidente grave si no se adoptan medidas de control más eficaces.

En un artículo de reflexión titulado «Motos acuáticas: antes de que sea demasiado tarde», Guillén sostiene que las escenas de navegación temeraria se repiten cada verano coincidiendo con el aumento de la actividad náutica y advierte de que «es solo cuestión de tiempo» que se produzca un siniestro si no se hace cumplir con mayor rigor la normativa vigente.

El experto explica que las motos acuáticas son embarcaciones con una elevada capacidad de aceleración y velocidad, circunstancias que obligan a sus usuarios a extremar la prudencia y respetar las distancias de seguridad, los límites de velocidad y las reglas de navegación establecidas tanto por la normativa marítima española como por el Reglamento Internacional para Prevenir los Abordajes.

Según denuncia, en la zona de servicio del Puerto de Melilla es posible observar con frecuencia comportamientos que considera incompatibles con una navegación segura, como velocidades superiores a las permitidas, maniobras bruscas, aceleraciones innecesarias, entradas y salidas de las dársenas sin reducir la marcha o aproximaciones excesivas a otras embarcaciones, pescadores, kayaks y usuarios del litoral.

Guillén también llama la atención sobre la presencia de motos acuáticas que aprovechan la estela de los ferris para realizar saltos y maniobras de riesgo, una práctica que, además de incumplir la normativa, pone en peligro tanto a sus ocupantes como al resto de personas que utilizan el espacio marítimo.

No obstante, el profesional subraya que estas críticas no deben interpretarse como una descalificación generalizada hacia quienes practican este deporte. Al contrario, recalca que la inmensa mayoría de los propietarios de motos acuáticas actúan con responsabilidad y respeto, aunque considera que las actuaciones de una minoría terminan perjudicando la imagen del conjunto del colectivo.

A su juicio, el problema trasciende el mero incumplimiento administrativo, ya que una moto acuática puede superar los 90 kilómetros por hora, una velocidad incompatible con espacios portuarios compartidos con embarcaciones deportivas, pequeñas neumáticas, pescadores o bañistas.

Ante esta situación, Guillén considera imprescindible reforzar la vigilancia en las zonas donde se registran con mayor frecuencia estas conductas, intensificar los controles sobre los límites de velocidad, aumentar la presencia inspectora durante los meses de mayor actividad, sancionar las infracciones y desarrollar campañas de concienciación dirigidas a los usuarios.

El experto concluye que Melilla dispone de un litoral y unas instalaciones náutico-deportivas de gran valor cuya seguridad debe preservarse mediante una responsabilidad compartida entre las administraciones encargadas de la vigilancia y los propios usuarios del mar. En este sentido, insiste en que todavía existe margen para corregir estas conductas antes de que se produzca un accidente con consecuencias irreparables.

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