Carta del Editor
MH, 26/7/2026
Enrique Bohórquez López-Dóriga
Sin un sector privado fuerte, no hay riqueza que redistribuir. Nuestro Semanario QUEZ del domingo: “La España donde trabajar cada vez cuesta más”. Un gran párrafo final: “La verdadera fortaleza de un país no se mide por el tamaño de su Administración, sino por la capacidad de sus ciudadanos para emprender, invertir, ahorrar y prosperar sin sentir que cada esfuerzo adicional acaba convirtiéndose en una nueva fuente de ingresos para Hacienda. Un Gobierno que confunde recaudar más con gobernar mejor termina olvidando una verdad elemental: sin un sector privado fuerte no hay riqueza que redistribuir”.
En nuestra ciudad hay una decepción muy profunda con el PP por las muchas “promesas incumplidas”, según me dicen por las calles demasiados ciudadanos decepcionados
Eliminemos las restricciones que nos vuelven anticompetitivos (como está pasando con los coches alemanes, por ejemplo y cuenta Juan Ramón Rallo). Empecemos por hacerlo -no por decir/prometer que lo vamos a hacer- en esta maravillosa ciudad laboratorio que, por su tamaño y situación geográfica, es -debería ser- un lugar ideal para poner en práctica nuevas ideas y atraer inversiones privadas. Menos burocracia, menos impuestos y más libertad.
“Aliviar la presión fiscal, acabar con la dependencia de fondos públicos y revertir las injerencias en empresas estratégicas, ejes para las primeras semanas de un gobierno” declara el presidente del PP, Alberto Núñez Feijóo. “El PP prepara una política de hierro para desmontar el sanchismo económico”, según leo en un artículo de ABC, el domingo.
No conozco a ningún melillense que crea que Juanjo Imbroda no va a ser el candidato elegido por el PP
Política de hierro y PP no es un dúo habitual. Y Melilla no es una excepción, por cierto. En nuestra ciudad hay una decepción muy profunda con el PP por las muchas “promesas incumplidas”, según me dicen, a mi, por las calles, demasiados ciudadanos decepcionados.
Muchos ciudadanos decepcionados, resultados políticos y económicos prometidos pero no conseguidos… cambio asegurado, dicen los cánones políticos. Pues no: todo apunta, ahora, a que Juanjo Imbroda va a seguir siendo el candidato a la presidencia de Melilla en las elecciones de mayo del 2027. Juanjo ha pasado de decirme “ya está bien, esto se terminó” a estar “convencido” por los altos mandos nacionales de su partido de que se tiene que presentar, porque es el mejor candidato del PP. Como en agosto está prohibido pensar y, no hace falta decirlo, es absolutamente imposible siquiera hacer un amago de trabajar, Juanjo Imbroda ha postergado hasta septiembre el anuncio, o no, de su candidatura a la presidencia de la Ciudad. No conozco a ningún melillense que crea que Juanjo Imbroda no va a ser el candidato elegido (por su partido, claro).
Carlos Bertomeu se complicó la vida al invertir su patrimonio en una empresa que “se había asomado dos veces al abismo desde 2008”. Creyó en la aerolínea…y acertó
Air Nostrum, la historia de un gran empresario.
Guardando las distancias que se quiera, la historia empresarial de Carlos Bertomeu, el presidente de Air Nostrum, es tan parecida a la mía que, cuando leí, en la revista de Air Nostrum, su historia empresarial, me entró un escalofrío.
Air Nostrum es una aerolínea valenciana que Bertomeu compró a la familia Serratosa, que estaba a punto de vender la empresa a un fondo de inversión. Con el apoyo de dos accionistas del IVI (Instituto Valenciano de Infertilidad), Bertomeu reunió 45 millones de euros, entre capital y deuda, en 2014.
Carlos Bertomeu se complicó la vida al invertir su patrimonio en una empresa que “se había asomado dos veces al abismo desde 2008”. Creyó en la aerolínea…y acertó, como los melillenses podemos comprobar día tras día.
A mí me pasa como a Luis de la Fuente: nos gusta Julio Iglesias y, especialmente, una de sus canciones, “Quijote”
También podemos comprobar, los melillenses, que MELILLA HOY sigue vivo, tras más de 41 años de existencia de lo que era “imposible”, lo que no nacería jamás, no duraría un día, no duraría una semana, no dudaría un año…y etc, etc.
El Quijote, Julio Iglesias y los progres.
¿Qué hacer en agosto? Por ejemplo: releer El Quijote, siempre por estrenar, siempre a punto de maravillarte. Todo griego tiene algo de don Quijote; todo romano, algo de Sancho Panza (Oswald Spengler, ‘La decadencia de Occidente, tomo 1). Todo español tiene mucho de Don Quijote y de Sancho Panza, y eso fue lo que tan magistralmente describió, escribió, Miguel de Cervantes.
A mí me pasa como a Luis de la Fuente: nos gusta Julio Iglesias y, especialmente, una de sus canciones, “Quijote”, que empieza: Soy de aquellos que sueñan con la libertad /capitán de un velero que no tiene mar/ soy de aquellos que viven buscando un lugar/ soy Quijote de un tiempo que no tiene edad/ soy cantor de silencios que no vive en paz/ que presume de ser español donde va.
Ahora, estoy seguro, seguirá Julio Iglesias presumiendo de ser español. Él, que fue el español más conocido y admirado del mundo, que también fue futbolista, tiene ahora, ya mayor y tras la victoria española en el Mundial, aún más razones para seguir presumiendo de ser español.
El “Secreto del éxito de Trump”: pensar en grande
Hablar de Julio Iglesias y que no te venga a la cabeza el pensamiento progre es un imposible. “Conocerás a un progre cuando las palabras “consenso”, “tolerancia”, “igualdad” o “justicia social” salgan de su boca a la velocidad de la luz y sirvan para casi cualquier cosa”, escribió en su libro ‘Cómo hablar con un progre’ la guatemalteca Gloria Álvarez, un libro que me regaló mi nieto mayor, por los Reyes de 2019. Desde entonces hasta hoy la cosa “progre” -uno de cuyos odiados es precisamente Julio Iglesias- ha ido a peor.
Donald J. Trump, junto con Bill Zanker, escribió “El secreto del éxito. En el trabajo y en la vida”, un libro publicado en 2008, que compré en Nueva York, en una librería de la 5th Avenida, el 26 de octubre de 2012. Su “secreto”: pensar en GRANDE. Todavía no era presidente de EEUU (accedió, por primera vez, a la presidencia el 20 de enero de 2017, a la edad de 70 años, no muy lejos de la publicación de su libro).
El Trump que escribió el libro, hace 18 años, era y es el mismo gran empresario, conceptualmente, que el que hoy, por segunda vez, preside el, hoy todavía, más poderoso país del mundo (por mucho que los antiamericanos y tecnócratas varios -con más o menos razones- odien a los EEUU y afirmen que hoy la primera potencia mundial es China).



