Posiblemente sea mi último escrito del 2015, o no, todo depende de las ganas que tenga de escribir y de lo que se cueza de aquí al 31, que dejaremos un año como los otros 6 o 7 anteriores que nos invita a olvidarlos. Va a comenzar el 2016 más o menos con la incógnita e interrogante democrática salida de las urnas.
Prefiero que se de una solución lo más satisfactoria posible para todos los españoles, propiciado por un “pacto u acuerdo” en el que una mayoría suficiente esté de acuerdo y representado. No me gusta la palabra “pacto”, me suena a mafia, a cadáver, al Chicago más negro. Es mucho más “decente” la palabra “acuerdo” y también “consenso” después de un recomendable y sincero diálogo donde prime el bien de todos, del país y se olviden del partido, de sus intereses propios. Dicho esto, ¿Cómo le ponemos el cascabel al gato? Nuevas elecciones no por favor, mirad lo que ha gastado ya el gobierno autonómico catalán, con la deuda tan grande que tiene, se gastan el dinero de todos, deterioran el estado autonómico del bienestar y por añadido el otro, el de todos. Y luego venga pedir dinero al FLA (Fondo de Liquidez Autonómica). Esta otra confrontación electoral general también ha costado algunos cientos de euros ¿Para nada?, espero que no nos llamen otra vez a las urnas. Si fuese así, prometo votar PACMA o Partido Animalista, todo antes que volver a votar a “animales dudosamente racionales”.
España necesita después de aquel 1978 otro nuevo “pacto social”, perdón, “acuerdo social” y sobre todo lo necesita especialmente desde el 2008. Un acuerdo por el precio del trabajo, por el modelo productivo, por la decencia política, por una fiscalidad equitativa, por una educación de calidad, y algunas cosas más que no repito para no pecar de reiterativo…ni más ni menos que lo que todos nos prometen o prometieron antes de depositar nuestro voto en las urnas. Un acuerdo de los de arriba con los de abajo, entre los pocos ricos del sur y los demasiado pobres del norte o viceversa, entre emprendedores y rentistas…España, para seguir en Europa, necesita un centroderecha y un centroizquierda decentes. La impunidad con la corrupción, la desigualdad en el reparto de las consecuencias de la crisis, la sumisión acrítica a los designios del ala dura de la UE. La pasividad de estos años, la falta de cintura para solucionar problemas estructurales como la burbuja inmobiliaria, los desahucios, la dación en pago, la inversión desmesurada en hormigón o la elusión fiscal, el echar mano de las arcas del Estado, han impedido que los diques desaguaran la tensión traducida en pobreza y desigualdad.
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Sin espigones ni diques de contención
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