La pandemia marca un Corpus Christi en el que los fieles agradecen el “heroico esfuerzo” de sanitarios y voluntarios

Por segundo año consecutivo, Melilla no pudo celebrar el Corpus Christi con la tradicional procesión por el centro

Por segundo año consecutivo, Melilla no pudo celebrar el Corpus Christi con la tradicional procesión por el centro. La pandemia, nuevamente, volvió a marcar esta ceremonia, y no solo en las formas, sino también en la oración que dirigió el vicario episcopal, Eduardo Resa, quien agradeció, en nombre de los fieles, el “heroico esfuerzo” del personal sanitario y los voluntarios que están afrontando la crisis del coronavirus en primera línea. Este año, a diferencia del anterior, la celebración del Corpus Christi contó con una mayor afluencia de personas, no solo en el interior de la Iglesia del Sagrado Corazón, cuyo aforo está limitado a la mitad por las normas anticovid, sino también en la Plaza Menéndez Pelayo.

Los niños que este año han hecho su Primera Comunión volvieron a tener un papel protagonista en el Corpus, poniendo la nota de color no solo con sus impecables trajes y vestidos, sino también con el lanzamiento de pétalos de flores mientras el vicario hacía su bendición a los cuatro puntos cardinales.

También los familiares de los pequeños que, conscientes de que era un día importante para ellos, se pusieron sus mejores galas e inmortalizaron el momento con sus móviles y cámaras y aplaudieron durante la bendición, un bello momento con el que se ponía el broche a la celebración.

La solemnidad del Corpus Christi arrancó con una Eucaristía en la Iglesia del Sagrado Corazón, engalanada con la bandera de Vaticano y preciosas flores en las columnas laterales de la entrada principal. Las restricciones de la pandemia impidieron que gran parte del público pudiera entrar, obligándoles a esperar en la Plaza Menéndez Pelayo.

Posteriormente, tuvo lugar la procesión claustral hasta el pórtico de entrada al templo. Los guiones de las hermandades y cofradías acompañaron al vicario episcopal, que dirigió la oración en un pequeño altar instalado en la puerta principal de la iglesia.

Eduardo Resa tuvo palabras de recuerdo, agradecimiento y ruego por la pandemia, “más de un año y medio de dramática situación, llena de sufrimiento y angustia que oprimen al mundo entero”, y que da lugar a un “futuro incierto”.

“Que esta dura prueba termine y volvamos a encontrar un horizonte de esperanza y paz”, pidió el vicario, que agradeció, en nombre de los fieles, el trabajo del personal sanitario y a los voluntarios que “combaten en primera línea y arriesgan sus vidas para salvar otras”. “Concédeles fuerza, bondad y paciencia”, pidió Resa al Señor.

Y también le hizo otros dos ruegos. Uno, que “ilumine a las mentes de los hombres y las mujeres de la ciencia para que encuentren soluciones adecuadas y se venza este virus y otros que puedan venir”. El segundo, que asista a “los líderes de las naciones para que actúen con sabiduría y diligencia y generosidad, socorriendo a quienes carecen de los necesario para vivir, planificando soluciones sociales y económicas de largo alcance”.

“Con espíritu de solidaridad, toca las conciencias para que las grandes sumas de dinero usadas en incremento de armamentos sean usadas y destinadas a promover estudios de prevención de catástrofes similares”, agregó.

Tras la oración, y antes de regresar al templo, el vicario hizo una bendición con la sagrada forma a los cuatro puntos cardinales, momento en el que las campanas del Sagrado Corazón comenzaron a repicar y los niños que este año han hecho su Primera Comunión lanzaron al aire pétalos de rosa mientras las personas congregadas en la Plaza Menéndez Pelayo rompieron en aplausos. Un bello momento con el que Melilla ponía fin a una celebración del Corpus Christi con restricciones, pero cargada de emoción.

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