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Economía

El futuro económico de Melilla

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Por Gonzalo Fernández 

Recientemente algunos colaboradores de este medio han tratado el tema del futuro económico de Melilla, enfocándose en diversos aspectos de este.

Un factor de enorme importancia para un estudio económico en el caso de Melilla, aún en mayor grado que en Ceuta, es el de la localización desde el punto de vista de la conveniencia para el establecimiento de empresas en un determinado lugar y no en otro. Para ello nos basaremos en un estudio somero de los factores influyentes generalmente admitidos en teoría económica.

Es conveniente hacer primero referencia a la situación actual de las empresas en Melilla, según datos de EURES de 2019, que usamos como válidos al evitar las distorsiones producidas por la pandemia de COVID 

En la composición del producto interior bruto en la ciudad, la mayor aportación la realiza el sector de Administración Pública y defensa; Seguridad social obligatoria; Educación; Actividades sanitarias y de servicios sociales; Comercio al por mayor y al por menor. Como se puede observar, todas estas actividades tienen un valor añadido escaso o nulo: no se transforman bienes de menor valor en otros de mayor valor mediante el trabajo.

Según el Directorio Central de Empresas (DIRCE) el 60 % de las empresas no emplea a ningún asalariado y el 33,68 % entre 1 y 5 asalariados. O sea, son microempresas con escasa o nula capacidad para crecer mediante inversión financiada o para generar valor añadido.

Por fin, la tasa de paro es del 28,99 %, la más elevada del conjunto de España.

Con estos datos en mente volvemos al estudio de las posibilidades que ofrece Melilla para el establecimiento de empresas que generen valor añadido, desde el punto de vista de la localización.

Melilla carece casi en su totalidad de materias primas transformables, lo que es un factor limitante en cuanto al tipo de empresas que se pueden establecer, ya que toda la materia prima debería ser traída desde fuera, encareciendo así los costes de producción de empresas transformadoras.

Lo mismo ocurre con la proximidad a los posibles mercados, ya que además del transporte terrestre sería preciso un tramo marítimo.

La disponibilidad de mano de obra podría ser considerada como amplia, pero con escasa o nula preparación para empresas que requieran de una cierta especialización de sus trabajadores, lo que obligaría a traerlos desde fuera o a un costoso y largo proceso de entrenamiento.

La disponibilidad de infraestructuras es también limitada, en particular en el sector de las telecomunicaciones, internet y en el de la energía.

Los medios de transporte estarían prácticamente limitados al marítimo, ya que el aéreo encarecería en gran medida el coste. 

Los costes del terreno y de la construcción son también muy altos. 

La legislación actual y las ayudas económicas ofrecidas no constituyen tampoco un factor de atracción. Deducimos por tanto que las empresas que podrían establecerse con éxito en Melilla, por factores de localización y limitado volumen de producción, serían pequeñas empresas con un alto componente de valor añadido, pero precisarían de inversiones de la administración en la mejora de las comunicaciones en general y de las telecomunicaciones en particular, así como incentivos ofrecidos por la administración central o local en apoyo financiero, deducciones temporales de impuestos u otros que hagan atractiva una localización que, por otra parte, no lo es tanto. 

Una mejoría sustancial y estable, poco probable, en las relaciones con Marruecos, podrían abrir otras perspectivas económicas no presentes en la actualidad. Sería una tentación fácil el comparar y tratar de obtener enseñanzas de la situación de Melilla en relación con la de Gibraltar o, buscando una referencia más lejana y enormemente exitosa, con Singapur. 

El caso de Gibraltar nos puede dar algunas indicaciones, pero teniendo en cuenta que dispone de una legislación especial por la que está exento del arancel externo común, la política agrícola común y la obligatoriedad del IVA. Por ello atrae muchas empresas establecidas legalmente en Gibraltar pero que operan en otros lugares, así como empresas financieras y de juegos en línea. El puerto atrae mucho tráfico por su situación privilegiada en el Estrecho de Gibraltar y de nuevo por su situación especial, que rebaja el coste de las empresas de fletes y de los combustibles.

El caso de Singapur es totalmente diferente ya que, con una población de casi seis millones de habitantes, una mano de obra altamente calificada, una situación privilegiada en el sudeste asiático y una economía totalmente liberalizada basa su éxito en una trifecta: el segundo puerto comercial del mundo, un sector financiero con más de ciento cincuenta bancos y un foco industrial en productos de alta tecnología y alto valor añadido. 

Podemos concluir que el progreso económico de Melilla requiere de un compromiso firme y sostenido por parte de las administraciones, que permita establecer las bases necesarias para un desarrollo basado en las posibilidades reales de la ciudad y no en planes etéreos y buenistas que a nada llevan.

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