No podemos conformarnos con una sola frontera abierta

Melilla, de momento, tendrá que conformarse con un solo paso fronterizo abierto. Lo confirmó hace unos días la delegada del Gobierno, aunque era algo que, más o menos, ya intuíamos todos por la falta de movimiento en los controles de Farhana, Barrio Chino y Mariguari. Los tres siguen tal y como se quedaron aquel 13 de marzo de 2020, cada vez más lejano, en el que Melilla se quedó incomunicada con su entorno marroquí por la decisión del país vecino de cerrar todas las fronteras terrestres. La pandemia justificó aquella decisión que vino sola desde el otro lado de la frontera, a la que siguieron otras razones no reconocidas oficialmente, como la crisis política y diplomática entre España y Marruecos.
Vamos camino de 900 días que esos pasos, considerados “vecinales”, están cerrados. Es una mala noticia que lleven así tanto tiempo, que vayan a seguir así por ahora y, sobre todo, que no haya visos de que la situación pueda cambiar en el corto plazo. Lo peor es que no sabemos exactamente la razón. La delegada del Gobierno justifica que ahora están centrados en “normalizar” la frontera de Beni Enzar, la única de las cuatro que ha podido retomar su actividad en el contexto de la “nueva etapa” en las relaciones entre España y Marruecos. Como es habitual, tampoco conocemos la postura de Marruecos sobre si tiene voluntad o no de que esas fronteras reabran en algún momento. Ahí, como ocurre con casi todo, podría estar el quid de la cuestión.
Y decíamos que es una mala noticia porque Melilla no puede conformarse con tener una puerta abierta cuando podría tener cuatro, especialmente en una época de tanto trasiego como suele ser el verano y la Operación Paso del Estrecho, que este año está batiendo récords. Si ahora, aparentemente, no hay fricciones políticas entre los dos países vecinos, ¿por qué no se siguen dando pasos hacia adelante en esa “nueva etapa” de la relación hispano-marroquí?
Podría ser por el estado en el que se encuentran las instalaciones de esos tres pasos fronterizos después de cerca de dos años y medio cerrados. También la falta de recursos humanos en una época siempre complicada, como es el verano. De ser estos los motivos que están detrás de ese cierre sine die de Farhana, Barrio Chino y Mariguari, la falta de voluntad política por parte del Ministerio del Interior y el conjunto del Gobierno sería más que evidente, puesto que Melilla, antes de la pandemia, tenía esas fronteras completamente operativas y con los recursos necesarios para su funcionamiento, bien es verdad que con un horario establecido y no 24 horas al día, 7 días a la semana, como sucede con la de Beni Enzar.
Pero incluso de esa manera limitada, esas tres fronteras podrían suponer un alivio en el tránsito y, sobre todo, una imagen de nueva normalidad en la relación entre España y Marruecos, porque seguiría avanzando esa apertura gradual anunciada que, por ahora, parece estancada con un solo paso operativo de los cuatro disponibles y una aduana que sigue cerrada y que aún no tiene fecha para que reabra. No podemos conformarnos con esto, sobre todo después de que España haya dado, por ahora, más que Marruecos en esta nueva etapa con un giro histórico de su postura sobre el Sáhara. Queremos recuperar lo que teníamos, ni más ni menos.

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