El fútbol melillense está de luto tras el fallecimiento este martes, a los 81 años de edad, de Pedro Botello Sánchez, una de las figuras más emblemáticas de la historia deportiva de la ciudad tanto por su brillante trayectoria como futbolista como por su extraordinaria labor como entrenador y formador de generaciones de jugadores. Su desaparición deja un enorme vacío entre quienes compartieron con él vestuario, banquillo o, simplemente, la pasión por el fútbol.
Nacido en Melilla el 20 de noviembre de 1944, Botello inició muy joven su carrera futbolística en equipos de la ciudad hasta que, con apenas 18 años, dio el salto al Adra almeriense. Su facilidad goleadora le llevó posteriormente al Atlético Cordobés, donde firmó una temporada extraordinaria con 32 goles, un rendimiento que le abrió las puertas del Rayo Vallecano, con el que militó en Segunda División.
Su trayectoria continuó en el Onteniente y el San Andrés, también en la categoría de plata del fútbol español, antes de regresar al Melilla C.F., club en el que militó durante dos temporadas. Posteriormente defendió las camisetas del Portuense y del Lorca, para cerrar su carrera deportiva nuevamente en su ciudad. Lo hizo primero en el Melilla Industrial y, posteriormente, en la Sociedad Deportiva Melilla, equipo en el que disputó sus dos últimas campañas e incluso retrasó su posición para actuar como defensa central antes de colgar definitivamente las botas.
Una vez finalizada su carrera sobre los terrenos de juego, Pedro Botello inició otra no menos brillante desde los banquillos. Dirigió al Industrial Melilla, a la U.D. Melilla, al Hilal de Nador y a la Peña Real Madrid, además de ejercer como segundo entrenador de la U.D. Melilla junto a José Víctor, formando parte del cuerpo técnico que logró el histórico ascenso a Segunda División B en la temporada 1986-1987.
Gran defensor de la cantera
Sin embargo, más allá de su trayectoria deportiva, Pedro Botello será recordado por su firme apuesta por el talento local. Fue un convencido defensor de la cantera melillense y uno de los entrenadores que más jóvenes futbolistas hizo debutar en categoría nacional, muchos de ellos con apenas 15 o 16 años. Creía ciegamente en las posibilidades del futbolista melillense y nunca dudó en dar oportunidades a quienes destacaban por su trabajo y compromiso. Su legado permanece vivo en decenas de jugadores que crecieron bajo sus enseñanzas y que siempre encontraron en él a un entrenador exigente, cercano y profundamente humano.
Su dedicación al deporte fue reconocida públicamente en febrero de 2003, cuando recibió el Premio Pedro de Estopiñán, concedido por la Asociación de la Prensa Deportiva de Melilla durante la IX Gala del Deporte, un galardón que distinguía toda una vida entregada al fútbol melillense. También fue homenajeado en 2017 por el Grupo Amigos Futboleros de Melilla que preside Manolo Agulló.
El último adiós a Pedro Botello tendrá lugar este miércoles, 15 de julio, a las 10’00 horas. El cortejo fúnebre partirá desde el Tanatorio Municipal hasta la capilla del cementerio de la Purísima Concepción, donde se oficiará un responso corpore insepulto antes de recibir sepultura. Familiares y amigos han solicitado a quienes le conocieron que lo tengan presente en sus oraciones y acompañen a la familia en estos difíciles momentos.
Desde la Redacción Deportiva de MELILLA HOY expresamos nuestro más sentido pésame a su esposa, hijos y demás familiares, deseándoles la necesaria resignación cristiana para afrontar una pérdida tan dolorosa.
A título estrictamente personal, quien firma estas líneas no puede despedir a Pedro Botello únicamente como un referente del fútbol melillense. Para mí fue un auténtico padre deportivo y una figura esencial dentro de aquella gran familia que formábamos en el Industrial Melilla, presidido entonces por Paco Benítez. Con tan solo 17 años me brindó la oportunidad de debutar en el Grupo IX de Tercera División, depositando su confianza en un joven que había pasado por las categorías inferiores de la U.D. Melilla, Convivencia y C.D. Real.
Cuando recuerdo aquella etapa de mi vida, inevitablemente me vienen a la memoria su figura, sus enseñanzas, su forma de entender el fútbol y ese estilo tan particular que tenía para dirigir a sus jugadores y también para corregirlos cuando consideraba que algo no se estaba haciendo bien.
Bajo su dirección aprendí no solo conceptos futbolísticos, sino también valores como el esfuerzo, el respeto, el compañerismo, la humildad y el compromiso. Siempre le guardaré un inmenso cariño y una profunda gratitud por todo lo que me enseñó dentro y fuera del terreno de juego. Su recuerdo permanecerá para siempre entre quienes tuvimos la fortuna de conocerle y compartir con él una parte de nuestras vidas.







