:El tiempo de la vacunación a demanda ha pasado

Cuando los datos parecen indicar que España está en la zona de inflexión de la curva epidémica de la presente ola, y la cepa Ómicron copa los titulares de los medios informativos -especializados o no-, el debate parece centrarse ahora en cómo proceder con las dosis de recuerdo de la vacunación.

Todo es cuestión de recursos y costes, y así deben de entenderse el no realizar tests ¡ni para el diagnóstico, ni para el alta!, o la decisión sobre las dosis de recuerdo, que debería de estar basada en la determinación del estado inmunitario mediante la titulación preceptiva; al no ser posible con los actuales recursos, el “chocolate para todos” está servido, y será la combinación del resultado de estudios epidemiológicos ad hoc con la disponibilidad de vacunas, la que fije la frecuencia en la revacunación.

La investigación más avanzada, va ahora por la vía de lograr una vacuna que sea efectiva frente a la mayoría de las cepas existentes y ante las que sean previsibles en el futuro, y ello sólo es posible mediante la detección de los marcadores antigénicos comunes adecuados; me reitero en la convicción de que vamos a una dosis anual de recuerdo, que por la franca relación de los picos con la climatología y sus efectos en las costumbres de la población, debería de darse en el cuarto trimestre del año, de ahí que se pueda prever su administración junto a la de la gripe. Ello al menos durante unos años, por el riesgo cierto de la aparición de mutaciones que den origen a nuevas olas pandémicas, surgidas del hecho de la deficitaria o nula vacunación de dos tercios de la población mundial.

En Melilla, señalar el acierto de llevar la vacunación infantil a los centros, ya que no es de recibo que cuando otras vacunas sí se administran en los centros -tanto a docentes como a alumnos-, la de la COVID-19 no se haya realizado así desde el principio. Estoy convencido de que si en diciembre se hubiera empezado de este modo, Melilla no estaría –de nuevo- en el furgón de cola en cuanto a protección de su población.

Frente a la realización masiva en otras Comunidades Autónomas, no se entiende la estrategia en Melilla de recortar el acceso a los tests diagnósticos, aunque sea priorizando a determinados grupos, ello conlleva un sesgo notorio de los datos y del análisis la evolución de la epidemia en la ciudad; no obstante, basta un simple vistazo al porcentaje de positivos sobre el total de pruebas realizadas –que no baja del 40%-, para ver que estamos en plena cumbre de la presente ola.

Y a destacar el logro de la Atención Primaria, de detectar y captar a más de quinientas personas mayores de 65 años para su vacunación. Sólo queda ahora comprobarlo.

N.A.- La homogeneidad con Ceuta alegada por el INGESA, para rechazar la solicitud de ponerle el nombre de Fidel Pagés al futuro hospital de Melilla, no tiene fundamento de peso alguno; la indudable categoría científica del personaje –que trasciende lo local y nacional-, su relación con Melilla y nacer desde una sensación muy extendida en el tejido sanitario local, vehiculada por una propuesta conjunta de entidades con indudable peso académico y profesional en la sanidad melillense, deberían de ser suficientes para ello. Y estoy seguro de que si Ceuta, tuviera en su historia un personaje de la entidad del Dr. Pagés, no dudaría en proponerlo para su hospital.

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