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Opinión

El peligro de los megalomaníacos

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Ilustración por Glenn McCoy

Por Gonzalo Fernández

En los próximos días va a ser publicado un libro titulado “Peril” (Peligro) escrito por Bob Woodward, famoso y muy prestigioso periodista estadounidense con dos premios “Pulitzer”, los “Oscars” del periodismo, el primero y más famoso por su cobertura del escándalo Watergate que costó la presidencia a Nixon.
Su último libro trata principalmente, aunque no sólo, sobre Trump y su actuación antes, durante y después de las elecciones que le costaron la presidencia. Y también sobre el escándalo del asalto al Congreso por parte de sus seguidores. Había escrito “servidores” y no sé si fue un lapsus de mi mente o una corrección incorrecta, valga la redundancia, del editor de texto del ordenador.
Este libro es muy relevante, en nuestro contexto español, porque expone con detalle el enorme daño que una mente egocéntrica o sencillamente megalomaníaca puede hacer al país y sus consecuencias a largo plazo. Y lo expuesto anteriormente también aplica a los gobernantes que se aferran al sillón a cualquier coste, como Trump trató de hacer en su momento y como todavía parece tener en su mente.
La revelación quizás más escandalosa es que el General Milley, el militar de mayor graduación de los Estados Unidos, estaba tan asustado sobre lo que Trump podía hacer para mantenerse en el poder, incluyendo ordenar acciones que podían desencadenar un conflicto con China, que por dos veces telefoneó secretamente a su homólogo chino, el General Zuocheng, para asegurarle que Estados Unidos no emprendería acciones ofensivas en contra de China.
Puede imaginarse que, de haberse descubierto estas llamadas, no sólo habría perdido su puesto, sino que habría incurrido en la ira de Trump, con consecuencias posiblemente terribles.
Milley pensaba que, tras la elección, Trump había sufrido un rápido declive de sus facultades mentales y era inestable, por lo que pidió a sus subordinados, incluyendo a los encargados de activar las armas nucleares, que no emprendieran acción alguna sin consultarle primero, independientemente de quien lo ordenara.
 
Ilustración por Glenn McCoy
Este temor al estado mental de Trump era compartido por muchos de los altos cargos de la administración, incluyendo a la directora de la CIA, Gina Haspel, quien dijo a Milley que temía un golpe de estado de la extrema derecha.
El ego de Trump tras las elecciones era tan frágil que congresistas republicanos pidieron a congresistas demócratas amigos de Biden, que éste no le llamara tras las elecciones, por miedo a una rección furibunda de Trump.
De lo aquí descrito es fácil obtener conclusiones y semejanzas con la situación política en España y en Melilla, donde los presidentes hacen lo que sea necesario, aún a costa de poner en peligro el bienestar de los ciudadanos o incluso la unidad de España, para en mayor o menor medida sostener su megalomanía o su amor al sillón y a las prebendas que proporciona.
Y también son culpables los que callan y otorgan para mantener sus ansias de poder y sus prebendas.
Quedamos pendientes de leer, en su momento y ojalá así sea porque la alternativa sería aún peor, las declaraciones y las justificaciones de los que ahora callan o, como mucho, hablan, pero sin gritar a los cuatro vientos el declive que la democracia y la unidad de España están padeciendo.

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