El Papa León XIV defiende en su primera encíclica, titulada Magnifica Humanitas y publicada el lunes 25 de mayo, la necesidad de aprobar normas que fijen «límites de edad» para el acceso de los menores a las plataformas digitales y que obliguen a los proveedores de estos servicios a asumir responsabilidades.
«Son oportunas intervenciones legislativas que establezcan límites de edad, responsabilicen a los proveedores de servicios –sin descargar, sobre las familias, el peso de la limitación– y prevean protecciones específicas contra toda forma de explotación y violencia sexual en Internet», subraya el documento.
El Pontífice, licenciado en Matemáticas, también alerta sobre los riesgos de entregar un teléfono móvil personal a los niños a edades demasiado tempranas. «Tener un teléfono móvil personal demasiado pronto y utilizarlo sin el control de los adultos puede acentuar la fragilidad y favorecer las adicciones en los jóvenes , exponiéndolos a dinámicas de aislamiento, acoso y ciberacoso, así como a la presión para compartir imágenes íntimas o datos sensibles posibilidades «, señala.
Para sostener estas advertencias, el Papa se apoya en la literatura psicológica y psiquiátrica, según la cual «una exposición precoz y sin supervisión a los dispositivos digitales y a las redes sociales puede afectar negativamente» a niños y adolescentes.
Entre los efectos perjudiciales, menciona alteraciones del sueño, problemas de atención y dificultades en la regulación emocional, «con consecuencias a veces dramáticas». También advierte sobre «la facilidad de acceso a escenas violentas o crueles», a «contenidos pornográficos e hipersexualizados, a mensajes que banalizan el cuerpo y la afectividad, y a propuestas que normalizan comportamientos de riesgo».
Asimismo, denuncia los «fenómenos de captación, chantaje y explotación sexual de menores», que se vuelven más peligrosos por «el uso de perfiles falsos, de algoritmos que amplifican contactos peligrosos y de herramientas de IA capaces de manipular imágenes y vídeos».
En el ámbito educativo, León XIV subraya el papel de la escuela para que las nuevas generaciones aprendan «a amar y buscar la verdad». En este sentido, plantea tres retos «impostergables»: uno sociopolítico, otro pedagógico y otro de carácter intelectual.
Respecto al primero, el Papa advierte del peligro de encomendar a instituciones privadas una parte importante de la educación. A su juicio, si no existe un apoyo público suficiente, el acceso a la escuela puede depender en exceso de la situación económica de las familias. No obstante, valora la «contribución de muchas obras educativas católicas», que realizan «una acogida inclusiva».
En cuanto al reto pedagógico, señala que la inteligencia artificial está haciendo que los planes de estudio queden obsoletos, por lo que pide favorecer la formación continua de los docentes. Sobre el tercer reto, de carácter sapiencial, alerta del riesgo de que surja un sistema educativo «en el que el flujo incesante de información sustituya al ejercicio de la investigación, la reflexión y el discernimiento».
«Debemos aprender a prescindir de la IA y proteger a nuestros jóvenes de la promesa de la máquina perfecta, de esa sutil seducción que hace parecer inútil el pensamiento humano precisamente cuando más se necesita», afirma.
Por último, en el terreno de la comunicación, el Papa advierte contra la «desinformación» amplificada por la IA. También pide «no demonizar ni idolatrar a los medios» y reclama establecer «reglas que hagan más transparentes los criterios con los que se seleccionan y amplifican los contenidos y que protejan los datos personales».
Además, apela a un «periodismo serio» y a la creación de espacios de debate en los que prevalezcan la argumentación, la verificación y la búsqueda de la verdad.



