Del orgullo a la vergüenza

Algo que fundamos nosotros los españoles, la comunidad hispana, representa ya el 14,3% del censo electoral de los EEUU. Antes los “hispanos” votaban mayoritariamente demócratas, ahora republicanos, que son los que parece que van a obtener la mayoría en las dos cámaras – Congreso y Senado-en las elecciones, en las que “lo que más preocupa a los norteamericanos es la inflación y la economía, por un amplio margen” (Peter A. Hall, profesor de la Universidad de Harvard, declaraciones publicadas en el diario La Razón el 7 de noviembre un día antes de las elecciones).

El resultado de las elecciones en la primera potencia mundial nos afecta a todos (como la política en general) se quiera o no, nos guste o nos disguste. El resultado en EEUU ha sido que los republicanos han ganado, aunque con menos diferencia de lo que las encuestas indicaban. El segundo resultado es que a Donald Trump le ha salido un contrincante importante, Ron DeSantis, dentro de su partido, de cara a la candidatura presidencial en las elecciones norteamericanas de dentro de dos años. Los progres, cuyo asidero principal es atizar a Trump -que proporciona abundantes razones para ser atizado, por cierto- deben de estar muy desilusionados pensando que Trump no sea el candidato presidencial con el que poder seguir practicando el puching ball- del según ellos (los progres izquierdistas) el país más malvado del mundo, el Imperio del mal. Lo resaltable para nosotros, los españoles, es que la influencia de lo que antaño hicimos tiene cada vez mayor importancia en la primera potencia del mundo de hoy. De eso podemos sentirnos orgullosos.

Vergüenzas

Es una vergüenza que exista en Melilla una maldita ‘tierra de nadie’ que no es tal, porque Marruecos -con la aquiescencia de los diferentes gobiernos españoles, que lo han permitido- ha ocupado esa tierra de nadie y la ha convertido en terreno marroquí, excepto cuando hay problemas en las fronteras melillenses, como ahora ha ocurrido.

“Agentes marroquíes actuaron en una zona de soberanía española”, titulaba ABC el miércoles. Conclusión evidente (o inevitable, si se prefiere): el ministro Marlaska mintió. Pero no se alegren: este juez devenido en político y ministro, ya ha anunciado que no dimitirá. Otra cosa es que el amado jefe (de él y por él) se incline, cuando a él le convenga y a pesar de lo que hoy dice, por los partidos que le mantienen en el Gobierno y -para evitar más disputas (que no le importan demasiado porque sabe que batasunos y separatistas solo tienen la salida, para cogobernar, de votar a Sánchez como presidente- y, sobre todo, para intentar evitar más pérdidas de votos (eso sí le importa y mucho), decida que ya ha llegado el momento de cesarlo. Marlaska terminará siendo, muy probablemente, el siguiente daño colateral de un obseso del poder sin sentimientos, de un verdadero psicópata.

Predomina la sensación de que lo que hace Bildu en la frontera de Melilla es, sobre todo, una campaña contra la Guardia Civil, una continuación de lo que hacen en el País Vasco. Estremece comprobar qué clase de representantes políticos tenemos en nuestro Congreso y en el Senado. Estremece este Gobierno de coalición que padecemos y el peso de los enemigos de España en el Gobierno…de España.

También es una vergüenza, de tono menor pero asimismo vergonzoso, que CPM y PSOE apoyen que el tránsfuga Jesús Delgado siga al frente de la sociedad pública Promesa, votando a favor de la propuesta del mismo Delgado de dejar “sobre la mesa” una nueva petición de su cese por parte del PP, a la espera de “un informe jurídico”. Esa era parte de la portada de nuestro periódico del miércoles.

Lo importante, en este caso, no es lo que diga el PP -que en esta ocasión acierta al pretender el cese de Delgado como presidente de la sociedad pública Promesa- ni que CpM y PSOE -que en este caso se equivocan y mucho-, lo importante y lamentable es que un tránsfuga y un ignorante en economía como Jesús Delgado siga presidiendo Promesa. Su repugnante situación política de tránsfuga y diputado 13 bis -para disuadir a Eduardo de Castro, por si acaso- no justifica que dos partidos -CpM y PSOE- que están gobernando Melilla, una ciudad con inmensos e irresolutos problemas económicos, mantengan a Delgado presidiendo y mal utilizando una sociedad pública como Promesa, que debería ser un proyecto dedicado a intentar mejorar la tan necesitada economía local, algo que, con el lastre de un presidente tan ignorante como Jesús Delgado, es imposible de conseguir.

A nosotros nos avergüenza, asimismo, lo que tenemos que publicar hoy en nuestra portada. Sócrates prefirió beber la cicuta y morir antes que esquivar lo que la justicia había decidido: condenarle a muerte. Una condena que, como toda la humanidad sabe, era injusta. Hoy, con vergüenza, tristeza e indignación, publicamos lo que un juzgado y una Audiencia nos obligan publicar. Pedimos perdón a los melillenses por el tostón y repetimos que el fallo de esos dos órganos judiciales es, en mi opinión y en la de todos los juristas de prestigio que he consultado, un verdadero fallo, en el sentido más amplio de la palabra, o sea un error, humano (no de ningún dios, aunque algunos quisieran serlo). Un fallo que tenemos que acatar (son gajes del oficio) pero que nos parece un ataque a la libertad de expresión, algo que no se debería producir en ningún país verdaderamente democrático.

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