“Cruzar y no morir en el intento”

La calle, cruzar la calle por uno de esos lugares que no son un homenaje al mundo animal, sino un espacio seguro por el que el peatón, con cautela razonable, puede atravesar la calzada y llegar a la otra orilla sin “ahogarse” en su intento. El “paso de cebra” se ha convertido con excesiva frecuencia en un tiento al demonio; goza del mismo respeto por lo general que un maestro de escuela (tal como está la Educación).
A la incertidumbre al intentar atravesar el paso de peatones se suma que Melilla está sumida en grandes obras(seguro, todas necesarias), levantada, con demasiadas aceras intransitables, con el excesivo tráfico aumentado en desregulación y con una planificación (sorda por lo general a la opinión ciudadana, aunque ya se sabe que el verbo “escuchar” es de los menos conjugados en la gramática política) mas cercana al yugo de las fechas electorales cercanas. Demasiada escenificación de inauguración: inicio de las obras, fin de las mismas, apertura…etc, demasiada.

Y así, con lo grande y en desorden, lo pequeño, las pequeñas cosas que hacen de la vida mas amable y segura, suelen quedar traspapeladas, relegadas u oscurecidas. Hay medios para ralentizar la circulación ante un paso de cebra, en algunos se han empleado. Cuesta trabajo entender el por qué no en otros que producen una descarga de adrenalina añadida a tantos “síncopes rodantes” en puro desenfreno de su incivismo allá donde tengan unos metros de asfalto por delante, cuando la incidencia de atropellos, y de casi ellos, es conocida (ejemplo Avenida(cual recta de meta) y aledaños, no los únicos).

Y así va la vida en una carrera hacia mayo, cual circuito en el que, además de la descalificación a los ajenos, predominan los gritos de aliento de incondicionales y deudores sin dimensión circular de lo que acontece y sin mas diálogo que el de sede para dentro y en línea recta hasta la meta y el sufragio ganado. Mientras, todo aquello y de importancia que merece y necesita de la discusión y acuerdo ciertos entre distintos por el grado de incertidumbre que “regala” a la vida de los ciudadanos de acá, solo es munición y arma arrojadiza. La Melilla dividida, fragmentada, sin apenas visión abierta, general y si umbilical.

Y si de cruzar a la otra acera, a la otra orilla, se trata, este pasado fin de semana “cruzó”, falleció, un hombre íntegro, Fernando Meliveo Reynaldo. Profesor, artista, militar y que se adentró en su día en la vida política. Consejero del Gobierno Autónomo y Vicepresidente, no recaló en ese aspecto del servicio público para hacer de el un medio de vida, ni mucho menos, negocio. De paso efímero en la Asamblea de la ciudad, dejó ejemplo. Es solo una opinión.

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