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Opinión

Ciencia-ficción crítica y entretenida

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Cartel de In Time

Por: Diego Portillo

Aprovechando que Netflix y Amazon Prime Video la han incluido en sus catálogos recientemente, lo que facilita enormemente su visionado para todo aquel interesado, hoy recuperamos una película que pasó mucho más desapercibida por la cartelera española de lo que realmente merecía: In Time.
El guionista de la magnífica “El show de Truman”, y director y guionista de obras notables como “Gattaca” o “El señor de la guerra”, nos adentra en un futuro cercano en que los hombres han sido modificados genéticamente. De este modo los niños nacen con un reloj incorporado que, al cumplir los 25 años, se activa otorgándoles un año de vida e impidiéndoles envejecer físicamente. A partir de ahí cada ser humano gana tiempo con su trabajo y lo gasta para comprar cualquier tipo de necesidad, desde un café hasta una casa o un coche. El problema surge porque, como en toda sociedad, se generan grandes diferencias entre los millonarios que tienen miles de años a su disposición y los pobres que viven sin saber si van a conseguir el tiempo suficiente para vivir hasta el día siguiente.
De este modo el mundo se ha dividido en barrios con grandes diferencias sociales entre sí denominados zonas horarias. Aunque la circulación entre las diferentes zonas horarias es libre, para pasar de una a otra es necesario pagar un peaje de una cierta cantidad de tiempo, el cual se incrementa notablemente según se avanza hacia los barrios más ricos. De esta forma tan sencilla los ricos se aseguran de que los pobres no les perturben su placentera vida, manteniéndolos en barrios marginales en los que la gente se mata literalmente unos a otros por conseguir unos pocos minutos extra de vida.
Para que no haya robos se ha creado una policía encargada de vigilar el tiempo y controlar el flujo del mismo (¿no os recuerda a Wall Street controlando el flujo de dinero?) pero que en la práctica sólo se encarga de velar por la seguridad de los abultados relojes de los millonarios mientras que en los barrios marginales hay asesinatos cada día (además de todos los que mueren porque su reloj se agota) sin que les preocupe lo más mínimo ni haya investigación alguna al respecto. Así, Will Salas (Justin Timberlake), un humilde obrero de la construcción, será perseguido por dicha policía cuando un millonario que se topa con él por casualidad, cansado de vivir eternamente (muy interesantes las razones que expone, no es un suicida que no ame la vida), le regala más de 100 años y se quita la vida. Desde este momento será acusado del asesinato del millonario, así como del robo de su tiempo, siendo perseguido con dureza por dicha fuerza de seguridad.
A partir de esta premisa tan interesante se articula una historia con una fuerte carga crítica contra el afán de inmortalidad del ser humano así como contra la capacidad de explotación de los débiles por parte de los poderosos. Apoyada por unas interpretaciones correctas, tanto de Justin Timberlake (quien ya sorprendió con su interpretación de Sean Parker en “La red social”) como de Amanda Seyfried (que interpreta a una millonaria acomodada que poco a poco se empieza a plantear preguntas sobre el mundo en que vive), destaca especialmente Cillian Murphy (conocido mundialmente por ser el espantapájaros de la trilogía de Batman de Christopher Nolan) como el vigilante del tiempo encargado de perseguir a los protagonistas y quién, curiosamente, apenas se hace preguntas sobre la supuesta justicia que defiende e imparte a diario.
Un fuerte componente crítico y el hecho de invitarnos a reflexionar sobre multitud de cuestiones tan propias del ser humano y tan rabiosamente actuales, así como un punto de partida tan interesante y polémico, hacen de esta película un entretenimiento más que notable, del cual podemos extrapolar muchas ideas a nuestra realidad cotidiana y a nuestra filosofía de vida diaria.

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