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Opinión

China como potencia emergente (II)

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China

Por Gonzalo Fernández

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Como decíamos en “China como potencia emergente (I)”, publicado el pasado jueves 2 de septiembre de 2021, desde hace años China está proyectando poder blando, siguiendo en muchos casos los principios marcados hace siglos por Sun Tzu en su libro “El arte de la guerra”, que se sigue todavía estudiando con devoción en las escuelas militares de ese país. El poder blando lo proyecta China tanto interna como externamente.
Internamente, el poder del Partido Comunista Chino alcanza hasta los últimos rincones del país. El propio presidente, Xi Jinping, no dejó ninguna duda cuando dijo en su discurso ante el 19º Congreso del Partido: “El partido ejerce liderazgo total sobre todas las áreas de actuación en cualquier lugar del país”.


Garantizar la supremacía absoluta del partido comunista y su supervivencia, son indudablemente las primeras prioridades para la política interior del país. En zonas donde existen minorías no favorables al gobierno, como el Tíbet y Xinjiang, la política del partido es desplazar masas de chinos “Han” y facilitar su asentamiento para variar el equilibrio demográfico.
La proyección de poder blando en el exterior se centra en las áreas del comercio y las finanzas. En lo relativo al aspecto financiero, ha creado el “Banco Asiático de Inversión en Infraestructura”, para colocar parte de sus reservas en proyectos de infraestructura, en muchos casos en África y Latinoamérica, relacionados con la obtención y explotación de los recursos que China necesita. El banco tiene ya 80 miembros entre efectivos y prospectos, incluyendo la totalidad de los países europeos más importantes y 14 de los miembros del G-20.
Para completar la proyección de poder blando e iniciar la de poder duro, China ha creado la iniciativa llamada “Cinturón y Ruta”, que contempla dos grandes corredores de proyección de poder comercial. La ruta terrestre sigue aproximadamente la antigua “ruta de la seda”, enlazando China con Europa y recorriendo zonas de enorme interés estratégico por su abundancia de recursos energéticos, como son los países ribereños del Mar Caspio, ricos en petróleo y gas, y en su ramal sur a través de Turquía hasta el Mediterráneo.
El cinturón marítimo discurre, abrazando la costa asiática, por el Mar del Sur de China y el Océano Índico, hasta el Cuerno de África y, por el Canal de Suez, hasta Europa. Mediante conexiones ferroviarias, trata de unir los lugares en África de donde China obtiene parte de sus recursos con puertos en la costa, de forma similar a como lo hicieron las potencias europeas durante la colonización. La iniciativa trata de alcanzar al 60% de la población del mundo y al 34% del comercio mundial.
Utilizo este gráfico de la organización Merics (VER CUADRO 1) por ser el que en mi opinión mejor representa la situación actual de los cinturones e infraestructura.
Pero China no sólo proyecta poder blando. En la historia reciente, China ha utilizado su poder militar en numerosas ocasiones. Incorporó el Tíbet por la fuerza en 1950; participó con decenas de miles de soldados en la Guerra de Corea entre 1950 y 1953; se enfrentó a Taiwán en las denominadas “Crisis de los Estrechos de Taiwán” en 1954-1955 y de nuevo en 1958 y en 1996; aplastó la revuelta en Tíbet en 1959; inició una guerra fronteriza con India, en 1962, por el control de pequeñas áreas en los Himalayas, incidentes que se repitieron en 1967; participó en la guerra de Vietnam, inicialmente con armamento, asesores y ayuda económica y posteriormente con el envío de más de 300.000 soldados entre 1965 y 1969; ha tenido enfrentamientos con la marina de Vietnam, en 1974, en las Islas Paracel y de nuevo en 1988 en las Spratly; en 1979 inició una corta pero muy sangrienta guerra contra Vietnam, en ese momento aliado de la URSS.


En la actualidad, China reclama como su espacio terrestre, marítimo y aéreo lo incluido dentro de la “primera cadena de islas”, que incluye las Islas Paracelso, las Spratly y los bajos Scarborough, además de decenas de afloramientos rocosos, atolones y arrecifes, habiendo ya construido bases en algunas de ellas, apropiándoselas por la fuerza. La aceptación de estas reclamaciones le daría a China el control efectivo del Mar del Este de China y el Mar del Sur de China, a miles de kilómetros de sus costas, privando a los países ribereños y a una parte importante del comercio mundial, del acceso a aguas internacionales en la zona e invadiendo las 200 millas de la Zona Económica Exclusiva de esos países, que la legislación internacional contempla.


China no ha dudado en usar la fuerza para reclamar el área, pero Estados Unidos ha efectuado frecuentes demostraciones en la misma, ya que no reconoce las reclamaciones de China.
China también contempla la defensa de sus intereses en una segunda cadena de islas, más alejada de su territorio, que incluye las Islas Ogasawara (al sur y parte de Japón), las Islas Marianas (mancomunidad de EEUU), la Isla de Guam (EEUU) y el archipiélago de Palau (estado libre asociado de EEUU).

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