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Editorial

¿“Acostumbrados” a los saltos a la valla y la violencia?

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Gloria Rojas

“No es nada nuevo, estamos acostumbrados”. Esta fue la sorprendente respuesta que ofreció Gloria Rojas, en nombre del Gobierno de Melilla, cuando fue preguntada por los dos saltos a la valla que hemos tenido esta semana con apenas 48 horas de diferencia. No pudo estar más desafortunada la vicepresidenta primera de la Ciudad Autónoma y secretaria general del Partido Socialista de Melilla. Porque, aunque es cierto que no es la primera vez, ni será la última vez que nuestra frontera sufre intentos de entrada masivos como estos dos últimos, no se puede consentir que un representante político de los melillenses diga que “estamos acostumbrados” a que pasen estas cosas. ¿Nos tenemos que resignar, entonces, a tener este tipo de sobresaltos, que ponen en jaque la seguridad de nuestras fronteras? Gloria Rojas, dígaselo a los agentes de la Guardia Civil que se juegan el pellejo, de manera literal, custodiando el perímetro fronterizo las 24 horas del día, los 365 días del año.

Por la respuesta de Rojas, parece que tengamos que encogernos de hombros e interiorizar que esto es lo que tenemos por estar donde estamos. Y no. Porque es cierto que nuestra situación geográfica, un pequeño punto de Europa en África, puede hacer que estemos en el punto de mira de las mafias que trafican con seres humanos y de los propios inmigrantes que protagonizan estos intentos de entrada. Pero eso no significa que no se puedan evitar episodios de presión como los que estamos viviendo, lo que requiere muchos más medios, posibles soluciones legislativas y mucho trabajo con Marruecos y el resto de los países de origen y tránsito de la inmigración irregular.

Lo que pasa es que Rojas quería quitar hierro a la gravedad de la situación, por la que, en solo dos días, más de 300 inmigrantes han intentado acceder a Melilla por la fuerza, saltando la valla, y cerca de la mitad, algo menos de 150, han entrado hasta la cocina, dejando siete agentes de la Guardia Civil heridos. De ahí su interés en restar importancia, diciendo eso de que “estamos acostumbrados”.

Rojas no puede estar más equivocada porque no podemos acostumbrarnos a la violencia, que es en lo que se están convirtiendo los saltos a la valla, donde se han producido apedreamientos y se han intervenido barras de hierro y palos, además de garfios con los que los inmigrantes se ayudan para escalar la alambrada, muy afilados y que constituyen un serio peligro si, en mitad de la exaltación de un salto a la valla, los utilizan como arma para derribar el último obstáculo de su “sueño europeo”, que son los guardias civiles y policías que hay a pie de frontera.

Con sus palabras, por las que Rojas debería retractarse y pedir disculpas, está normalizando esa violencia que se está dando, lo que siempre lleva a problemas mayores en cualquier sociedad, incluida la nuestra. Los melillenses no estamos “acostumbrados” a los saltos a la valla, como dijo Gloria Rojas. Lo que queremos es que no ocurran más y el Gobierno de Sánchez no sabe cómo conseguirlo, lo que obliga a sus acólitos, entre ellos Rojas, a escurrir el bulto.

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