CEUTA Y MELILLA DESPUÉS DEL 30-J: NO ES MIGRACIÓN, ES COLAPSO DE ESTADO

Retrato de Habiba Ismail con fondo de sillas blancas

Por Habiba Ismail

El 30 de julio de 2026 cambió todo. No fue una crisis migratoria más. Fue una avalancha de 80.000 personas en dos días sobre una ciudad de 80.000 habitantes. Para que se entienda fuera de aquí: es como si de repente entraran tres millones de personas en Madrid a nado, sin agua, sin comida y sin dónde dormir.

¿No se pudo prever su magnitud? Los servicios de inteligencia avisaron de grupos de mensajería con cientos de miles de seguidores llamando a cruzar aprovechando la Fiesta del Trono, y de goteos de 150 personas al día. ¿Nadie calculó que serían 80.000 a la vez? ¿Porque no fue un plan militar? ¿Fue un fenómeno viral?

Todas estas cuestiones tendrán que ser respondidas por los responsables.

Lo único que puedo constatar es que el sistema ha fallado. Hace tiempo que  del gobierno central no espero nada. Ahora después de casi un mes se declara la situación como asunto de seguridad nacional, y se crea un mando único y se destinan 25 millones de euros de emergencia solo para menores. ¿Y qué quiere decir esto? Que por fin se reconoce oficialmente que hasta ahora Ceuta y Melilla estaban solas gestionando la frontera sur de un continente de 450 millones de personas. Nunca es tarde para que nos miren desde la península y el resto de Europa.

Mientras escribo esto, he oído este miércoles que quedan entre 10.000 y 15.000 personas todavía vagando por Ceuta, y 82 muertos. 82 personas ahogadas en el espigón, la mayoría bajo una montaña humana. Hasta seis días después del 30 de julio, 77 cuerpos seguían en un hangar refrigerado a cinco grados bajo cero esperando ser identificados. Solo seis tenían nombre. Hoy siguen siendo enterrados con un número, orientados hacia La Meca.

No podemos seguir tratando esto como un partido de fútbol entre ministerios. Mientras discutimos quién tuvo el informe y quién no, hay familias buscando a sus hijos en redes sociales y un cementerio que se amplía por tandas.

Melilla vio el espejo ese mismo día. El 30 de julio intentaron entrar 1.323 personas por nuestra valla. 260 se quedaron. Lo dicen los propios guardias civiles: si ha pasado en Ceuta, puede pasar aquí. Y no tenemos dónde meterlos.

La segunda avalancha fue digital. En 25 días desde el 30 de julio se detectaron casi 80.000 mensajes de odio en redes, más de 3.000 al día. El pico más alto del año. Eso también rompe una ciudad que ha sido un crisol de culturas.

Ceuta ya no puede ser el laboratorio y Melilla no puede ser la siguiente.

No pedimos privilegios. Pedimos gestión. Tres cosas concretas y sin ideología:

Primero, un mando único permanente de Frontera Sur, no solo cuando hay muertos.

Segundo, un protocolo de traslado automático y vinculante a Península en 72 horas, financiado al cien por cien por el Estado y por la Unión Europea, con cupos obligatorios. Sin voluntariedad.

Tercero, normalidad en la frontera: una aduana comercial que funcione todos los días con las mismas reglas que entre España y Francia, y un acuerdo de repatriación de menores y de fallecidos con garantías jurídicas, para que nunca más se usen niños o cadáveres como moneda de cambio.

El 30 de julio no fue un problema ceutí. Fue un aviso a España de que su frontera sur no tiene Estado.

Las llamas se están avivando y no arriendo las ganancias.

Si no lo arreglamos ahora, el próximo artículo no será de opinión. Será una necrológica.

 

P.D: Sr. Pedro Sánchez váyase, dé un paso al lado. Como habrá comprobado en sus propias carnes, no lo quieren ni en España ni en Marruecos. Ah, se me olvidaba: sí le quieren los independentistas.

 

Habiba Ismail, Melilla

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