La Semana. MH, 20/04/2026
Por: J.B.
Apenas unos días después de alzar su primer trofeo ATP en Marrakech, Rafa Jódar ha vuelto a encender los focos del tenis español. Con solo 19 años, el madrileño ha irrumpido en la élite con una fuerza arrolladora, recordando a aquellos que, como Nadal o Alcaraz, irrumpieron siendo casi niños. “Ha nacido otra estrella”, se escucha ya en los pasillos del circuito.
Todo empezó en Leganés, en el seno de una familia apasionada por el tenis. Rafael Jódar Camacho (17 de septiembre de 2006) agarró una raqueta por primera vez con apenas cuatro años, bajo la mirada atenta de su padre, Rafael Jódar Sr., quien era, y sigue siendo, su entrenador. A los seis ya entrenaba en el Club de Tenis Chamartín, uno de los templos del tenis español, donde compartió vestuario y sueños con otro talento emergente, Martín Landaluce. Allí, entre pistas de tierra batida y el bullicio de Madrid, se forjó el carácter competitivo y la disciplina que hoy lo distinguen.
Rafa Jódar no es solo una promesa. Es la nueva realidad del tenis español. El prodigio de Chamartín ya está aquí. Y el circuito tiembla
Su progresión fue meteórica desde el circuito juvenil. En 2024, con 17 años, conquistó el título individual del US Open Júnior, derrotando en la final al noruego Nicolai Budkov Kjaer en un épico tercer set. Antes había tumbado a cabezas de serie como Kaylan Bigun y Rei Sakamoto. Ese mismo año brilló en Roehampton y llegó a cuartos en Wimbledon júnior. El mundo del tenis ya murmuraba su nombre.
Tras un breve paso por la Universidad de Virginia en 2024, Jódar tomó la decisión valiente de dejar los estudios para dedicarse al tenis profesional a tiempo completo a finales de 2025. El salto fue inmediato. Comenzó el año 2025 en el puesto 895 del ranking ATP. En solo doce meses escaló más de 700 posiciones gracias a tres títulos Challenger (Hersonissos, Lincoln y Charlottesville) y una progresión imparable en el circuito. En marzo de 2026 ya estaba en el top 100. Hoy, después de sus semifinales en Barcelona, es virtual número 42 del mundo. Es el cuarto mejor español y el más joven del top 60.
Su juego sin defectos es lo que más impresiona a los analistas. Diestro de 1,91 metros, con un drive demoledor y un revés a dos manos sólido como una roca, Jódar no tiene puntos flacos evidentes. Sirve con potencia, se mueve con una agilidad impropia de su estatura y mantiene una concentración férrea en los momentos clave. Inspirado en Nadal —a quien idolatraba de niño—, ha desarrollado un estilo propio: ofensivo pero inteligente, capaz de dominar desde el fondo y cerrar puntos en la red con precisión quirúrgica.
La guinda llegó en el Grand Prix Hassan II de Marrakech, su primer título ATP. Sobre la tierra batida marroquí, Jódar arrasó: superó a rivales experimentados como Dusan Lajovic, Tomas Machac y Camilo Ugo Carabelli, antes de vencer en la final a Marco Trungelliti por un contundente 6-3 y 6-2. Con solo 19 años, se convirtió en el campeón más joven del torneo en mucho tiempo y sumó su primer trofeo del circuito mayor.
Pero la historia no termina ahí. Apenas una semana después, en el Conde de Godó —el torneo que vio nacer a tantas leyendas españolas—, Jódar ha vuelto a deslumbrar. Ha llegado, después de un gran torneo, a las semifinales, con victorias convincentes que le hicieron tener una racha de 8 triunfos consecutivos en tierra hasta perder, el pasado sábado 19, en tres sets en las semifinales ante Arhur Fils. A su edad, solo Rafael Nadal y Carlos Alcaraz habían alcanzado esa ronda en el Godó en este siglo.
Rafa Jódar no es solo una promesa. Es la nueva realidad del tenis español. El prodigio de Chamartín ya está aquí. Y el circuito tiembla.
¿Próximo objetivo? Roland Garros y seguir subiendo. Porque, como dice él mismo con la humildad de los grandes: “El objetivo principal es disfrutar”. Pero el tenis, a veces, sabe reconocer a las estrellas antes de que ellas mismas lo hagan. Y Rafa Jódar ya brilla con luz propia. Mi previsión: llegará este año al top-15.
Hoy Melilla no se pude entender sin MelillaHoy, y viceversa.
41 años de lucha
MelillaHoy cumple, el próximo 21 de abril, 41 años de lucha y esfuerzo, que no tenían (y tienen) otro fin que intentar que nuestra querida ciudad tenga una voz independiente y cercana.
Hoy Melilla no se pude entender sin MelillaHoy, y viceversa. El editor del periódico (un luchador que ama Melilla y que lucha para que sobreviva y mejore, pese a que podría rendirse y decir “esta no es mi lucha/mi problema”) teme por el futuro de Melilla si las cosas no cambian, pero, mientras allá posibilidades y vida, creo que tanto él como MelillaHoy lucharemos y, probablemente (tanto Melilla como MelillaHoy), perviviremos y mejoraremos.
El respeto a los símbolos es sinónimo de convivencia y su vilipendio es signo de totalitarismo (de esto último saben mucho los proetarras y su amigo Sánchez)
Nota: La gran mayoría de españoles (fuesen simpatizantes del Atlético de Madrid o no) iban, en la pasada final de la Copa del Rey, con el equipo madrileño. No era por simpatía (al menos en algunos casos), era por antipatía hacia el otro equipo, o, para ser más precisos, por antipatía hacia su afición y lo que lleva detrás. La cultura del enfrentamiento de Sánchez (“a rio revuelto, ganancia de pescadores”) también gusta a los nacionalistas y/o proetarras vascos, que pitan el himno del que sigue siendo su país y también al que es su Rey (quieran o no). El respeto a los símbolos es sinónimo de convivencia y su vilipendio es signo de totalitarismo (de esto último saben mucho los proetarras y su amigo Sánchez). Los pitos en la final de la Copa: una vergüenza más.



