Al comenzar el año, quiero compartir con los lectores una confesión. Confieso que soy uno de los 8.160.837 españoles que votaron al Partido Popular en las últimas elecciones generales del año 2023. Supongo que a nadie le resultará sorprendente esta confesión, ya que, a pesar de tratarse de un dato secreto (el voto lo es), mi condición de Senador del Partido Popular por Melilla es pública y mi condición de militante del Partido Popular, aunque no pública, es, como consecuencia de lo anterior, lógica.
Esta confesión no resulta, sin embargo, intranscendente, ya que, como consecuencia de la gestión informativa promovida por los Partidos del Gobierno y sus medios de comunicación afines, se pretende y a veces se consigue, responsabilizar al Partido Popular de todos los males de la tierra y hace falta tener las ideas muy claras y los principios muy arraigados para afrontar esta especie de “salida del armario” para reconocer públicamente el posicionamiento personal a favor de esta posición política tan denostada por la opinión publicada por los medios afines al Gobierno, de indiscutible potencia mediática.
Cierto es que la mayor parte de los escándalos políticos de toda índole y naturaleza se vinculan actualmente al Partido Socialista Obrero Español, pero no importa. Para los defensores a toda costa de su imagen, cueste lo que cueste y pase lo que pase, las presuntas irregularidades del Partido en cuya honestidad están dispuestos a creer mucho más allá de lo aparentemente razonable, han de ser acreditadas de manera absolutamente fehaciente y por múltiples vías.
Su predisposición para ampliar de manera ilimitada la presunción de inocencia de ese Partido, del que van desgajando, uno tras otro, individuos concretos que, desde que son identificados como presuntos responsables de delitos concretos muy difíciles de rebatir, se señalan como ajenos al Partido, se percibe como una disposición anímica prácticamente de afinidad próxima a la fe religiosa. El Partido es, por definición, inocente. ¿Cómo no va a serlo si es el Partido al que, por diferentes razones, unas más confesables que otras, se deben?
Ello les conduce y anima a respaldar, casi como si de un mecanismo de repetición automática se tratase, todas y cada una de las acusaciones que los miembros del Gobierno y de los Partidos que le apoyan dirigen, día sí y día también, al principal candidato a desbancarles de la posición política que ocupan, por hacerse, cada día, más evidentes los negativos resultados que su actuación política produce sobre el estado de la convivencia y el bienestar de los españoles.
El Partido Socialista Obrero Español, ante la evolución de los acontecimientos, parece haber entrado en modo electoral y en esa disposición, la divulgación de consignas y su repetición en el ámbito público, tanto por parte de sus representantes más destacados, como por parte de los medios de comunicación públicos que los respaldan, se convierten en martillo dirigido hacia el principal Partido de la oposición, el que con mayor respaldo cuenta por parte de los españoles, el Partido Popular.
Así, durante esta semana, la Ministra Portavoz del Gobierno ha pedido la dimisión del Presidente del principal Partido de la Oposición (no se sabe bien de qué cargo de la administración ya que no ostenta ninguno) por, en su opinión, haber faltado a la verdad al haber enviado a la Jueza que instruye el caso por las consecuencias de la gestión de la DANA en Valencia las comunicaciones que le envió el Presidente de la Comunidad Valenciana el pasado 29 de octubre, en las que éste reconocía que disponía de la Unidad Militar de Emergencias (UME) desde los primeros compases de la gestión de aquella catástrofe.
De igual manera se han pronunciado, de manera sorprendentemente uniforme y agresiva, el Ministro de Política Territorial, la de Ciencia y Universidades, el de Transición Digital y hasta la propia Ministra de Defensa, que debería ajustarse más a la verdad de lo que ocurrió. Pero en esta vorágine del modo electoral, a la que se ha abonado el Partido Socialista, ha optado por convertirse en una activista más, falseando la verdad, que en una Ministra del Gobierno de España, responsable de mantener un rol institucional por el bien del nombre de las Fuerzas Armadas y el bienestar de los españoles, que es su deber más que el de hacer electoralismo permanente para garantizar la permanencia en el Gobierno, a cualquier precio, del Partido Socialista.
Dice la Ministra que el Presidente Feijóo mintió al negar la intervención de las Fuerzas Armadas (incluida la UME) desde el primer momento de la crisis, lo cual no es cierto. Jamás puso en duda la entrega y dedicación de las Fuerzas Armadas sino la cooperación del Gobierno de la nación con el autonómico con aquel “el Ejército no está para todo” de la propia Ministra o el “si necesitan ayuda que la pidan” del Presidente del Gobierno. Nada que ver con las Fuerzas Armadas y su indudable disposición para ayudar a los valencianos en aquella ocasión y al conjunto de los españoles en general.
Mi incorporación al Partido Popular se produjo tras la finalización de mi período de servicio activo de 44 años en las Fuerzas Armadas y se produjo por afinidad psicológica con el mayor número de personas de ese Partido a las que conocía de mi período de servicio activo, aunque, como es natural, trabajé también, sin problema alguno, con los representantes del otro gran Partido que se ha alternado con el Popular en el Gobierno de España, el Partido Socialista.
Hoy, tras casi siete años en la actividad política y muy sorprendido por el grado de animadversión por parte del Partido Socialista hacia los miembros del Partido Popular, a los que considero absolutamente honrados y entregados a la causa del bienestar de los españoles, me ratifico en mi primera percepción de identificarme con aquella afinidad psicológica y confieso mi pertenencia, sin reservas, a este gran grupo humano de servidores genuinos de los intereses de los españoles. Yo sí creo en el Partido Popular.
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