¿Volviendo a las andadas?

Por Francisco Robles

Aunque me gustaría escribir que España va bien –y Melilla-, como lema generalizado de nuestra situación socioeconómica, lo cierto es que sólo puedo hacerlo y con las reservas debidas, refiriéndome a la evolución de la epidemia del Covid-19; y la afirmación se hace más rotunda si nos referimos a su situación en Melilla, que hoy por hoy destaca entre las regiones con mejores datos relativos.

Es cierto que estamos asistiendo a un repunte de infecciones, previsible tras hechos de notable trascendencia epidemiológica, como las recientes grandes citas de movilidad poblacional –tanto local como foránea, por las vacaciones y puentes-, ¡o el cese del uso obligatorio de la mascarilla!; pero aquella afirmación tiene la firme base de que los indicadores (incidencias acumuladas, tasas de hospitalización, porcentajes de ocupación de camas hospitalarias y de U.C.I.,..), no parecen anunciar que la 7ª ola vaya a ser igual o peor a la anterior.
Los españoles vamos normalizando nuestras vidas por fin, con las cuestas que suponen la alta inflación de los precios que hace a unos menos ricos y –lo que es peor- a otros más pobres, lo que desgraciadamente llega a ser insalvable para muchos; y aunque pensando que la epidemia sin irse totalmente, no volverá a tener el papel de macabro protagonista jugado durante dos años, miramos al futuro con otra perspectiva. Ello a pesar de que nuestro ánimo se nubla, cuando seguimos asistiendo a la tragedia de la guerra causada por Rusia al invadir Ucrania, y que nos afecta a todos, y en especial a los europeos.
Volviendo a la pandemia, es unánime y conocido que su control sólo ha sido posible gracias a la vacunación de la población, atrás quedaron el confinamiento y cese de toda la actividad social, obligados ante la carencia de recursos preventivos y asistenciales -más notorias en los centros sanitarios y sociosanitarios-, y que tantas y tan diversas tragedias ocasionó; ya nadie recuerda la nefasta gestión hecha de la epidemia, sucesora de una imprevisión notable, personalizada en los dos tristes personajes que la encarnaron, el ministro Illa y el dr. Simón, que fueron usados como pararrayos político del presidente Sánchez, y por ello uno fue enviado a solucionar lo de Cataluña –que sigue igual o peor-, y el otro -aunque desaparecido de la tv-, mantiene la responsabilidad para la que es manifiesta su inadecuación y/o incapacidad.
En esa línea argumental -la de las vacunas-, nos hallamos en pleno debate de cómo actuar en el futuro a corto y medio plazo, y más en concreto qué va a pasar con la 4ª dosis –la 2ª de recuerdo-; ya se aprobó en enero su uso en los casos recogidos en el grupo 7º –fundamentalmente personas inmunodeprimidas-, y ahora queda la decisión de ir ampliando las indicaciones, en base a la evidencia científica de los estudios sobre el tema.
La Agencia Médica Europea (EMA) como el Centro de enfermedades trasmisibles de Europa (eCDC) manifestaron en abril pasado, que por el momento no estaba indicada ampliar su indicación, sino que había de hacerse grupo a grupo –casi caso a caso-; sobre este tema Israel, que siempre ha ido por delante en esta pandemia, fue de los primeros países que hizo estudios sobre los resultados de aplicar esa 4ª dosis, en dos grupos diferenciados -uno de la población general y otro del personal sanitario-, y con las limitaciones metodológicas existentes, sus resultados no fueron concluyentes, sobre todo en jóvenes.
Lo único cierto es que si bien la incidencia de la infección continúa siendo muy alta en muchos países europeos, no ocurre lo mismo con la de los casos graves –entiéndanse hospitalizaciones, ingresos en UCI o fallecimientos-, y dándose sobre todo éstos en personas mayores de 60 años. Por ello, y aunque no sea urgente, no debería demorarse más allá de junio la decisión de extenderla a los mayores de 80 años, y con el objetivo añadido de revisar la cuestión en octubre, cuando la climatología nos meta en ambientes cerrados y aumenten los procesos de vías respiratorias.
Israel la indicó en diciembre pasado para mayores de 80 años, E.E.U.U. en mayores de 50, Reino Unido en mayores de 75 -estos ingleses siempre diferentes-, y muchos países de Europa lo han hecho ya. Soy amigo de los planes B, por ello sólo cabe pensar en que se esté a la espera de la autorización de las vacunas bivalentes –frente a dos cepas-, pero esto tiene un riesgo: las personas que se quedarán “en tierra de nadie”.
N.A.- En las personas de mayor edad se da la mayor hospitalización, e ingresos en U.C.I. y los fallecimientos, y si la 4ª dosis en su caso mejora –tal vez no significativamente- su inmunidad, evitando por tanto esos ingresos y muertes, ¿porqué de nuevo habrá que pedir explicaciones sobre las muertes de sus allegados o familiares?. Ello solo debería de ser suficiente motivo para aprobarla.

¡No volvamos a las andadas!

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