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Opinión

Verde que te quiero verde

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Melilla ciudad verde

Por: Javier Bocanegra- Presidente de Melilla Con Bici

Recientemente se ha presentado en los medios de comunicación locales todo un alarde tecnológico, concretado hace solo unos días, mediante un proyecto de transformación en los sistemas de producción de energía eléctrica de nuestra ciudad. sin embargo, curiosamente, la contaminación que respiramos, debida a la combustión de miles de toneladas de fuel-oil o gasoil, no ha sido objeto de reproche en esta “representación”, pues nuestros políticos en ningún caso han alzado la voz a pesar de que ellos también hayan sido expuestos. Recuerden, si no, que cerca queda la Delegación del Gobierno o de la CAM el actual “mix energético local”.

Se nos vende ahora una “nueva” forma de generación de energía eléctrica que, si bien “reduce” las emisiones contaminantes en gran medida, esta llega muy tarde, tanto por la necesidad de rebajar de forma inmediata las emisiones de gases de efecto invernadero (algo que no logrará, 29% de reducción de G.E.I. frente al 45% exigido en la AGENDA2030), como por la incidencia en nuestra salud, debido a todas las emisiones que se han vertido al aire durante décadas que nunca han sido justamente valoradas. Ello, a pesar del esfuerzo infructuoso de algunas entidades, donde enfermedades tan graves como ictus, Alzheimer, cáncer, diabetes, colesterol, 101 según algunos estudios, no han tenido ninguna repercusión en los planes de las consejerías locales, a pesar de las advertencias de la siempre infravalorada Organización Mundial de la Salud (OMS): “9 de cada 10 personas respiran aire insalubre en el mundo, lo que supone un 92% de la población mundial”, cifras de las que nuestra ciudad también forma parte.

Resulta sorprendente que la salud pública, en los términos que expongo hoy, nunca haya sido una prioridad de ningún equipo de gobierno pasado, presente o futuro. El gasto sanitario tampoco fue valorado, así como la cantidad de enfermos, dolencias o víctimas mortales provocadas por dicha contaminación en nuestra ciudad.  

Primera víctima mortal

Un tribunal del Reino Unido dictó una sentencia sin precedentes, al reconocer a la primera víctima mortal de la contaminación del aire en el mundo. En su fallo, los jueces determinaron que la polución fue un factor que contribuyó a la muerte prematura de Ella Kissi-Debrah, una niña de 9 años que vivía en Londres y falleció en 2013. Su certificado de defunción es el primero que contempla la contaminación del aire como causa de la muerte, de acuerdo con una información publicada por el periódico ‘The Guardian’. A ninguna autoridad le importó la salud de esta niña, quién sabe la de otros cuantos más tampoco.

Uno de los últimos datos que se tienen señalan que las personas que inhalan las emisiones derivadas del consumo de petróleo durante años sufren un daño severo en su organismo; “el 20% de las muertes prematuras en el mundo se deben a las PM2.5”. Tal vez si esos que nos representan supieran de sus terribles efectos, este artículo no tendría su razón de ser, pero por desgracia nunca ha sido así. Ocho son los millones de fallecidos en todo el mundo, según acaban de calcular las universidades de Harvard, London College y Birminghan. En España se estima que las muertes atribuibles a las PM2.5 llegan a las 44.600. En Melilla estas cifras se desconocen, nunca han formado parte del “discurso local”.

“La quema de combustibles fósiles, en especial carbón, gasolina y fuel-oil, es una fuente principal de partículas suspendidas en el aire y una causa crucial de mortalidad y enfermedades”, afirma un equipo de investigación en el Journal Environmental Research. Si esto es así, habría que preguntarse por qué hemos sido tan complacientes con estas empresas, cómo es posible que los políticos que nos representan tengan a bien ser “facilitadores” de esos lavados de imagen de lobbies energéticos nacionales, cuyos cambios estructurales no se deben a esa “renovada conciencia medioambiental”, como nos quieren hacer creer, sino al cumplimiento de Leyes, cuyas modificaciones y nuevos reglamentos han forzado este cambio de “imagen”, amén de los que están por llegar.  

Debemos ser conscientes del interés oculto que hay detrás del uso de expresiones cuyo único objeto es limpiar una imagen muy deteriorada (greenwashig) por parte de las empresas que nos han colocado en esta situación tan crítica, tanto a nivel medioambiental como energético.  Recuerden si no el Diesel Gate de Volkswagen o el reciente caso del Ad-blue de BMW y de la omnipresente Volkswagen, penada recientemente con una irrisoria multa de mil millones de dólares, sobre una facturación de billones.

Si la nueva conciencia de estas empresas es, como nos quieren hacer creer, de color “verde esperanza”, me pregunto cómo es posible que aún no se hayan realizado planes serios en ahorro y de cambio de modelo de consumo a través de políticas de educación o fomento en las energías renovables, movilidad sostenible, educativa, laboral, vivienda, agua y energía, por parte de estas mismas empresas, así como de las ramplonas instituciones públicas. Parece que su objetivo de “ganar toda la pasta que puedan, cualquiera que sea el precio, en el menor tiempo posible”, sigue primando sobre otros intereses más “actuales”.

Merece la pena señalar el interés machacón por parte no solo de la empresa responsable, sino de los políticos presentes, en la utilización de ciertas expresiones a modo de cliché climático, donde la realidad científica poco importó y sí esas guirnaldas con “ínfulas ecologistas” a los que les obliga la Ley de Transición Energética y de Cambio Climático, mostrando hasta la saciedad que este proyecto (ENDESA la segunda emisora de GEI a nivel nacional en el 2021) presentado como paradigma en la protección y cuidado del medioambiente es, en realidad, “otra cosa”, al entremezclar burlonamente terminología ecologista, como si de un mantra tibetano se tratase, donde lo medioambiental, lo sostenible y lo resiliente, no debería haber tenido cabida, pues el gas que se utilizará en esta “magnífica planta” sigue siendo un derivado del petróleo, con consecuencias de gran calado medioambiental. A saber: “energía fósil”, “contaminante”, “precursora del cambio climático”, “NO renovable” y mucho más perjudicial en materia medioambiental de lo que nos intentan vender, donde las emisiones tanto en el transporte, extracción y mano factura no han sido tomadas en cuenta.

Recientemente un estudio ha encontrado que la “tasa de fuga” de gas ampliamente utilizada en el proceso de producción de gas natural en los Estados Unidos podría ser superior al 2 por ciento. Así, una nueva investigación muestra que la mayor parte del gas en la atmósfera proviene de la industria de los combustibles fósiles en mayor proporción de lo que se pretendía, “una molécula de metano es aproximadamente 90 veces más efectiva para atrapar el calor en la atmósfera que una molécula de dióxido de carbono”. Esta es la otra realidad “climática” que este proyecto no nos mostró.

Yayo Herrero nos dice que “para ser capaces de elegir libremente hace falta conocer las opciones y las consecuencias de cada una de ellas. Hurtarlas convierte la libertad en un simulacro y aplasta la capacidad de imaginar futuros alternativos”. La presentación de este proyecto fue un claro ejemplo.

Si pusieran estos políticos el mismo interés en conocer la situación real de nuestra ciudad en emisiones de efecto invernadero, no solo relativas al cambio climático, sino a la cantidad de gases nocivos para la salud que se vierten de manera consciente cada día, de cada mes, de cada año, tal vez en un ejercicio de responsabilidad rechazarían la propaganda que estas empresas nos venden, pues nunca les ha interesado la salud de los melillenses, más que la cuenta de resultados en la última junta de accionistas.

“Melilla Ciudad Verde”, pequeño eslogan para tamaño cinismo, impropio este de una ciudad con un consumo per/cápita de más de 800 litros de combustible por habitante y año (sin considerar todas las fuentes derivadas del petróleo), para encima no poder ni siquiera alardear de haber aumentado la masa forestal de nuestra ciudad (sumidero de CO2) lo más mínimo, a pesar de las oportunidades que hemos tenido. Al salir de esta reunión, solo les falto salir cogidos de la mano entonando el Cumbayá de camino al restaurante de moda, para mientras nosotros, los ciudadanos de a pie, tras décadas de respirar un aire con toneladas de partículas, dióxido de azufre y óxidos nitrosos hacerles la ola, en agradecimiento por años de servicio a la salud.

No puede extrañarnos este tipo de comportamientos, pues tod@s los grandes timoneles de la economía española han terminado trabajando para los intereses de las eléctricas: Miguel Boyer, Pedro Solbes, Rodrigo Rato, Elena Salgado, Felipe González, Beatriz Corredor, Jordi Sevilla, José María Aznar, Luis de Guindos… la lista es interminable, así es muy difícil proponer un discurso válido en favor de la “salud-social-económica-medioambiental” que retrate a estas empresas de una vez por todas.

Ecologistas en Acción señaló hace años que la central térmica ENDESA MELILLA fue “catalogada” como la séptima más contaminante de Europa, todo un logro que no inquietó a los políticos de épocas pasadas y que ahora, al parecer, nadie tiene interés en reprocharle, al lograr esas grandes inversiones que están por llegar, satisfacer nuestras pobres voluntades. Mientras este nuevo escenario llega, quiero recordar las palabras de Antonio Turiel, para así procurar algo de cordura en esta tragicomedia local. “Si queremos restar capacidad a las crisis que nos están por llegar, debemos ahorrar energía, ser más eficientes y racionar, es decir, lograr cambiar el actual modelo económico (capitalismo)” por otro sostenible, algo que las grandes esferas saben, pero jamás estarán dispuesto a admitir y mucho menos desarrollar, pues agitarían sus “cómodos sillones”.

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