¿Va a ayudar China a Rusia en Ucrania? (Slava Ukraini)

Por Gonzalo Fernández (VISTO DESDE FUERA)

Una de las muchas incógnitas que planean sobre el desarrollo de la invasión rusa a Ucrania, es la posible implicación de China en el conflicto. Diplomáticamente ya lo ha hecho, absteniéndose en las sucesivas votaciones que han tenido lugar en el marco de las Naciones Unidas.

También parece se ha ofrecido como mediador en el conflicto, lo que resulta poco menos que inviable, aunque, si su intervención lograra una pronta solución al mismo, redundaría en su beneficio.

Wang Huiyao, fundador y presidente del Centro para China y la Globalización, escribió en The Times: «Cuanto más dure la guerra, más revitalizará la alianza occidental en torno a la idea de una confrontación basada en valores entre Oriente y Occidente, llevando a Estados Unidos y la Unión Europea a una alineación aún más estrecha mientras aumentan los presupuestos militares en todo el mundo». Obviamente, esa estrecha unión occidental se enfrentaría geopolíticamente a la ‘alianza sin límites´ que, poco antes de empezar la invasión a Ucrania, proclamaban a los cuatro vientos Xi y Putin.

China, hasta el momento, está actuando con la máxima prudencia, manteniendo su apoyo a Rusia, pero evitando la confrontación directa con Occidente. Eric Levitz, de la revista New York, escribió: “el gobierno de Xi ha logrado un cuidadoso equilibrio entre sus objetivos económicos y geopolíticos, proporcionando suficiente apoyo diplomático para mantener su lealtad a Moscú, pero sin proporcionar el tipo de ayuda que le costaría las relaciones comerciales con sus clientes occidentales. Es difícil ver por qué abandonaría esta postura por el bien de Vladimir Putin».

El suministro de material de guerra a Rusia por parte de China sería, con toda probabilidad, una línea roja que a Xi no le conviene cruzar, pero, al mismo tiempo, las relaciones comerciales entre China y Rusia tiene gran importancia en diversas áreas y, en particular, en energéticos y en material militar.

En cuanto al apoyo económico, el premio Novel de economía, Paul Krugman, afirma que “hay límites sobre cuánto China puede ayudar económicamente a Rusia ya que, al empeñarse en debilitar las sanciones impuestas a Rusia por Occidente, China podría arriesgarse a alienar a otras potencias globales

Krugman afirma que China no puede proporcionar a Putin un salvavidas económico y señala diferentes razones.

China, a pesar de ser una potencia económica, no puede suministrar algunas cosas que Rusia necesita, como piezas de repuesto para equipamiento de Occidente y semiconductores de alta gama.

China no está aplicando sanciones a Rusia, pero tampoco se puede arriesgar a provocar el rechazo frontal de corporaciones y particulares de Occidente, lo que ocasionaría la exclusión de sus productos de las cadenas de suministro de estos.

China y Rusia están muy separadas geográficamente. Aunque comparten una enorme frontera, la mayor parte de la economía de Rusia está en la zona europea, al oeste de los Urales, mientras que la mayor parte de la de China está cerca de su costa este. Beijing está a casi 6.000 kilómetros de Moscú, y la única forma práctica de mover cosas a través de esa vasta extensión es a través de líneas férreas que ya están muy ocupadas.

Algunos políticos occidentales citan un posible «arco de autocracia», a similitud del Eje (Alemania, Italia y Japón) de la Segunda Guerra Mundial. Hasta cierto punto, esta alianza ya había sido creada antes de que empezara la invasión a Ucrania. Pero parece sensato afirmar que el objetivo era entonces tan solo crear un frente común ante Estados Unidos. Nunca conformar una alianza integradora, al estilo de la Unión Europea.

Putin es claro que tiene en su mente la idea de recrear la grandeza de la era soviética, pero la economía de China, que era aproximadamente del mismo tamaño que la de Rusia hace 30 años, ahora es 10 veces mayor. En esa supuesta alianza integradora, por tanto, Rusia sería casi un estado cliente chino. Presumiblemente eso no es lo que Putin quiere, con sus sueños imperiales.

Cuando se inauguraron los Juegos Olímpicos de Invierno, el presidente Xi muy probablemente no se imaginaba los problemas que la megalomanía de su invitado de honor, el presidente Putin, iban a crear en el mundo.

Públicamente, Xi y Putin habían prometido que la amistad de sus países «no tenía límites». El líder chino también declaró que no habría «vacilación» en su asociación, y se sumó a las acusaciones de Putin sobre la supuesta traición occidental en Europa.

Antes y poco después de la invasión, Beijing sonó comprensivo con las demandas de seguridad de Moscú, burlándose de las advertencias occidentales sobre la amenaza de guerra y acusando a Estados Unidos de incitar a Rusia. Sin embargo, en las últimas semanas, China ha tratado de alejarse ligeramente de Rusia.

Paul Haenle, ex director de China en el Consejo de Seguridad Nacional de Estados Unidos dijo, al referirse a la posibilidad de que Xi hubiera estado al tanto de los planes de Rusia para invadir Ucrania: «está condenado si lo sabía, y maldito si no lo sabía. Si él lo sabía y no lo dijo, es cómplice; si Putin no se lo dijo, es una afrenta».

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