Una nueva Promesa sin Jesús Delgado

Sorprendente la declaración del consejero de -nada menos- Infraestructuras, Urbanismo y Deportes, de mostrarse, ahora, a favor de que se celebre otra reunión de la sociedad pública Promesa para debatir la más que justificada petición de cese del tránsfuga presidente de la entidad, Jesús Delgado Aboy.

Más vale tarde que nunca, es cierto, y hay que alabar la nueva decisión de Rachid Bussián, miembro de CpM -partido al que él aspira presidir en las elecciones locales de mayo 2023- aunque no deja de sorprender su cambio de posición, sobre todo teniendo en cuenta que Bussián fue uno de los miembros del Consejo de Administración de Promesa que, junto con Emilio Guerra -quién le ha visto y quién le ve ahora-, Paqui Maeso y Mohamed Mohand delegaron su voto en el tránsfuga Jesús Delgado, un político expulsado de Vox, por cuyo partido se presentó a las elecciones locales de 1989 y bajo cuyo paraguas consiguió ser diputado de la Asamblea de la Ciudad Autónoma de Melilla. Delgado fue obligado a hacer el ridículo -una vez más- de votarse a sí mismo y ese ridículo lo hizo muy bien, de momento y como era de esperar.
Promesa no pasa de eso, de promesa, porque su eficacia es notoriamente muy escasa, con los escasos recursos que se le asignan, con una burocracia muy pesada y un presidente económicamente ignorante e incompetente cuya presidencia de Promesa causa vergüenza ajena y cuyo mantenimiento en el puesto debería avergonzar especialmente al PSOE de Gloria Rojas -que votó en contra de Delgado cuando éste fue nombrado por primera vez presidente de la sociedad pública-, al PP de Juan José Imbroda -que se abstuvo en esa primera votación, aunque ahora ha pedido su cese- y a la CpM de Mustafa Aberchán -que mantiene en Promesa a un manifiesto incompetente e ignorante de economía que además es diputado gracias a un partido al que CpM considera enemigo absoluto y un gran peligro para Melilla.
Cualquier Gobierno de Melilla que utilizara bien Promesa -como han hecho y siguen haciendo en Ceuta con Procesa- se beneficiaría de ese buen uso, un buen uso que Melilla y su economía necesita desesperadamente.
Es de esperar que la buena idea de Bussián se materialice en el hecho de cesar a Jesús Delgado y que alguien preparado y que sepa de economía privada, de creación de riqueza, sea el nuevo presidente de Promesa. De una nueva Promesa -imposible con Delgado presidiéndola- cualquier Gobierno podría obtener y vender sus buenos resultados, beneficiándose legítimamente de esos buenos resultados y del aumento del nivel de vida de los melillenses que una nueva Promesa, convertida en realidad, habría logrado.

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