Una forma de secuestro legalizado está siendo empleado cada vez con más frecuencia en las relaciones internacionales.

Gran capitán

Por Gonzalo Fernández

En Venezuela

El caso más reciente ha tenido como escenario Venezuela, donde cinco empresarios americanos han sido sacados de su arresto domiciliario y enviados a prisión, como consecuencia de la extradición a Estados Unidos de un aliado financiero clave del presidente de Venezuela, Nicolás Maduro. Esta forma de presión internacional es un instrumento muy poderoso en manos de aquellos para los que la ley o el derecho son inconvenientes que deben ser sorteados cuando incomodan, o utilizados cuando así conviene.

Alex Saab, es un empresario colombiano que está acusado en Estados Unidos de desviar millones de dólares de programas destinados a ayudar a los necesitados en Venezuela y que se encontraba huido en Cabo Verde, desde donde fue extraditado para ser juzgado por delitos de lavado de dinero en los Estados Unidos.

Saab llevaba detenido más de un año apurando el sistema legal para evitar su extradición, alegando un estatus diplomático esgrimido por Venezuela, pero negado por Costa Verde. Su extradición lo convierte en uno de los partidarios de más alto rango de Maduro en ser detenido en los Estado Unidos.

Horas después de que Saab fuera extraditado, cinco ejecutivos americanos que trabajaron para Citgo Petroleum, una subsidiaria con sede en Houston de dicha compañía petrolera estatal, fueron sacados de sus casas, donde cumplían arresto domiciliario desde 2017 por un presunto delito de corrupción, y enviados de vuelta a prisión

Esa no fua la única respuesta a la extradición del aliado de Maduro, sino que el gobierno venezolano también se retiró de las negociaciones que estaban llevando a cabo con la oposición para tratar de garantizar unas próximas elecciones justas. 

Los cargos contra Saab son consecuencia de su participación en un programa gubernamental destinado a facilitar alimentos a los pobres venezolanos. Al parecer, Saab y su socio sobornaron a elementos del gobierno venezolano para que les adjudicaran dicho programa, proporcionando después tan solo una parte de los alimentos, o de peor calidad, y quedándose con el resto del dinero.

En China

Meng Wanzhou, ciudadana china, hija del fundador de Huawei e importante ejecutiva de dicha empresa, un gran gigante tecnológico chino, se encontraba desde hace más de dos años en libertad bajo fianza en una lujosa villa en Canadá, siguiendo el proceso judicial necesario para tratar de evitar su extradición a los Estados Unidos, acusada de engañar al banco HSBC sobre los negocios de Huawei con Irán. 

El 19 de septiembre Meng Wanzhou firmó una declaración en la que reconoció prácticamente todos los hechos de que se le acusaban pero sin admitir culpabilidad. Con ello, las autoridades estadounidenses pensaron que tenían suficiente información para sustentar su caso contra Huawei, por aspectos no relacionados con los hechos anteriormente señalados pero muy importantes para la seguridad nacional de los Estados Unidos. Además, se libraban de un incómodo problema que tensaba las relaciones con China.

El 24 de septiembre Meng volaba de regreso a China donde fue recibida con todos los honores. Ese mismo día, dos canadienses que estaban en prisión en China por supuestos cargos de espionaje, muy posiblemente falsos ya que siguieron a la detención de Meng en Canadá, fueron puestos en libertad, así como una joven pareja estadounidense de origen chino, que había sido retenida, durante tres años, por supuestos delitos políticos de su padre, buscado por las autoridades chinas. 

El recibimiento a Meng a China dejó aún más claro que el gobierno chino está detrás de Huawei, como lo está de todas las empresas importantes en China, dejando claro que está justificado el temor de varios países occidentales, de que la implantación de Huawei en redes sensibles pueda ser un conducto para que la inteligencia china pueda acceder a esas redes.

El aterrizaje fue cubierto en vivo por la televisión estatal y el Diario del Pueblo lo llamó una «gloriosa victoria para el pueblo chino» que allanaría el camino para otras victorias. 

Estos intercambios suponen un gran éxito de la «diplomacia de rehenes» de China y una gran amenaza para el futuro. Es sabido que los países occidentales niegan la posibilidad de realizar cualquier tipo de negociación con organizaciones terroristas, pero no está definido cómo tratar con los países que no respetan la ley de sus propios países y la usan para realizar un chantaje político. 

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