Tramposos (y tramposas)

En 1959 Pedro Lazaga dirigió una de las comedias más divertidas del cine español, “Los tramposos”, un homenaje a la picaresca con actores como Tony Leblanc, Antonio Ozores y Conchita Velasco.

La escena más recordada es aquella en que Leblanc y Ozores le dan el timo de la estampita a un paleto, en las inmediaciones de la estación de Atocha. Hoy el timo sigue en activo, pero a escala colosal y protagonizado por el mismísimo Gobierno, gracias al peso indecente del sector público en la economía.
El ejemplo más claro se produce con el Impuesto sobre la Renta de las Personas Físicas, el IRPF. Basta ponerse en la piel de un contribuyente al que apliquen una tarifa del 30 por 100. Con una inflación del nueve por ciento, el valor real de sus ingresos se reduce al 91 por 100, pero Hacienda no deflacta la tarifa y le sigue cobrando 30, que en realidad equivale ahora al 33 por 100. Es una subida de impuestos al margen del espíritu de la Ley y que castiga a todos. A la pérdida de poder adquisitivo que supone la inflación, se suma el hachazo fiscal. Una inflación del 9 equivale por tanto al 12.
La víctima no es ahora un paleto desprevenido, sino millones de contribuyentes, con la llamada ministra de Hacienda, doctora Montero, en el papel de Tony Leblanc y el todavía presidente Pedro Sánchez en el de Antonio Ozores.
No es el único timo en vigor. También nos están dando el “toco mocho”, a cuenta del recibo de la luz. Los gobernantes que tenemos habían asegurado que gracias a la ”isla ibérica” del gas pagaríamos menos, del orden del 15 al 20 por ciento. Lo cierto, sin embargo, es que, desde que entró en vigor, el megavatio no para de subir y sobre todo resulta que la diferencia entre el precio artificial de 40 euros y el de mercado se paga a diario. La consecuencia es que la mayoría de los usuarios, tanto particulares como empresas, que tienen una tarifa libre, pagarán más en sus recibos a partir de ahora mismo. La minoría del mercado regulado tampoco está claro que vayan a pagar menos, si el precio del gas natural sigue con tendencia al alza. La autora del timo es, en este caso, la vicepresidenta Teresa Ribera.
Con la gasolina otro tanto, que podría equipararse al timo del “nazareno”. Vendieron que la subida del combustible quedaría neutralizada por una subvención de 20 céntimos por litro, pero tres meses después el coste real de la gasolina y el gasóleo es superior. Su precio sube a diario.
No hay que olvidar a los trileros: ¡la bolita, la bolita!, ¿dónde está la bolita? La competencia entre los ministros y las ministras para hacerse con el título es muy intensa, aunque van en cabeza la vicepresidenta primera, “Nada” Calviño, y el titular de Asuntos Exteriores, José Manuel Albares, conocido entre los diplomáticos como “Napoleonchu” y calificado de pirómano por el Gobierno argelino. La Calviño imputó las malas relaciones con Argelia a ¡Putin!, como si el acercamiento de Sánchez a Marruecos en la cuestión del Sáhara no tuviera importancia. Albares se fue de excursión a Bruselas y después de obtener un apoyo meramente formal de la Comisión europea sostuvo que Argelia “reculaba” en su ruptura con España. La respuesta de Argel llegó en muy pocos días: el ministro descalificado y acuerdos económicos con Italia y Francia.
La trilera permanente, no obstante, es la ministra portavoz, Isabel Rodríguez, cuya credibilidad ha quedado reducida a cero. El accesit es para la titular de Sanidad, Carolina Darias, cuyo anuncio de una cuarta dosis de vacuna fue puesto en cuestión a las pocas horas.
Es coherente con semejante panorama que Sánchez continue aplicando la política nazi de propaganda: ni un solo comentario sobre cuestiones negativas y sólo actividades que supone positivas. Esta semana se hizo una foto con Barack Obama, hizo de guía turístico en el palacio de la Moncloa, para el documental “Sánchez, ese hombre”, y mantuvo a los periodistas a distancia para que no le preguntaran sobre Argelia, crisis de la que todavía no ha dicho una sola palabra.
Siempre le quedará Zapatero, con su elogio de los presidentes socialistas andaluces condenados por el fraude de los ERE. Políticos “honestos”, según el “bobo solemne” -definición de Mariano Rajoy-, y que repitió el pobre candidato Espadas.
No vamos bien, pero ¡y lo que nos divertimos!. Como decía un personaje de Gila: me habéis matado a un hijo, ¡pero y lo que me he reído!

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